¿Cómo se desarrollaron sus caminos vocacionales hasta llegar a convertirse en un referente necesario en la Abogacía contemporánea?
Nunca tuve la suerte de tener clara mi vocación. Antes de ser empresario y abogado, quise ser periodista, juez, diplomático, escritor. Incluso en mi etapa como CEO de Emindset Law, no siempre tuve claro que este fuera mi futuro. Pero todo cambió cuando me alineé con una motivación mayor: ayudar y aportar valor a los demás. Ser el mejor profesional posible, la mejor versión de uno mismo, por beneficio propio y de los otros. Entonces encontré mi vocación: Servir a los demás. Y canalicé esa ayuda a través de los servicios legales, los negocios inmobiliarios, así como un libro y una película de cine que estoy produciendo.
Su trayectoria profesional tiene su culmen en el derecho mercantil ¿Qué le llevó a anclar su carrera en esta rama jurídica y qué permanece hoy de aquellas primeras convicciones?
El despacho está especializado en derecho mercantil, real estate, nuevas tecnologías y entertainment law. Y es así porqué estamos muy cerca de los negocios, de los emprendedores y empresarios que los fundan y que los hacen crecer. Este es el modelo de Emindset Law: ser el partner legal de nuestros clientes, ayudándoles en su día a día y participando en sus decisiones empresariales. Ese mismo ADN ha estado presente desde los inicios: Ser un compañero de viaje para aquellos a los que ayudamos y aportamos valor.
Emindset Law Firm nace con la promesa de unir mentalidad emprendedora y rigor legal con una honestidad jurídica sin fisuras. ¿Cómo recuerda aquel primer impulso fundacional? ¿Cuáles son los principios éticos que vertebran su empresa?
Cuando fundé Emindset Law, sabía que era muy difícil competir con los grandes despachos. No teníamos casi experiencia, dinero, contactos ni grandes oficinas. De hecho, ¡Pintamos nuestras propias oficinas! Decidimos ofrecer lo único que teníamos: Nuestra actitud inquebrantable. Daríamos un servicio mucho más próximo, ágil y pro business. Un modelo que se centrara en las soluciones y no en los problemas, donde el asesor legal es un partner y no un abogado externo al negocio. Y esos mismos valores siguen vertebrando Emindset Law y forman parte de nuestro ADN: Ser el partner legal de nuestros clientes.
España y Andorra se han convertido en sus principales escenarios profesionales. ¿Qué particularidades jurídicas o culturales ha encontrado en ambos territorios que exijan una lectura distinta, casi un doble código de interpretación del derecho mercantil?
Cada país tiene sus propias particularidades. Andorra es más pequeña, próxima. Hay acceso directo con todas las Administraciones. Es mucho más relacional. También tiene menos base legal y es más jurisprudencial. Es compleja operativamente, sin duda. Y ser andorrano te hace la vida más fácil.
España tiene una mayor complejidad jurídica, pero tal vez menos dificultad relacional. La base legal es mucho más amplia. Todo está más reglado. También es un mercado más amplio y exigente. El equilibrio entre ambas jurisdicciones es una motivación para todo el equipo del despacho de estar en constante aprendizaje. Es a la vez un reto y una gran oportunidad para todo el equipo.
¿Qué significa para usted la excelencia en el ámbito jurídico mercantil?
Centrarse en el cliente. Alinearse con la misión de ayudarle, de aportarle valor. Y desde esa intención, hacer lo necesario para solucionar su problema, asistirle en lo necesario. Y hacerlo con una actitud de servicio: Desde una base de conocimiento, experiencia, flexibilidad y agilidad en la prestación del servicio. Creo firmemente que si todos nos alineáramos con la misión de ayudar a los demás, ya sea que vendamos servicios jurídicos, zapatos, servicios financieros, flores, cava o cualquier otra cosa, nos convertiríamos en mejores profesionales y personas ¡Y el mundo sería un lugar mejor!
En estos años ha acompañado tanto a empresas consolidadas como a particulares emergentes que se enfrentan a decisiones críticas. ¿Cuál es el mayor desafío a la hora de asesorar a perfiles tan distintos dentro de sus disímiles idiosincrasias culturales?
En las empresas emergentes está todo por hacer. Estructura societaria, contratos, y un sinfín de aspectos que requieren asistencia legal. Es una tipología de cliente muy exigente en términos de tiempo invertido, pero también una oportunidad de crecer con ellos, ser su compañero de viaje en su proceso de consolidación.
Las empresas consolidadas suelen presentar mayor “orden” jurídico, pero también grandes retos: procesos de digitalización, internacionalización, compraventas de empresas, etcétera. Es fantástico poder ayudar a ambas tipologías de empresa. Es muy rico profesional y personalmente.
Usted es Coautor del libro Emprende en el sector legal y consigue tus sueños, publicado por Thomson Reuters Aranzadi. ¿Qué vacío detectó en la literatura jurídica para decidir que era necesario un manual que uniera de manera brillante emprendimiento, vocación y estructura empresarial?
El primer año de carrera profesional lo pasé en un gran despacho internacional. Allí se trabajaba más de doce horas diarias, con nula conciliación familiar. Había un gran vacío entre el socio del despacho y el equipo, con estructuras jerárquicas verticales, alta rotación y baja motivación del personal. Cuando me fui, me dijeron que era imposible que creara mi propio despacho, siendo tan joven. Que fracasaría seguro.
Escribimos el libro como una forma de ofrecer otra visión de la abogacía. Que sí era posible aunar abogacía y emprendimiento. Que hay otra forma de prestar servicios jurídicos. Que un joven puede crear su propio despacho y triunfar. Era una invitación a otros para que hicieran realidad su sueño de emprender en el sector legal.
El sector legal vive una transformación acelerada por la tecnología, la globalización y nuevas expectativas del cliente.
Desde su experiencia, ¿Qué cambios considera irreversibles y cuáles aún requieren prudencia y reflexión? ¿Cómo valora las nuevas herramientas de la IA a la hora de potenciar todo este proceso?
Veo la IA como una herramienta increíble para ser mejor profesional del sector legal. Con ella, he visto a jóvenes juristas preparar documentos que abogados con mucha experiencia no serían capaces de elaborar. Es una oportunidad única.
El asesor legal es ahora un partner, más que un abogado. Y el profesional que combine una gran base de conocimiento y experiencia, con un óptimo manejo de la tecnología, brillará por encima de los demás.
Emindset Law Firm se presenta como un despacho que apuesta por la mentalidad estratégica y el crecimiento sostenible bajo estándares profesionales de máximo nivel. ¿Cómo se traduce ese enfoque en el día a día, más allá de los eslóganes que suelen poblar el mundo corporativo?
Somos el partner legal de nuestros clientes. Hacemos reuniones con ellos cada semana. Les ayudamos en su día a día. Conocemos su estrategia y aportamos nuestro equipo multidisciplinar para ayudarles a hacerla realidad. Y en ocasiones, incluso participamos en sus consejos de administración.
En materia mercantil, la incertidumbre podría ser un huésped permanente según distintos puntos de vista. ¿Qué papel juega la anticipación —esa capacidad de ver un poco más allá del ruido— en la construcción de soluciones jurídicas de calidad, dentro de las especificidades casuísticas de cada proceso legal?
El 90% de nuestro trabajo es preventivo. Preparamos una estrategia jurídica, estructuras societarias, contratos y un sinfín de elementos para prevenir problemas. Nuestros clientes prácticamente no litigan.
Es un proceso de visualización, de ver más allá de la situación actual y mitigar riesgos. Ya sea con pactos de socios, contratos de prestación de servicio, de licencia, due diligence, notas de opinión, estrategias de planificación patrimonial o sucesoria, todo se centra en prevenir el problema futuro, en aportar tranquilidad a nuestros clientes.
Los jóvenes juristas se enfrentan a un mercado que exige creatividad, especialización y coraje. Desde su propia experiencia emprendedora, ¿Qué consejo considera verdaderamente útil para quien hoy empieza con un proyecto innovador?
Mi primer consejo sería que se centre en aportar valor a los demás, que convierta esta intención en una auténtica misión empresarial. A partir de ahí, que ponga la pasión, esfuerzo, disciplina y perseverancia necesaria hasta lograr sus objetivos.
Yo tardé más de ocho años en conseguir el “éxito”, y aún me queda mucho por lograr. Me planteé tirar la toalla de multitud de ocasiones. Es muy duro, en ocasiones demasiado. No hay ninguna garantía, especialmente si empiezas de cero. Estás tú y tu fe inquebrantable. Pero recuerda: en la perseverancia y la voluntad de servicio está la semilla del éxito.
¿Cómo compagina Oriol Giró Canturri su faceta profesional con el ámbito familiar?
Intento ser más eficiente cada día. Acabo de ser padre y no quiero perderme el crecimiento de mi hija. Termino como máximo a las seis y media de la tarde para poder estar con ella. Y en el otro lado de la balanza, tengo ocho empresas. Un despacho de abogados, una empresa de promoción inmobiliaria, una fundación, un libro, una película de cine, y otros proyectos. La clave está en una buena delegación y en una correcta gestión del tiempo. Tengo grandes socios en todos mis negocios, que complementan mi trabajo. Aunque no siempre es posible, trato de focalizarme únicamente en lo importante, donde aporto valor. Evito las reuniones inútiles. Como en diez minutos en la oficina y sigo trabajando. Exprimo al máximo mi tiempo laboral para seguir creciendo cada día, personal y profesionalmente. Y a su vez, ofrecer tiempo de calidad a mis seres queridos.
Tras años de práctica, escritura y dirección estratégica, su trayectoria está marcada por una búsqueda constante del sentido profesional dentro de la excelencia jurídica. ¿Qué queda aún por construir en el sólido proyecto personal y colectivo de Oriol Giró?
Ayudar e inspirar la vida de millones de personas.









