La aclamada actriz mexicana Marina de Tavira ha protagonizado recientemente en Contemporánea Condeduque, Madrid, la obra “Antígona González”. Con motivo de este estreno, la intérprete reflexiona sobre el mito como herramienta política, el teatro como responsabilidad ética y la urgencia de nombrar a los desaparecidos desde la escena contemporánea. Un montaje que llega envuelto en una densidad historiográfica y simbólica que desborda lo estrictamente teatral.
No se trata solo de una obra que cruza el Atlántico, sino de una pregunta ética puesta en escena: una relectura del mito clásico desde una herida contemporánea que sigue supurando. A partir del poema escénico de la escritora mexicana Sara Uribe, la figura de Antígona reaparece despojada de solemnidad arqueológica para encarnarse en una realidad marcada por la desaparición forzada, el duelo suspendido y la obstinación de quienes se niegan a olvidar.
Esta versión no pretende actualizar el mito, sino devolverle su filo político. Antígona vuelve a ser la figura que se enfrenta al Estado cuando este decide quién merece ser llorado y quién debe permanecer enterrado en el silencio. En esa tensión entre ley y ética, la obra encuentra su núcleo y desplaza el foco hacia las mujeres que hoy, en México y en otros territorios, sostienen la búsqueda de los ausentes como un acto de resistencia cotidiana.
La puesta en escena articula un lenguaje sobrio y profundamente simbólico, donde el bordado —acción colectiva ligada históricamente al cuidado— se transforma en gesto escénico y en archivo vivo: coser nombres, insistir en el trazo, bordar contra la desaparición.
En esta entrevista, la actriz y creadora reflexiona sobre su vínculo vital con Antígona, el teatro como espacio de responsabilidad y la necesidad de crear obras que no tranquilicen, sino que incomoden. Un diálogo que no habla solo de teatro, sino de por qué seguir haciendo arte cuando el mundo duele.