Acercarse a Federico García Lorca mediante la danza exige decidir qué puede expresar un cuerpo cuando la palabra deja de ocupar el primer plano. ‘Llámame Lorca’ parte de esa búsqueda. Manuel Liñán propone una aproximación a la sensibilidad del poeta en la que el movimiento, el cante y la música asumen la tarea de interpretar aquello que permanece vivo en su escritura.
La creación se distancia de la reconstrucción biográfica para explorar un territorio interior. El interés se concentra en los deseos reprimidos, los amores imposibles y la relación con el folclore y la cultura popular. Son materias que permiten leer a Lorca desde conflictos todavía reconocibles: la dificultad de expresar lo que se siente, las restricciones impuestas al deseo y el dolor que acompaña a una existencia cuando no encuentra espacio para manifestarse.
Ese planteamiento orienta la transformación coreográfica. Evocar al poeta supone trabajar con sus símbolos y emociones, trasladarlos a otro lenguaje y examinar qué ocurre cuando adquieren una presencia física. El baile busca aproximarse a su intimidad mediante una elaboración escénica que admite cambios de forma, desplazamientos y nuevas relaciones entre los elementos de su universo.
Granada, Andalucía y lo popular constituyen el fondo cultural de ese encuentro. El flamenco ofrece a Liñán una vía para explorar la proximidad entre poesía y cuerpo: el gesto puede sostener una tensión, el cante prolongar una emoción y la música dar continuidad a aquello que no necesita explicarse discursivamente. La propuesta reúne estos lenguajes para construir una experiencia sensorial alrededor del amor, el deseo y el dolor.
La idea de que «todos somos Lorca», presente en el planteamiento del espectáculo, puede entenderse desde esa dimensión compartida. No implica borrar la singularidad del escritor ni apropiarse de su biografía. Sugiere reconocer en su obra una sensibilidad capaz de conectar con experiencias ajenas, incluso cuando pertenecen a otros tiempos y circunstancias. La vigencia del poeta se plantea así como una relación que debe renovarse en cada interpretación.
Manuel Liñán comparte el escenario con José Maldonado, Raquel Heredia, Irene Morales, Irene Rueda, Susana Sánchez, Rocío Montoya, Cristina Soler, Cristina Aguilera, Noelia Calvo y Anabel Moreno. El montaje cuenta además con la colaboración especial de Curro Albaicín. La amplitud del elenco permite abordar ese imaginario desde una creación colectiva, más allá de la identificación entre un único intérprete y la figura evocada.
La composición musical de José Fermín acompaña el cante de Antonio Campos, Marian Fernández y Fita Heredia. Fermín interpreta también la guitarra, mientras Miguel ‘El Cheyenne’ se ocupa de la percusión y Víctor Guadiana de la instrumentación. La dimensión sonora participa en la construcción de la propuesta junto al baile, integrando distintas formas de aproximarse a la materia poética.
‘Llámame Lorca’ se inscribe en una trayectoria dedicada a investigar las posibilidades expresivas del flamenco. Bailaor, coreógrafo y director, Manuel Liñán ha desarrollado una mirada personal sobre la identidad y la libertad, interrogando los códigos tradicionales desde su propia práctica. Entre sus creaciones figuran ‘Tauro’, ‘Mundo y aparte’, ‘Sinergia’, ‘Nómada’, ‘Reversible’, ‘Baile de autor’ y ‘¡Viva!’. En 2013 recibió el Premio Max al Mejor Intérprete Masculino de Danza y en 2017 obtuvo el Premio Nacional de Danza en la modalidad de Interpretación.
El encuentro con Lorca prolonga esa investigación y le concede un interlocutor cuya obra mantiene una relación profunda con las tensiones entre deseo y prohibición. Llevarlo a escena desde el flamenco supone asumir la responsabilidad de una traducción: decidir qué conservar, qué transformar y cómo evitar que los símbolos pierdan su fuerza al hacerse reconocibles. La propuesta de Liñán sitúa esa tarea en el cuerpo. Allí, la poesía puede encontrar otra duración, otra intensidad y una forma distinta de dirigirse al espectador. Su interés reside en abrir ese intercambio, en permitir que el legado lorquiano siga produciendo preguntas en lugar de quedar fijado como una imagen que únicamente exige admiración.









