La Tate Modern abre sus salas a Teatro Picasso, una ambiciosa exposición que celebra el centenario de Los tres bailarines (1925), una de las pinturas más enigmáticas y decisivas de Pablo Picasso. Concebida como un recorrido inmersivo por más de medio centenar de obras, la muestra propone una lectura renovada del artista malagueño a partir de un eje poco explorado: la performance entendida no solo como tema, sino como pulsión vital y método creativo.
La exposición se inscribe, además, en una doble efeméride. Coincide con el 25.º aniversario de la Tate Modern, reafirmando la vocación del museo londinense por revisitar a las grandes figuras de la historia del arte desde enfoques contemporáneos y arriesgados. Teatro Picasso podrá visitarse hasta el 12 de abril de 2026.
El proyecto está comisariado por la artista y cineasta Wu Tsang y por el escritor y curador Enrique Fuenteblanca, quienes articulan un relato en el que Los tres bailarines funciona como núcleo simbólico y conceptual. En torno a esta obra cardinal orbitan piezas fundamentales como La llorona (1937) o Mujer desnuda en un sillón rojo (1932), junto a un amplio conjunto de grabados, dibujos, esculturas, textiles y collages. Muchas de estas obras proceden de préstamos clave de los principales museos Picasso de Francia, subrayando el carácter excepcional de la reunión.
Lejos de plantearse como una exposición estática, Teatro Picasso incorpora un programa vivo de acciones performativas. Tsang y Fuenteblanca invitarán a artistas, bailarines y coreógrafos a dialogar con la obra del pintor a través de intervenciones de danza y flamenco, ampliando la noción de museo hacia un espacio de activación corporal y temporal.
Picasso entendía la pintura como un acto dramático, casi escénico. Su interés por los artistas —y por su capacidad incesante de metamorfosis— fue inseparable de la construcción de su propia figura pública: Picasso “el artista”, un personaje cuidadosamente mitificado, presentado a la vez como genio absoluto y como enigma inaccesible. Esa máscara, cultivada durante toda su vida, sigue condicionando nuestra idea contemporánea del creador y de su lugar en la sociedad.
En su obra, esta identidad se tradujo a menudo en imágenes desbordantes y perturbadoras. Un ejemplo paradigmático es el tapiz de lana y seda Minotauro (1935), que se exhibirá por primera vez en el Reino Unido gracias a un préstamo del Museo Picasso de Antibes. La muestra incluye también la película El misterio de Picasso (1956), de Henri-Georges Clouzot, un documento excepcional que acompaña al artista en su estudio mientras pinta, revelando el vértigo y la intensidad de su proceso creativo en tiempo real.
El dramatismo en Picasso no se limitó a una cuestión formal. Su mirada se dirigió de manera constante hacia figuras populares y marginales: artistas de circo, acróbatas, toreros, bailarines de flamenco y modelos que encarnaban una relación directa entre cuerpo, riesgo y espectáculo. Estas presencias atraviesan la exposición en obras como Muchacha en camisa (hacia 1905), Caballo con joven de azul (1905–1906) o Escena de corrida de toros (1960), pertenecientes a la colección de la Tate, así como en Acróbata (1930), cedida por el Musée national Picasso–París.
Tsang y Fuenteblanca proponen una reflexión crítica sobre el estatuto de estas figuras: cómo fueron representadas por Picasso y cómo son leídas hoy dentro del marco institucional del museo. El recorrido no elude las tensiones ni las paradojas, y asume tanto la vigencia indiscutible del artista como las contradicciones que atraviesan su biografía y su legado.
Wu Tsang (nacida en 1982) es una reconocida cineasta y artista visual cuyo trabajo combina estrategias documentales con derivas poéticas y elementos de lo imaginario. Sus proyectos han sido presentados en museos, bienales y festivales internacionales, como la Bienal de Venecia, la Whitney Biennial, SXSW o el Holland Festival. Becaria “Genius” de la Fundación MacArthur en 2018, Tsang ha recibido también apoyos de las fundaciones Guggenheim y Rockefeller. Entre 2019 y 2024 fue directora residente del Schauspielhaus Zürich. Su influyente documental Wildness (2012) se estrenó en el Reino Unido en la Tate Modern, y su instalación cinematográfica A day in the life of bliss (2014) forma parte de la colección del museo en préstamo a largo plazo.
Enrique Fuenteblanca (nacido en 1996) desarrolla su trabajo como escritor, artista y comisario en la intersección entre el arte contemporáneo y el pensamiento crítico. Autor de varios libros de poesía, colabora habitualmente en proyectos dramatúrgicos vinculados a la danza contemporánea y al flamenco. Ha trabajado con artistas como Wu Tsang, el colectivo Moved by the Motion o Rocío Molina, presentando obras en contextos como la Bienal de Danza de Venecia, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y la Fundación De Balie/Hartwig de Ámsterdam. Es miembro de BNV Producciones y de la Plataforma Independiente de Estudios de Flamenco Moderno y Contemporáneo.
Con Teatro Picasso, la Tate Modern no solo revisita a uno de los gigantes del siglo XX, sino que lo expone como un cuerpo en acción, un artista para quien crear fue siempre un gesto escénico, un combate y una representación incesante.









