La edición de 2026 llega marcada por una ambición clara: defender la ópera de cámara como un espacio de experimentación y, al mismo tiempo, como una vía de acceso para nuevos públicos. Frente al gran formato asociado históricamente al género, Ópera a Quemarropa apuesta por la escala íntima, por la cercanía de los intérpretes, por la circulación entre municipios y por la colaboración con instituciones de referencia. La red de alianzas con el Gran Teatre del Liceu, el Teatro de la Maestranza y Ópera de Tenerife refuerza ese posicionamiento. Madrid aparece aquí como enclave activo de creación, coproducción y circulación de una ópera contemporánea que entiende la tradición como punto de partida, no como límite.
El festival arrancará con Svadba. Una boda, de la compositora serbia Ana Sokolović, que podrá verse el 3 de julio en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial y el 4 de julio en el Teatro Real Carlos III de Aranjuez. La obra, escrita a partir de poesía serbia original, propone una ópera a capela interpretada por seis personajes femeninos. Su interés reside en la construcción coral de una intimidad compartida: la noche previa a una boda se define como espacio ritual, cámara de resonancia afectiva y territorio donde el folclore actúa como memoria sonora de una comunidad.
La tecnología ocupará un lugar central con Klara, que se presentará el 3 de julio en el Teatro Real Carlos III de Aranjuez. Compuesta por Pedro Halffter, quien interpreta al piano su propia música junto a Juan Carlos Garvayo, la obra sitúa en escena a un robot de última generación, encarnado por la soprano estadounidense Vanessa Goikoetxea como única intérprete. La propuesta articula haikus, inteligencia artificial y pensamiento musical para abordar una de las tensiones decisivas de nuestro tiempo: la relación entre conciencia, máquina, lenguaje y sensibilidad. En Klara, la pregunta tecnológica se desplaza hacia una zona más inquietante que la mera fascinación por el futuro. La escena interroga qué queda de lo humano cuando la emoción empieza a dialogar con dispositivos capaces de imitar, responder o acompañar.
La dimensión patrimonial llegará con Pericca e Varrone, de Alessandro Scarlatti, programada el 10 de julio en Aranjuez y el 11 de julio en San Lorenzo de El Escorial. La obra procede del intermedio cómico de la ópera seria Scipione nelle Spagne, estrenada en Nápoles en 1714, y será interpretada por el grupo La Madrileña, dirigido por José Antonio Montaño, con instrumentos de época. La propuesta escénica lleva la firma de Ignacio García. En este caso, el festival recupera una forma breve del barroco que permite observar cómo la ópera también se construyó desde la ironía, la agilidad teatral y el pulso popular. La recuperación patrimonial deja de operar como gesto arqueológico y proyecta sobre el presente una zona menos monumental y más viva del repertorio histórico.
Uno de los focos más llamativos de esta edición será Estètica i massacre, que se verá el 10 de julio en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. La obra, compuesta por Carles Prat y nacida del programa Òh!pera del Gran Teatre del Liceu, cuenta con libreto de Carlota Gurt y dirección escénica de Oriol Pla. La presencia del actor, que asume aquí una responsabilidad escénica dentro del terreno operístico, incorpora una lectura singular sobre los códigos contemporáneos de belleza, exposición y sometimiento visual. La sátira sobre la tiranía de los cánones estéticos entre mujeres y hombres permite pensar la ópera como un dispositivo crítico ante una época obsesionada con la imagen, la apariencia corregida y la violencia blanda de la perfección.
El estreno mundial de La clausura del amor será otro de los momentos principales del festival. La obra se presentará el 17 de julio en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial y tendrá una segunda función el 18 de julio en el Teatro Real Carlos III de Aranjuez. Basada en el texto de Pascal Rambert, con música de Reyes Oteo, dirección escénica de Ricardo Campelo Parabavides y dirección musical de Bauti Carmena, la pieza traslada al ámbito operístico una materia dramática de enorme intensidad: el final de una relación, la palabra como campo de batalla y la intimidad transformada en ceremonia de ruptura. La ópera de cámara encuentra aquí un territorio idóneo, porque permite que la emoción permanezca concentrada en la voz, el gesto y la herida.
La programación se cerrará con La Plaza. Tercera edición, proyecto colectivo desarrollado en residencia en el Centro Cultural Paco Rabal y presentado el 18 de julio en la plaza de los Santos Niños de Alcalá de Henares, en colaboración con la Escuela Superior de Canto. Esta propuesta site-specific desplaza la ópera fuera de sus espacios habituales y la sitúa en contacto directo con el público. Artistas procedentes del canto, la performance, la composición y la interpretación instrumental trabajan una pieza concebida para un espacio rodeado de espectadores. La plaza se despliega así como escenario y como declaración de principios: la ópera puede salir del templo, abandonar la distancia reverencial y ensayar nuevas formas de presencia comunitaria.
Como antesala del festival, la Sala Alcalá 31 acogió el 21 de mayo el Espacio de Pensamiento El futuro es ahora, una jornada dedicada a reflexionar sobre la situación actual de la ópera de cámara y sus modelos de desarrollo. Ese gesto resulta significativo, porque confirma que Ópera a Quemarropa aspira también a pensar el ecosistema que hace posible este tipo de creación: producción, residencia, circulación, archivo, públicos, instituciones y nuevas dramaturgias.
En su tercera edición, Ópera a Quemarropa demuestra que la ópera contemporánea puede sostener una relación fértil entre memoria y futuro. Puede recuperar a Scarlatti, convocar el folclore serbio, dialogar con la inteligencia artificial, abrirse a la sátira estética, estrenar nuevas partituras y ocupar una plaza pública. Su fuerza reside precisamente en esa tensión. La ópera aparece aquí como un arte antiguo que aún conserva una potencia peligrosa: la capacidad de reunir voz, cuerpo, música, palabra y pensamiento para volver a preguntarnos qué clase de presente estamos dispuestos a escuchar.









