El espectáculo, integrado en la programación del Festival de las Estrellas 2026, plantea un viaje escénico por la vida y el legado del intérprete a través del flamenco, la música en directo y una puesta en escena que entrelaza danza, teatro y poesía. Desde la mirada estética de la compañía, la obra revisita la figura de Miguel de Molina con un enfoque contemporáneo que, sin abandonar la raíz flamenca, vuelve a situar su universo artístico en diálogo con el presente.
La dramaturgia recupera la trayectoria de Miguel Frías de Molina, un intérprete que transformó la canción española con un estilo personalísimo y una concepción escénica que rompía moldes. Su manera de cantar, de vestirse y de ocupar el escenario convirtió cada aparición pública en un acontecimiento artístico que definió una época.
En el montaje, Antonio de Verónica encarna al propio Miguel de Molina, reconstruyendo su imaginario artístico desde el baile flamenco. Por su parte, Saray Cortés da vida a algunos de los personajes fundamentales de su trayectoria, entre ellos la célebre cupletista Concha Piquer, además de asumir diversos pasajes coreográficos inspirados en el repertorio del artista.
El espectáculo recorre varias de las coplas más representativas asociadas al cantante, reinterpretadas y adaptadas a diferentes palos flamencos. La dramaturgia incorpora también referencias a figuras esenciales de su entorno cultural, como el poeta Federico García Lorca, cuya poesía aparece integrada en distintos momentos de la propuesta escénica.
Con Entre dos orillas, una vida bailada, la compañía rinde homenaje a un creador irrepetible cuya influencia continúa resonando en la cultura española. El espectáculo no se limita a recordar su legado artístico: también recupera la dimensión humana y simbólica de un intérprete que desafió las convenciones de su tiempo.
La figura de Miguel de Molina trasciende el ámbito musical. Perseguido, censurado y finalmente obligado al exilio por su manera de entender el arte y la vida, el artista malagueño terminó convirtiéndose en un símbolo de libertad en un contexto histórico marcado por la represión.
Con el paso de las décadas, su legado ha sido reivindicado como el de una figura clave de la diversidad cultural y un referente histórico para el colectivo LGTBIQ+. Desde esa perspectiva, la propuesta escénica de Antonio de Verónica y Saray Cortés busca reivindicar precisamente la valentía y la libertad creativa que definieron al artista.
El bailaor Antonio de Verónica, nacido en Málaga, inició su relación con el flamenco desde muy pequeño en el seno de una familia profundamente vinculada a este arte. Su padre formó parte de los coros que acompañaban a Camarón de la Isla durante sus giras, una influencia temprana que marcó el rumbo artístico del bailaor. Con apenas siete años comenzó a actuar en teatros de la provincia malagueña, iniciando una carrera marcada por la pasión flamenca y un estilo propio.
Por su parte, Saray Cortés, nacida en Barcelona, creció rodeada de flamenco gracias a su madre, la reconocida bailaora La Salinera. Comenzó a bailar a los cinco años y desarrolló una intensa formación en flamenco, danza española y ballet. Más adelante amplió su aprendizaje en Sevilla junto a maestros como Manuel Betanzos y Soraya Clavijo, consolidando una trayectoria caracterizada por la fuerza expresiva y el rigor técnico.
A lo largo de sus carreras, ambos artistas han compartido escenario con figuras destacadas del flamenco y de la música española, entre ellas Farruquito, Estrella Morente y Antonio Banderas. Estas colaboraciones han contribuido a consolidar un lenguaje propio dentro del flamenco contemporáneo.
Con Entre dos orillas, una vida bailada, Antonio de Verónica y Saray Cortés proponen así un encuentro entre memoria y escenario: un gesto artístico que rescata la figura de Miguel de Molina para devolverla al presente a través del baile, la música y la emoción flamenca.









