La propuesta se adentra en un territorio donde música, identidad y comunidad dejan de ser conceptos abstractos para convertirse en experiencia compartida. Ese ruido es un animal se articula como una indagación escénica sobre la necesidad —cada vez más urgente— de espacios donde los cuerpos puedan encontrarse sin mediaciones tecnológicas, abandonarse al ritmo y generar una forma de comunión que no pase por la pantalla. En un tiempo atravesado por la digitalización de los vínculos y la fragmentación de la presencia, la obra plantea una pregunta incómoda y esencial: ¿sigue siendo posible una catarsis colectiva?, ¿puede el teatro asumir hoy ese lugar?, ¿conserva una potencia política real o ha sido absorbido por la lógica del entretenimiento?
La relación entre María Velasco y Cuarta Pared, que comenzó en 2008, alcanza aquí un nuevo grado de madurez. A propuesta de la propia compañía, la autora firma una pieza que reivindica la música como fuerza vital: un elemento que atraviesa, sacude, despierta y obliga a sentir con mayor intensidad y conciencia. No se trata de ilustrar sonidos ni de recrear un evento musical, sino de pensar la música como una arquitectura emocional que sostiene identidades, pertenencias y resistencias.
El elenco está integrado por intérpretes formados en distintas promociones de la escuela de Cuarta Pared. Pertenecen a generaciones diversas y han recorrido trayectorias dispares, pero comparten una misma ética de trabajo y una concepción común del hecho teatral. Ese sustrato compartido se convierte en una herramienta clave para afrontar el desafío que plantea la autora y directora. Junto a ellos, el proyecto cuenta con colaboraciones especialmente relevantes: la dramaturga y directora de escena Ruth Rubio, la coreógrafa y bailarina chilena Javiera Paz, y la intérprete, directora y creadora argentina Marina Otero, cuyas aportaciones amplían el campo estético y conceptual de la propuesta.
Uno de los ejes simbólicos de Ese ruido es un animal remite a la llamada “peste de la danza”, un fenómeno documentado en Europa entre la Edad Media y el Renacimiento, durante el cual grupos enteros de personas bailaban de forma compulsiva hasta el agotamiento extremo o la muerte. La histeria colectiva ha sido señalada como una de las posibles causas de aquellos episodios. Velasco establece un diálogo entre ese impulso ancestral y determinadas formas contemporáneas de socialización, preguntándose si el universo de la rave comparte ese origen irracional, comunitario y desbordado, y si es posible trazar un paralelismo entre aquellas epidemias de movimiento y las actuales búsquedas de trance colectivo.
Lejos de reproducir una rave, la obra propone una suerte de recorrido condensado por la historia de la música y su relación con los movimientos sociales y las formas de pertenencia. Tras la pandemia de la COVID-19, en un contexto donde los espacios de encuentro físico se han vuelto más escasos pero también más necesarios, la pieza observa cómo los cuerpos buscan nuevas vías de contacto, de fusión y de sentido.
La ficción sitúa a un grupo de jóvenes en un festival de música al que acuden con la intención de desconectar del mundo y vivir el presente. Sin embargo, lo que debía ser una experiencia efímera se transforma en un encierro inesperado cuando irrumpe la pandemia y quedan aislados durante semanas. Sin posibilidad de huida, la música se convierte en una presencia constante, casi orgánica, que acompaña el nacimiento de nuevas amistades, la intensificación de los afectos y la aparición de preguntas profundas sobre un futuro incierto. Es una historia sobre crecer en tiempos extraños, cuando el ritmo no se detiene y la incertidumbre marca el compás.
María Velasco, galardonada con el Premio Nacional de Literatura Dramática en 2024, mantiene una colaboración continuada y fértil con Cuarta Pared desde que fue becada en los laboratorios ETC para escribir Günter, un destripador en Viena. Desde entonces ha firmado distintos proyectos vinculados a la compañía, como Gen.Esix (Noche en Blanco 2010), Destino (Territorio Danza, junto a Javier G. Yagüe) o Lo real (2011). Su trayectoria ha sido reconocida en numerosos certámenes y sus obras se han estrenado tanto en teatros públicos como en espacios de referencia del circuito alternativo y en festivales de primer nivel, entre ellos el estreno absoluto de Talaré a los hombres de sobre la faz de la tierra en el 38º Festival de Otoño, precisamente en Cuarta Pared.
Entre los reconocimientos que jalonan su carrera figuran, además del Premio Nacional de Literatura Dramática 2024, el 31º Premio SGAE de Teatro Jardiel Poncela 2022 por Primera sangre, estrenada en el Centro Dramático Nacional; el accésit del certamen Textos Teatrales Marqués de Bradomín por Perros en danza; o la nominación a los Premios Max por Triple Salto, en la categoría de Mejor Espectáculo Revelación. Con Ese ruido es un animal, Velasco reafirma una poética propia que concibe el teatro como lugar de encuentro, de riesgo y de vibración compartida.
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