El maestro italiano Riccardo Muti será el encargado de llevar la batuta en esta edición -la séptima que dirige-, y de inaugurar con la Filarmónica de Viena el año que conmemora el bicentenario del nacimiento de Johann Strauss hijo.
Muti, de 83 años, celebrará medio siglo de colaboración con la Filarmónica y dirigirá el histórico momento en el que, por primera vez, una compositora contemporánea de Strauss suene en el repertorio del concierto de música clásica más seguido del mundo.
Constanze Geiger fue una violinista y compositora vienesa del siglo XIX cuyas obras han comenzado a redescubrirse en los últimos años. A los 18 años, compuso ‘Elisabethen-Vermählungsmarsch’ (Marcha nupcial de Elisabeth), que se interpretó por primera vez el 21 de abril de 1854, dos días antes de la boda del emperador Francisco José con Isabel de Baviera, la futura emperatriz austrohúngara Sisi.
La inclusión de la compositora Constanze Geiger rompe una barrera en un concierto con -hasta ahora- nula presencia femenina, tanto en el podio como en el repertorio.
El concierto que se celebra en la Sala Dorada de la Musikverein, retransmitido por televisión y radio en directo a un centenar de países, nunca ha sido dirigido por una mujer. De hecho, apenas el 15 % de todos los músicos de la orquesta son mujeres, que pudieron incorporarse a la Filarmónica en 1997. El programa del concierto, seguido por millones de personas en todo el mundo, también estará dedicado al 30 aniversario de la adhesión de Austria a la Unión Europea con la interpretación del ‘Transactionen-Walzer’ de Josef Strauss.
Acerca de la Filarmónica de Viena
La historia de la música clásica, además de la de sus compositores, también es la historia de sus intérpretes. Pues sin ellos, solo hay partituras impresas. Silencio. Hay solistas, y por supuesto formaciones sinfónicas o barrocas, que han marcado el curso del sonido hasta alcanzar tal grado de perfección, emoción y de excelencia, que cualquier actuación suya tiene un plus de atractivo en sí misma, independientemente de las obras que aborden.
La Filarmónica de Viena es una de esas orquestas. Con una historia que se remonta a 1842, cuando Otto Nicolai formó lo que llamó una “Academia Filarmónica”, la formación ha sido pulida por titanes como Hans Richter, Gustav Mahler, Weingartner, Furtwängler, Clemens Krauss, por citar a algunos titulares.
“Es una de las más destacadas del mundo”, dijo ya de ella Richard Wagner. Y Richard Strauss atinó aún más: “Todo elogio de ella se convierte en un eufemismo”. De carácter privado, está vinculada a la Orquesta de la Ópera Estatal de Viena en una simbiosis que garantiza la independencia de los músicos y, por lo tanto, su alto nivel artístico.
Tan musculosa como sedosa, tan mórbida como dulce, escuchar a la Filarmónica de Viena, entrar en su fascinante y rico universo sonoro, constituye una experiencia en sí misma. En Sevilla, dirigida por Lorenzo Viotti, director de la Filarmónica de los Países Bajos y una de las jóvenes batutas que están triunfando en el mundo, la Filarmónica de Viena, en un programa ruso y eslavo, aborda La isla de los muertos, perturbador poema sinfónico de Serguéi Rajmáninov, de 1908, que retrata la personalidad angustiada del autor, el Capricho español de Rimski-Kórsakov, de 1887, inspirado por las melodías españolas que escuchó a lo largo de sus viajes como oficial de la Marina rusa y la Séptima Sinfonía de Antonín Dvořák, Op. 70, de 1885, una de sus obras más maduras y profundas.
Más acerca de la Orquesta Filarmónica de Viena: https://www.wienerphilharmoniker.at/en/









