¿Cómo se desarrolló en sus orígenes, su vocación por la medicina odontológica?
Mi vocación era fundamentalmente médica y sobre todo relacionada con la odontología quirúrgica. Mi intención siempre ha sido mejorar la vida de las personas y me parecía una tarea donde podría sentir satisfacción cada día, una satisfacción personal que podía trasmitir a los pacientes porque nuestra sonrisa, es nuestra carta de presentación, consciente e inconsciente, junto con la mirada, es fundamental en los primeros segundos en el que contemplamos a alguien por primera vez.
Según su criterio y experiencia, ¿Cuál sería el punto de equilibrio en la simbiosis necesaria entre la sanidad pública y la sanidad privada? ¿Qué retos afronta de cara al futuro este asunto, a la hora de garantizar una sanidad coherente con los principios democráticos de nuestro Estado de derecho?
Una buena salud es lo más importante en la vida de cualquier persona, cuando la perdemos, queremos recuperarla, y este hecho suele ser más costoso en términos generales. Gran parte de la población piensa que la sanidad pública es gratis y hay que tener en cuenta que en realidad, supone un enorme esfuerzo tanto por parte de la administración pública como de los contribuyentes, tener una sanidad pública de calidad que pueda atender las demandas de la población aún es algo que arrastra ciertas carencias. La medicina privada viene a cubrir una parte de esas necesidades, y en esta especialidad, que es la única que sistema público de salud no cubre, y que además antes o después termina afectando una manera u otra todos, sería coherente una labor de prevención en temas de salud bucodental, ya que cada vez más sabemos que muchas enfermedades están relacionadas con la patología de la boca. La sanidad pública y en la privada también tienen un camino que recorrer de cara a la medicina preventiva, que es la más barata y más eficaz de todas las medicinas. Por ejemplo, la patología cardiovascular, que es lo que más mata de forma silenciosa en nuestro medio, está íntimamente relacionada con una enfermedad de las masas extendidas en el mundo, que es la enfermedad periodontal en las personas mayores de 40 años. En este sentido la OMS lo tiene como un gran problema todavía sin solución, y que te da sensación que en ocasiones se está mirando por otro lado. La diabetes afecta más del 16 % en la población y hace una sinergia enorme con patología de la boca, su control, junto con la patología oral, tiene que ir de la mano, lo mismo ocurre con pacientes inmunodeprimidos y pacientes en tratamiento de quimioterapia, en donde hay una falta de coordinación entre la sanidad pública y la sanidad privada, derivado precisamente de ser nuestra especialidad la única que no está en el sistema público de salud.
Usted ha realizado con gran éxito, residencias y másteres en implantología, cirugía general, incluso en el extranjero. ¿Qué le llevó a perseguir una formación tan amplia y transversal, y cómo cree que ese bagaje multidisciplinar ha moldeado su práctica clínica?
Un médico tiene que estudiar toda la vida desde el primer día que entra en la facultad de medicina, hasta el último día de su carrera profesional, hay que leer algo cada día, hay que estar actualizado constantemente, en nuestra profesión no hacerlo, es una enorme irresponsabilidad. La formación, el talento de los profesores, la capacidad de las universidades no están en un solo sitio, por lo que tenemos que buscarlo en fuentes alternativas académicas y solventes. Nosotros siempre intentamos dar lo mejor de nosotros a los pacientes y la forma óptima de hacerlo, es teniendo un conocimiento actualizado y científico.
Centro Médico Odontológico Guitián asume un modelo innovador y eficiente de atención personalizada, guiado por la incorporación metodológica del flujo digital ¿Qué diferencias percibe dentro de este proceso en relación a la odontología convencional?
Los cambios en la odontología en los últimos años han sido abrumadores, hay que tener en cuenta que estamos trabajando con datos médicos muy complejos. Esta es una especialidad en donde los datos no se reflejan solo en un papel, se reflejan también en archivos informáticos de alta precisión, de precisión relojera, se pasa desde tomar las medidas de una boca con modelos de escayola a tomar las medidas con escáneres integrales de micro precisión. Hay que tener en cuenta que para trabajar por ejemplo los implantes dentales donde la precisión, insisto, es relojera, y donde estamos colocando un dispositivo, una bioprótesis que conecta una parte interior como es el hueso, tiene que estar conectada al exterior en la cavidad más contaminada que tenemos nuestro organismo que es la boca— no hay más variedad y cantidad de bacterias en ningún sitio que en la cavidad oral—, y además ha de procesar un sellado adecuado para que ese hueso no se contamine, y ese implante soporte fuerzas y presiones masticatoria de 200 300 kilos cientos de veces al día durante años y además ha de ser bonito. Lo que hay detrás de todo eso es una tecnología muy costosa y que sin la ayuda de la computación no lo podríamos aplicar. La odontología convencional obviamente está muy alejada de todo esto. Hoy podemos ver lo que vamos hacer con anticipación y lo podemos compartir con el paciente, en la era de la información el no poder compartirla, no es asumible.
Ha sostenido que la odontología no puede aislarse de la medicina general. ¿Qué experiencia o reflexión concreta lo convenció de que esa integración, era imprescindible para sus pacientes?
La odontología formó parte de la medicina siempre. Hay muchas circunstancias que están relacionadas con muchas enfermedades que podemos verlas antes en la boca, que en ningún sitio. Hay tener en cuenta que el 60 % de la población en occidente va al menos, una vez al año al dentista con el objetivo de hacer una consulta preventiva o de mantenimiento. Somos la primera barrera que ve a personas supuestamente sanas que pueden tener una patología detrás: hipertensión sin diagnosticar, patología cardiovascular, diabéticos que no están diagnosticados, por tanto es fácil saber que descubrimos en ocasiones, alguna patología en los preoperatorios, a la hora de hacer rehabilitaciones quirúrgicas orales, tratamientos, preventivos, etc.
Su centro es uno de los que en España pone implantes cigomáticos bajo los estándares ZAGA. ¿Cómo afronta usted el reto técnico y ético de liderar técnicas quirúrgicas de vanguardia? ¿Qué casos concretos han demostrado su valor terapéutico?
Más que una cuestión de liderazgo, es una cuestión de sentido común y de formación tanto del cirujano como de todo un equipo que ha de funcionar de manera sincronizada. Esto por sí mismo demuestra un valor terapéutico. La técnica ZAGA descrita por el doctor Carlos Aparicio, hoy en día la máxima autoridad mundial en implantes cigomáticos, y uno de mis maestros, con sus estudios y todo lo que sale de este grupo de clínicas, está más que avalado por investigaciones solventes, con soporte científico, que es al fin y al cabo, el valor terapéutico de estas técnicas.
Ha incorporado cirugía navegada, planificación digital y técnicas de precisión. ¿Cómo cree que estas herramientas transforman la práctica clínica y qué resistencias ha encontrado en la comunidad profesional?
La incorporación de la cirugía navegada a nuestra práctica diaria, ha sido una revolución, que sumado al resto de nuevas técnicas digitales hace que los tratamientos sean más eficaces, más precisos y más previsibles. Las resistencias que se encuentra la comunidad profesional tienen que ver en ocasiones con la curva de aprendizaje y la inversión que hay que hacer desde el punto de vista tecnológico, tanto de hardware como de software y formación de equipo. En cualquier caso, sigue siendo una responsabilidad de los profesionales al dar lo mejor a los pacientes, creo que esa es una da las razones por los cuales estamos entre los cinco primeros centros de Europa en cirugía navegada en la cavidad oral.
¿Cómo articula la dimensión estética con la funcional, y qué papel juega la personalización en la salud bucodental según su criterio?
Lo funcional en lo que al aspecto externo de las personas se refiere, suele ser bonito, una sonrisa bonita suele ser funcional, aunque no siempre se cumpla, cada procedimiento que se hace en una boca, cada corona, cada microchip de porcelana, cada carilla, cada tratamiento de encía, hasta un sencillo empaste, es único, se hace solo para ese paciente y nada más que para ese paciente. La tecnología digital nos ha permitido personalizar más vez cada tratamiento, adaptarlo a la función y a la biología específica de cada paciente. Los resultados son incomparables a lo que teníamos no hace muchos años. La estética debe ir siempre de la mano de la funcionalidad anatómica.
Imparte cursos, dirige protocolos de investigación y participa en congresos internacionales. ¿Qué responsabilidad siente hacia la formación de futuras generaciones y la transmisión de estándares éticos y clínicos? ¿Cuáles serían sus recomendaciones para los nuevos emprendedores en el ámbito de la medicina, que buscan sacar adelante proyectos de innovación?
La responsabilidad ante el auditorio que te está escuchando es enorme, aunque la responsabilidad en la formación de las futuras generaciones, con los medios que hay hoy en día, no solo ha de ser colectiva, ha de ser una responsabilidad individual. Es muy importante sin ninguna duda, transmitir valores éticos, porque no podemos olvidar que lo principal, es curar al paciente; esa es nuestra razón de ser.
Los nuevos emprendedores, en el límite de la medicina, no pueden perder nunca el foco de la ética, y el foco del beneficio para el paciente, la rentabilidad obviamente ha de existir, pero la misma no puede ir en menoscabo de los mejores resultados.
Su ingreso en el International College of Dentists refleja un compromiso con la salud global y comunitaria y es un reconocimiento merecidísimo a su vasta trayectoria profesional. ¿Cómo se traduce ese reconocimiento en la práctica diaria y en proyectos que beneficien a pacientes con menos acceso a la atención primaria? ¿Qué significa para usted la excelencia profesional?
Un reconocimiento de este tipo, además de un honor, en la práctica diaria no nos afecta realmente, seguimos actuando como siempre. Veo dicho reconocimiento como una distinción a la ética, al trabajo bien hecho y al compromiso sin fisuras de mi equipo. Nuestra trayectoria siempre ha estado basada en intentar hacer lo mejor para el paciente. La excelencia profesional en medicina, tiene que ver con una máxima, bajo mi punto de vista, que es: no le hagas nada a nadie que no te gustaría que te hiciesen a ti. Es fundamental conocer las limitaciones profesionales de cada uno y recurrir a los que son mejor que nosotros, para resolver un problema.
El envejecimiento poblacional y los avances tecnológicos transforman la práctica odontológica. ¿Cuáles son los retos principales que observa para centros de referencia como el suyo en prevención, medicina integral y salud bucodental?
Creo que es necesaria una mayor colaboración entre la odontología y resto especialidades médicas, así como la salud pública y la privada. Deberíamos tener un canal de comunicación de los datos eficiente que ayude a estrechar de manera empática, la relación médico- paciente.
El envejecimiento de la población hace que debamos poner el foco en una actitud preventiva, es decir, evitar la patología o retrasar su llegada. La prevención de enfermedades en las personas más susceptibles, las que son más vulnerables, ese es mayor el reto al que debemos hacer frente toda la comunidad médica.
¿Cómo gestiona la conciliación familiar y laboral?
Aunque a veces no es fácil, tenemos que buscar el tiempo necesario para estar con los nuestros, de manera que sirvan con una especie de cargador de baterías que nos den energía para seguir en el día a día. Es un valor que va en las dos direcciones: nosotros hacia la familia y de la familia hacia nosotros, sin su apoyo, no sería posible nuestro desarrollo profesional. Tengo la fortuna de tener una familia extraordinaria. Aprovecho para agradecer a Elena, mi compañera, en la profesión y en la vida todo su apoyo, y a mis dos hijos, Sofía y Pedro, las enormes dosis de responsabilidad y de cariño que me han regalado siempre.
Con toda su trayectoria en clínica, investigación, innovación y docencia, ¿Cómo visualiza el futuro de su clínica y su propio legado? ¿Qué aprendizajes y proyectos le motivan de cara a la próxima década?
El futuro de la clínica dependerá fundamentalmente de seguir evolucionando con la sociedad haciendo las cosas lo mejor posible. Nuestro futuro está condicionado a un equipo que esté alineado con esta filosofía, afortunadamente cuento con un equipo de altísimo nivel, estoy muy orgulloso de todos mis compañeros que dan lo mejor de sí, en cada jornada laboral. Por otro lado, si se deja de poner el foco en el paciente, en sus objetivos, se perderá todo, y eso no es una opción.
Los proyectos en que los que estamos trabajando ahora y de cara a la próxima década están muy enfocados en implicar más al paciente en la prevención y en que aprenda a elegir cuál la mejor opción terapéutica para él. Es muy importante que el paciente tenga acceso directo a sus datos de salud, es lo más preciado que tienen y a veces, no es lo suficientemente accesible en momentos críticos de una enfermedad inesperada. Hay que destacar la ética, la profesionalidad y el respeto en todas las circunstancias de la vida, y es nuestra responsabilidad como médicos ser transparentes con nuestros pacientes, empáticos y profesionales y eso implica sobre todo, compromiso por ambas partes.









