El nuevo montaje lleva la firma dramatúrgica de Eusebio Calonge y la dirección de Paco de La Zaranda, dos nombres indisociables de una poética escénica que ha hecho del riesgo, la aspereza y la lucidez moral su seña de identidad. Sobre el escenario se reúnen Ingrid Magrinyá, Natalia Martínez, Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos, un elenco que encarna cuerpos y voces situados en el límite, personajes que parecen haber sido expulsados del relato oficial de la vida.
La obra se articula en torno a cinco figuras: dos prostitutas, un proxeneta, un exconvicto y un demente de resonancias mitológicas, una suerte de Caronte contemporáneo que observa y acompaña el tránsito de los otros. Son ángeles derribados que arrastran las alas por esquinas anónimas, por portales sin nombre o descampados donde el tiempo parece haberse detenido. Pícaros actuales, acorralados por un destino que conocen de antemano, juegan una partida trucada sabiendo que la derrota es segura. Su conflicto no es material, sino ontológico: la condena de seguir vivos en un mundo que no los quiere.
En Todos los ángeles alzaron el vuelo, La Zaranda propone un desplazamiento poético hacia la periferia de la existencia, hacia ese espacio donde sobreviven los olvidados, los que no cuentan, los que apenas dejan huella. La pieza funciona como una ofrenda a las voces acalladas de la realidad marginal, una liturgia escénica que no busca redención fácil ni consuelo impostado. Sin embargo, el humor —ese humor áspero y desgarrado que caracteriza a la compañía— sigue presente. Un humor que no anestesia, sino que hiere y revela. “El ser humano se ríe para defenderse de lo trágico. Es un acto de resistencia y dignidad frente a lo inevitable”, señala Calonge, poniendo palabras a una ética teatral que ha acompañado a La Zaranda durante casi medio siglo.
La obra es, al mismo tiempo, elegía y celebración. Una pieza que se enfrenta a su tiempo y al tiempo mismo, consciente de la fatalidad que atraviesa a sus personajes, pero abierta aún a la posibilidad del amor y a una esperanza que no se proclama, sino que se insinúa. En ese equilibrio frágil entre la certeza del final y el latido persistente de lo humano, La Zaranda vuelve a demostrar que su teatro no busca respuestas, sino preguntas que incomodan.
Desde la tradición picaresca, la compañía se adentra una vez más en el territorio más hostil de lo cotidiano. Su mirada conjuga realidad y ficción, relato y acción escénica, y abre una grieta por la que se cuela lo poético incluso en los contextos más sórdidos. No hay naturalismo complaciente ni denuncia explícita: hay símbolos, cuerpos cansados y palabras que resuenan como ecos antiguos. El teatro, para La Zaranda, sigue siendo misterio, riesgo y ceremonia.
Con este montaje, la compañía celebra 48 años de presencia ininterrumpida en escenarios de todo el mundo, sosteniendo una forma de entender la escena como acto de entrega hacia quienes no tienen voz. Todos los ángeles alzaron el vuelo, estrenada en marzo de 2025 en el Teatro de Rojas de Toledo, está dedicada a Laura Gómez-Lacueva, actriz fundamental en la historia del grupo, fallecida en 2023. El espectáculo se convierte así también en un gesto de memoria y gratitud, un homenaje cargado de amor que atraviesa la obra de principio a fin.
La producción corre a cargo de La Zaranda en colaboración con el Teatro de Rojas de Toledo y el Teatre Romea, y llega a Madrid como una reafirmación de principios: casi medio siglo después de su nacimiento, la compañía continúa caminando a contracorriente, recordando que el teatro no está para tranquilizar conciencias, sino para iluminar, aunque sea brevemente, las zonas más oscuras de la experiencia humana.









