La programación del festival Cuerpo Romo propone un itinerario por distintas sensibilidades coreográficas, desde la experimentación escénica hasta las intervenciones concebidas para espacios abiertos. Durante ambas jornadas, Plaza Matadero reunirá una docena de piezas breves que recurren al formato del solo, el dúo y otras composiciones para establecer una relación directa con los espectadores. La proximidad física y la ausencia de las convenciones habituales de una sala teatral sitúan la propuesta artística en un contexto cotidiano, donde el tránsito de los ciudadanos convive con el lenguaje de la danza.
El viernes 16 de octubre, el programa al aire libre incluirá ‘Strip’, de Fonsi López; ‘Bad dog, not biscuit’, de Boris Orihuela, y ‘Hasta dónde?’, de Sharon Fridman. La actividad continuará el sábado 17 con ‘Acto III’, de Empty Rooms; ‘La peor de todas’, de Inés Narváez (10&10); ‘Y entre otras cosas…’, de Los Innato; ‘Principio de incertidumbre’, de Marina Melero; ‘Cuentas corrientes’, de Jessica Castellón y Boris Orihuela; ‘The falling man’, de Tom Weksler, y ‘Danzas virtuales’, de Mauricio Pérez Fayos. La diversidad de autorías y planteamientos permite reunir diferentes aproximaciones a la escritura coreográfica contemporánea dentro de un mismo espacio de exhibición.
La Nave 11 concentrará las dos creaciones que constituyen una de las principales novedades de esta edición. El viernes 16 se presentará ‘Hope Hunt’, obra de la coreógrafa Oona Doherty interpretada por Sati Veyrunes. La pieza articula recursos procedentes de la danza, el teatro físico y la crítica social para examinar las representaciones de la masculinidad y los mecanismos que intervienen en la construcción de la identidad. Mediante una combinación de gestualidad, expresión verbal y composición sonora, la propuesta interroga los estereotipos asociados al comportamiento y a las formas de representación del cuerpo.
Al día siguiente, Elías Aguirre presentará ‘Aurunca’, una investigación coreográfica inspirada en el concepto de los ‘no lugares’. Desde esa referencia, la obra indaga en los vínculos entre corporalidad, percepción espacial, temporalidad e identidad. El movimiento dialoga con recursos sonoros y lumínicos para configurar una propuesta escénica donde la presencia física del intérprete adquiere una dimensión vinculada a su entorno. Ambos trabajos plantean interrogantes sobre la manera en que los individuos ocupan el espacio y elaboran sus identidades, aunque desarrollan estas cuestiones desde perspectivas artísticas diferenciadas.
La dimensión formativa ocupa también un lugar destacado dentro de Cuerpo Romo. La Nave 16.1 albergará dos clases magistrales y un taller dirigidos a profesionales, concebidos como espacios de investigación práctica e intercambio de herramientas vinculadas a distintos procedimientos de creación. El viernes 16, Sati Veyrunes conducirá una sesión centrada en el universo físico y expresivo de ‘Hope Hunt’. A partir de los principios que articulan la coreografía de Oona Doherty, los participantes podrán trabajar aspectos relacionados con el ritmo, la interpretación y las exigencias corporales de la pieza.
Ese mismo día, Sharon Fridman impartirá una clase dedicada a la técnica INA, una metodología que presta especial atención a la respiración, el contacto y la escucha entre intérpretes. Su práctica busca desarrollar una coordinación colectiva capaz de producir un ritmo común mediante la interacción física y la percepción del otro.
El sábado 17, Marko Fonseca, integrante de Los Innato, dirigirá ‘in-PRACTICAL (Identificación del otro)’, un taller que incorpora referencias de diferentes disciplinas corporales, entre ellas las artes marciales y el jiu-jitsu brasileño. La actividad abordará la confianza mutua, la coordinación y las posibilidades de conexión entre los participantes, situando el contacto físico como herramienta de exploración y aprendizaje.
La voluntad de acercar la danza a públicos diversos encuentra continuidad en las actividades participativas del festival, que incluyen propuestas destinadas a familias y a personas sin formación especializada. ‘Baila el barrio’ propone una introducción práctica a la danza contemporánea mediante ejercicios que combinan movimiento, coordinación, fuerza, flexibilidad y escucha colectiva. Pensado para familias con niños a partir de cinco años, el taller plantea una aproximación espontánea al lenguaje corporal, sin establecer la destreza técnica como condición para participar.
Por su parte, ‘Baby Romo’ está concebido como un entorno de exploración sensorial para bebés acompañados por sus madres y padres. La propuesta invita a habitar libremente un espacio acompañado por las creaciones sonoras de Jorge da Rocha y Eliën, favoreciendo una convivencia en la que música, percepción y movimiento se relacionan de manera espontánea.
La programación incorpora asimismo ‘Open Body Talks’, encuentros participativos conducidos por Elías Aguirre que trasladan el diálogo al terreno de la expresión corporal. Con el acompañamiento musical en directo de Jorge da Rocha, estas sesiones proponen una forma de comunicación colectiva en la que el gesto y la interacción física adquieren protagonismo.
La música tendrá igualmente presencia en las sesiones de ‘JAM profesional’, dirigidas por el DJ y músico Ed Is Dead y Jorge da Rocha. Estos encuentros, de treinta minutos de duración, reunirán a bailarines y músicos invitados para desarrollar intercambios creativos a partir de la improvisación. La ‘JAM para todos’ extenderá esa dinámica al conjunto de los asistentes, que podrán intervenir libremente en una actividad acompañada por actuaciones musicales y sesiones de DJ.
Con esta undécima convocatoria, Cuerpo Romo mantiene una concepción de la danza que desborda la representación escénica tradicional y concede importancia a los procesos de aprendizaje, la improvisación y la implicación del espectador. Su programación sitúa el cuerpo en el centro de una conversación artística que puede desarrollarse tanto sobre un escenario como en una plaza o en un espacio compartido por distintas generaciones. Una perspectiva desde la que la danza deja de pertenecer exclusivamente a quienes la ejecutan profesionalmente y se abre a las múltiples maneras de experimentar, interpretar y habitar el mundo.









