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Lisi Estarás estrena en Madrid ‘#THISISBEAUTY’: la edad como belleza, cuerpo y pensamiento

Contemporánea Condeduque incorpora a su programación una de esas piezas que no comparecen ante el espectador como mero acontecimiento escénico, sino como una interrogación abierta sobre el cuerpo, la palabra y la posibilidad misma de comunicar. Los días 8 y 9 de mayo, el espacio madrileño acogerá el estreno en Madrid de ‘#THISISBEAUTY’, creación de la coreógrafa, bailarina y performer argentina Lisi Estarás, una figura indispensable para comprender las zonas más vivas, porosas y desobedientes de la danza contemporánea europea.

La obra se presenta como una celebración íntima y, al mismo tiempo, como una operación crítica. Estarás convierte su 50º cumpleaños en materia escénica mediante un solo cuya duración —50 minutos— se articula alrededor de medio centenar de pensamientos. La coincidencia numérica funciona como estructura, pero también como declaración poética: la edad deja de ser un simple dato biográfico para transformarse en arquitectura corporal, mental y verbal. La artista se sitúa en escena como una bailarina de 50 años, plenamente consciente de lo que esa cifra activa en un sistema cultural que continúa administrando la visibilidad femenina desde parámetros de juventud, rendimiento, deseo y desaparición.

Inspirada por la obra de Ludwig Wittgenstein y por otras mujeres de esa misma edad, Estarás levanta una construcción escénica de raíz autobiográfica en la que cuerpo y palabra se disputan el sentido. ‘#THISISBEAUTY’ funciona como un monólogo de danza, pero también como una pequeña máquina filosófica acerca de aquello que el lenguaje logra nombrar y de todo lo que permanece suspendido antes, después o fuera de la frase. El movimiento y la voz no aparecen como aliados dóciles: se contradicen, se empujan, se interrumpen, se rozan. La comunicación emerge entonces como un territorio lleno de grietas, malentendidos, zonas insuficientes y restos imposibles de traducir.

La menopausia, la sexualidad, la discriminación y el lugar de las mujeres consideradas “maduras” en la escena atraviesan la pieza con un humor agudo, lejos de cualquier solemnidad programática. Estarás no convierte esos asuntos en consignas, sino en experiencia encarnada. La obra mezcla danza contemporánea, pensamiento filosófico y una energía próxima al stand-up, aunque su fuerza no reside en la acumulación de géneros, sino en la manera en que los hace chocar. Hay cuerpo, hay voz, hay ironía, hay fragilidad y hay una pregunta que se impone con nitidez: qué entiende una sociedad por belleza cuando el cuerpo femenino abandona el territorio de la obediencia visual.

Nacida en Córdoba, Argentina, en 1971, Lisi Estarás comenzó su formación en danza clásica durante la adolescencia, mientras su biografía todavía parecía repartirse entre la vocación artística y los estudios vinculados al trabajo social. Esa doble raíz resulta decisiva para comprender su lenguaje. Su danza nunca ha tratado el cuerpo como una forma aislada, ornamental o autosuficiente, sino como un organismo atravesado por vínculos, desigualdades, memoria, afectos, humor, comunidad y ruptura.

A comienzos de los años noventa, una beca le permitió trasladarse a Israel, donde estudió en la Rubin Academy of Music and Dance de Jerusalén y más tarde se integró en el entorno de Batsheva Dance Company, en Tel Aviv. Tras esa etapa, se desplazó a Europa y en 1997 inició su relación decisiva con les ballets C de la B, la compañía belga que ha marcado algunas de las mutaciones más fértiles de la danza-teatro contemporánea. Allí se convirtió en una intérprete de referencia dentro de un ecosistema creativo asociado a Alain Platel y Sidi Larbi Cherkaoui.

Su presencia quedó vinculada a obras como ‘Iets op Bach’, ‘Wolf’, ‘VSPRS’, ‘pitié!’, ‘C(H)ŒURS’ y ‘tauberbach’, de Platel, además de ‘Tempus Fugit’, de Cherkaoui. Esa genealogía importa porque sitúa a Estarás en una tradición que no entiende la danza como pureza formal, sino como fricción humana: cuerpos vulnerables, musicalidad quebrada, teatralidad coral, pulsión popular, exceso, ternura, grotesco y comunidad. En el año 2000 participó también en ‘Una vida inútil’, pieza fundacional del colectivo Peeping Tom, y en 2007 presentó ‘Patchagonia’, una de sus primeras grandes coreografías, estrenada en Bruselas en el teatro Les Tanneurs.

Desde entonces, su trabajo ha ido consolidando una escritura propia, marcada por impulsos, asociaciones mentales, interrupciones, acumulaciones de sentido y una relación singular con la palabra. Esa investigación desemboca en el concepto Monkey Mind, una metodología que entiende la mente como un flujo inquieto de imágenes, estímulos, recuerdos, confusiones y afectos que el cuerpo puede traducir sin domesticar. En 2017 fundó MonkeyMind Company, una plataforma belga de danza contemporánea desde la que ha profundizado en una línea inclusiva, interesada en la cinestesia, la empatía, las neuronas espejo, el art brut y el trabajo con intérpretes con y sin discapacidad.

Ese núcleo inclusivo no opera en su obra como adorno moral, sino como una forma de conocimiento. Estarás observa allí donde la norma falla, donde la comunicación se vuelve torpe, donde el gesto revela una inteligencia que el discurso no siempre alcanza. Su escena propone una belleza no normativa: una belleza que piensa desde la diferencia, desde el temblor, desde la edad, desde el deseo que persiste y desde la presencia de cuerpos que se resisten a desaparecer.

Con ‘#THISISBEAUTY’, Contemporánea Condeduque abre en Madrid un espacio para pensar la madurez femenina sin concesiones decorativas. Lisi Estarás no llega como reliquia de una trayectoria internacional, sino como una artista en plena disputa con el presente. A los 50 años, su solo no celebra únicamente una fecha: desmonta una frontera. Y al hacerlo recuerda que la escena sigue siendo uno de los pocos lugares donde una mujer puede convertir su biografía, su voz y su cuerpo en una pregunta pública sobre lo que una época decide llamar belleza.

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