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Ramón y Cajal regresa a la gran pantalla: cuando la ciencia se dibuja a sí misma

El próximo 9 de abril, las salas españolas recibirán "Ramón y Cajal: dibujos en la retina", un documental dirigido por Luis Gómez Juanes que se adentra en la figura del Nobel aragonés desde un territorio poco transitado: el de la imagen como origen y destino del pensamiento científico. La película irrumpe en cartelera como un acontecimiento singular dentro del cine científico nacional, no solo por su objeto de estudio, sino por la manera en que lo aborda: desbordando la biografía para penetrar en la lógica íntima de la mirada.

El legado de Santiago Ramón y Cajal atraviesa disciplinas, épocas y lenguajes. Nacido en 1852 y fallecido en 1934, fue el gran arquitecto de la neurociencia moderna, el hombre que descifró la estructura del sistema nervioso y alteró para siempre la comprensión científica del cerebro. Su obra, premiada con el Nobel de Medicina en 1906, no se limita al laboratorio: también habitó la fotografía, la invención técnica, la docencia, la escritura y el dibujo con una intensidad poco común.

Esa condición múltiple lo sitúa en un territorio difícil de clasificar. Algunos historiadores del arte han llegado a emparentar su trazo con el de los grandes maestros del Renacimiento, mientras otros ven en sus imágenes una intuición temprana de lo surreal, como si su mirada hubiera anticipado formas que aún no tenían nombre. Más allá de etiquetas, lo que define a Cajal es una curiosidad sin descanso y una voluntad de entender el mundo desde sus mecanismos más invisibles.

Su figura no pertenece únicamente a la historia de la ciencia, sino al imaginario cultural en sentido amplio. Pensador, observador y creador su legado continúa irradiando en investigadores, artistas y discursos contemporáneos que todavía encuentran en su obra una forma de mirar —y de pensar— que sigue abierta.

Santiago Ramón y Cajal y sus descubrimientos en neurociencia, establecieron un diálogo entre el microscopio y la imaginación. En ese cruce —donde la ciencia se vuelve trazo y el trazo, conocimiento— emerge la figura de un creador que no solo describió el cerebro, sino que lo dibujó, lo interpretó y, en cierto modo, lo soñó.

La obra llega precedida por una trayectoria que anticipa su recepción: su estreno mundial en noviembre de 2025 en el Festival Rizoma, donde colgó el cartel de completo, y su inclusión en la programación del Brain Film Fest de Barcelona, celebrado entre el 11 y el 15 de marzo. Ahora, el salto a salas comerciales —con proyecciones confirmadas en ciudades como Madrid, Zaragoza, Valencia, Barcelona, Sevilla o Cádiz, entre otras— marca un punto de inflexión para un tipo de cine que rara vez encuentra espacio en los circuitos convencionales.

El documental se articula a través de un coro de voces que rehúye la uniformidad. Científicos, artistas, historiadores y especialistas —entre ellos Rafael Yuste, Ángela Nieto, José Ramón Alonso o Laura López-Mascaraque— reconstruyen un pensamiento que sigue irradiando en la neurociencia contemporánea. Pero también lo hacen desde la sospecha de que en Cajal hay algo que excede su tiempo: una intuición casi pre-surrealista sobre la naturaleza de las imágenes, entendidas como puente entre lo tangible y lo mental.

Esa dimensión es, quizás, el núcleo más fértil de la película. Porque dibujos en la retina no se limita a exponer hallazgos, sino que indaga en el proceso que los hizo posibles: la mirada como herramienta epistemológica. El documental sugiere que, en Cajal, ver era ya comprender, y que cada ilustración neuronal contenía una hipótesis sobre la conciencia.

En uno de los momentos más elocuentes del filme, una máquina contemporánea ensaya una respuesta a la pregunta que obsesionó al científico: cómo se forman las imágenes en el cerebro. Ese gesto —casi especulativo— no pretende clausurar la incógnita, sino prolongarla, tensando una línea que conecta el laboratorio decimonónico con la tecnología actual.

Producida por Zerkalo Films —galardonada en la Seminci de Valladolid— junto a Filmociencia, la película se sostiene sobre un rigor histórico que no sacrifica la experiencia sensorial. Al contrario, construye un dispositivo envolvente que invita al espectador a replantearse su propia forma de mirar, como si cada imagen proyectada fuera también un espejo.

Más que una cronología vital, el documental compone una cartografía de la herencia de Cajal: su legado científico, su pulsión artística y su empeño por descifrar los mecanismos invisibles que sostienen la percepción. En ese sentido, la película no solo recupera a una figura clave de la ciencia, sino que la reinterpreta desde el presente, como si aún estuviera formulando preguntas.

El estreno en salas comerciales no es, por tanto, un mero paso de distribución, sino una declaración de intenciones: situar el cine científico en el centro del debate cultural. Y hacerlo, además, desde una obra que entiende que el conocimiento no es solo acumulación de datos, sino también una forma de mirar el mundo —y de dibujarlo.

Se puede encontrar información sobre ciudades, salas y horarios en la web de Zerkalo Films: zerkalofilms.com/work/cajal/ y en la de Filmociencia: https://filmociencia.com/ramon-y-cajal

 

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Urbanbeat Julio 2024
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