El nudismo más transgresor hastiado de playas y parques proscritos se sienta en las butacas de los cines
El nudismo llega a las salas de cine y es curioso que siempre nos sintamos orgullosos y vanagloriados de vestimentas cuando hemos venido al mundo desnudos. Nacemos desnudos y morimos desnudos porque la muerte implica per se un desapego con todo lo material, lo superfluo, por mucho que los egipcios hayan llenado de emolumentos las tumbas de sus faraones y las grandes marcas contemporáneas se empecinen en vestirnos y someternos según nuestra clase social. La desnudez física nada tiene que ver con la desnudez existencial o quizás debamos vestirnos para disimular ese vacío existencialista. Cuando te toca partir da igual si eres un multimillonario del Primer Mundo o pides limosnas en las calles de Calcuta. La cuestión es que los cines Girona en Barcelona acogieron este pasado domingo el primer pase de cine para público nudista de España, una iniciativa que se replicó simultáneamente en salas de Madrid y Valencia para romper los tabús en torno a la desnudez.









