La propuesta reúne de nuevo dos sensibilidades fundamentales de La Zaranda, una de las compañías esenciales de la dramaturgia contemporánea española. Paco de La Zaranda asume la dirección escénica y Eusebio Calonge firma un texto atravesado por la poesía, la intemperie moral y una conciencia crítica del presente. En esta ocasión, ambos articulan una fábula sombría, irónica y profundamente humana sobre el agotamiento de una civilización que parece avanzar hacia su propio apagón.
‘Quien sea llega tarde’ sitúa al espectador ante dos mujeres instaladas en una realidad precaria. Sus vidas transcurren aferradas a empleos inútiles, rutinas sin sentido y una supervivencia casi mecánica, como si el mundo hubiera dejado de ofrecerles una promesa reconocible. Sobre ellas planea la amenaza de un apagón tecnológico, pero la oscuridad que anuncia la obra rebasa lo eléctrico o lo digital. Ese corte de luz funciona como síntoma de un deterioro más amplio: la pérdida de horizonte, el empobrecimiento de la experiencia humana y el cansancio de una cultura occidental que ha convertido el progreso en una maquinaria incapaz de consolar a quienes quedan en sus márgenes.
La pieza se mueve en el territorio de la distopía, aunque evita el recurso fácil del espectáculo apocalíptico. Su fuerza procede de una materia más íntima: el desgaste de dos cuerpos, dos conciencias y dos destinos que resisten en medio de una vida disminuida. Estas mujeres podrían quedar reducidas al derrumbe, a la espera pasiva de un final anunciado, pero Calonge y Paco de La Zaranda desplazan el centro del relato hacia una pregunta más incómoda: qué queda del ser humano cuando todo parece haber perdido utilidad, sentido o luz.
La respuesta aparece en la imaginación. Las protagonistas se rebelan con las únicas armas disponibles: el humor, la belleza, la invención y la capacidad de seguir soñando incluso cuando el entorno insiste en clausurar cualquier porvenir. Esa dimensión convierte la obra en algo más complejo que una elegía sobre el fin de Occidente. ‘Quien sea llega tarde’ habla del ocaso, pero también de los pequeños resplandores que sobreviven dentro de la noche. Habla de la precariedad, pero también de la fantasía como forma de abrigo. Habla de la ruina, pero coloca en el centro la obstinación de quienes aún pueden imaginar.
Eusebio Calonge ha señalado que la obra busca generar “destellos” capaces de permitir el avance en tiempos de incertidumbre. Esa idea condensa la respiración interna del montaje. Frente a una época marcada por el apagamiento de las promesas colectivas, la pieza propone una luz frágil, casi mínima, pero suficiente para que los personajes continúen. El teatro aparece entonces como un lugar de resistencia moral: un espacio donde la oscuridad puede ser nombrada sin que la palabra se convierta en rendición.
Paula Ransenberg y Nayla Pose encarnan a esas dos mujeres que habitan los bordes de una sociedad en decadencia. Su presencia escénica sostiene el pulso de un relato construido desde la fragilidad, la ironía y una extraña ternura hacia los seres derrotados. En ellas se concentra una condición elegíaca: parecen hijas de promesas incumplidas, criaturas que han endurecido el corazón para atravesar la carencia, pero que todavía conservan una grieta abierta hacia el deseo, la risa y el delirio imaginativo.
La llegada de esta producción a Teatros del Canal posee además un valor singular. La obra forma parte de una colaboración con Teatro Picadero de Buenos Aires y se inscribe en Canal Hispanidad, ciclo que refuerza el diálogo cultural entre España y los países iberoamericanos. Ese marco resulta especialmente pertinente para una pieza que, desde una escritura española y una producción argentina, reflexiona sobre un malestar compartido: la sensación de vivir en una época que ha multiplicado sus avances técnicos mientras ha debilitado sus certezas humanas.
El montaje constituye también un hito dentro del recorrido de Eusebio Calonge, al tratarse de la primera vez que uno de sus textos se estrena fuera de España antes de llegar a los escenarios españoles. Bajo la dirección de Paco de La Zaranda, esa circunstancia adquiere una dimensión simbólica: el teatro viaja, se desplaza, cruza geografías y vuelve cargado de nuevas resonancias, como si el propio idioma escénico encontrara en Iberoamérica otra manera de interrogar el presente.
‘Quien sea llega tarde’ llega a Madrid como una obra sobre la demora, la pérdida y la supervivencia. Su título contiene una advertencia y una condena: quizá todos llegamos tarde a algún lugar, a una promesa, a una época, a una forma más digna de habitar el mundo. Sin embargo, la pieza parece sugerir que incluso en ese retraso queda una posibilidad de belleza. En medio del apagón, dos mujeres imaginan. Y mientras imaginan, el teatro vuelve a encender, aunque sea por un instante, una luz humana.









