La celebración aspira a prolongar aquello que ha definido la práctica de Portabella desde sus inicios: una actitud vital, política y artística basada en el diálogo, el riesgo y la centralidad de la vanguardia. Su trabajo ha sido siempre un ejercicio de coraje formal y de provocación productiva, capaz de generar consenso sin renunciar al conflicto, de activar procesos y abrir relevos. El centenario se plantea, así, como una exploración de la capacidad renovada del cine y de las prácticas artísticas para asumir riesgos desde la radicalidad, entendida no como gesto estético aislado, sino como posición ética.
El propio Portabella ha expresado cómo vive este reconocimiento: “Tenemos que hacer cosas que tengan actualidad, vitalidad, que nos permitan avanzar. Aquí es donde me siento cómodo”. Bajo esta premisa, el programa se desplegará a lo largo de 2026 y 2027, año en el que el cineasta cumplirá cien años. El planteamiento de Acción Portabella se basa en que cada centro impulsor defina su propia estrategia singular, generando así un relevo continuo de iniciativas y enfoques.
Portabella permanecerá informado de los distintos proyectos a través de su círculo más cercano, configurando un mapa general de conectividad internacional que se reflejará en la web del centenario. Esta plataforma se concibe como un formato visual capaz de mostrar la complicidad entre los diversos ámbitos de la cultura y el pensamiento, así como el diálogo entre generaciones implicadas en esta reflexión colectiva y pragmática.
La iniciativa involucra a una amplia red de nodos culturales y políticos: centros de arte y cultura, festivales, filmotecas, laboratorios y fundaciones de pensamiento social y político, organismos transversales, universidades, medios de comunicación y colectivos de artistas. Todos ellos actúan como vehículos de un viaje compartido que busca expandir el sentido del homenaje más allá de la figura individual.
El nombre genérico del centenario, Acción Portabella, se concibe como un signo distintivo que permite activar un acontecimiento y convertirlo en un flujo de ideas, prácticas y posicionamientos contemporáneos. Cada entidad participante reinterpretará este marco desde su propia perspectiva, manteniendo viva la carga vital, artística y política que define el universo del cineasta.
La imagen gráfica funciona como un nodo de identificación colectiva. Está compuesta por las palabras Acción Portabella y un ideograma, dos elementos inseparables que solo adquieren sentido en su composición conjunta. El diseño introduce una expresión dinámica del nombre dentro de la elipse del ideograma, con las letras iniciales circulando de manera ascendente o descendente, una variación que sugiere la idea de “pasar el testigo” entre los distintos participantes. De forma complementaria, el juego entre espacio positivo y negativo del ideograma propone significados ocultos, uno de ellos vinculado a una de las películas más emblemáticas de Portabella, incorporando una dimensión irónica muy cercana a su sensibilidad. El resultado es una estética ligera, minimalista y simbólica, construida a partir del uso riguroso del blanco y negro, un rasgo distintivo de su universo visual.
La web de Acción Portabella se plantea como un espacio en constelación que permite visualizar el impulso que la figura y la obra del cineasta han generado —y siguen generando— en otros autores, artistas, pensadores y activistas. Más que centrarse exclusivamente en su trayectoria individual, el centenario propone un recorrido colectivo que parte de Portabella hacia las vanguardias y hacia todo aquello que su trabajo ha contribuido a activar.
El diseño del sitio web se aleja del formato tradicional de catálogo para ofrecer una experiencia abierta, en la que cada visitante puede explorar los contenidos y las múltiples relaciones desde su propia mirada. Esta estructura refleja la esencia colectiva y vanguardista del propio Portabella y busca revelar resonancias, afinidades y complicidades entre las iniciativas participantes. El objetivo no es solo informar sobre el programa, sino proponer un dispositivo de exploración que invite a recorrer el centenario de manera intuitiva, guiada por el interés y la sorpresa, y comprender así el alcance relacional, contemporáneo y radical de Acción Portabella.
Pere Portabella (Figueres, 1927) ocupa un lugar singular en la historia del cine europeo y en la cultura crítica del siglo XX. Su obra no puede entenderse únicamente como una filmografía, sino como una práctica expandida donde el cine, el pensamiento político y la experimentación formal se entrelazan de manera inseparable. Productor clave del Nuevo Cine Español y, al mismo tiempo, uno de sus más radicales disidentes, Portabella ha concebido el cine como un espacio de resistencia frente a las formas dominantes de representación y poder.
Desde sus primeras películas, su trabajo se caracteriza por una ruptura consciente con la narración clásica y por una atención obsesiva a los mecanismos que construyen el sentido. En títulos fundamentales como No compteu amb els dits o Vampir-Cuadecuc, Portabella desmonta el aparato cinematográfico, hace visible la estructura y convierte el proceso en materia de reflexión. El cine deja de ser un vehículo de historias cerradas para convertirse en un dispositivo crítico que interpela al espectador y lo obliga a tomar posición. Mirar, en su cine, es siempre un acto activo y, por tanto, político.
Su pensamiento filosófico se articula en torno a la idea de la vanguardia no como estilo, sino como actitud. Para Portabella, la radicalidad formal no es un fin estético, sino una herramienta ética que permite ensanchar los límites de lo posible. Esta concepción lo llevó a trabajar en los márgenes del sistema industrial, explorando el silencio, el fuera de campo, el montaje discontinuo y la materialidad misma de la imagen y el sonido. En ese gesto, su cine se vincula tanto a las corrientes experimentales europeas como a una tradición crítica profundamente enraizada en el contexto político español.
Paralelamente a su labor artística, Portabella ha desarrollado una intensa actividad pública y política, entendida como prolongación natural de su práctica creativa. Su trayectoria demuestra una coherencia poco frecuente entre pensamiento, forma y acción. A casi un siglo de vida, su obra sigue interpelando al presente, recordándonos que el cine, cuando asume el riesgo y la incomodidad, puede seguir siendo un lugar de pensamiento, disidencia y libertad.









