Kasuba fue una creadora de imaginación radical, profundamente influida por las formas orgánicas del mundo natural: conchas, rocas erosionadas, vegetación o la vida marina. En su trabajo se percibe un impulso constante por estrechar la relación entre los seres humanos y su entorno, imaginando modos alternativos de habitar el espacio. Esa vocación interdisciplinar la llevó, a finales de los años sesenta, a colaborar con el colectivo Experiments in Art and Technology, un grupo que reunía a artistas, ingenieros y científicos para explorar los vínculos entre creatividad, tecnología y experimentación material.
La trayectoria vital de Kasuba estuvo marcada por los desplazamientos del siglo XX europeo. Nacida en Lituania, abandonó el país en 1944 tras las sucesivas ocupaciones de la Unión Soviética y la Alemania nazi. Después de pasar por un campo de personas desplazadas en Alemania, emigró a Estados Unidos en 1947. Allí inició una nueva etapa creativa que la llevó primero a Nueva York y posteriormente a Nuevo México.
Durante su periodo neoyorquino desarrolló una intensa actividad vinculada al arte público. Diseñó mosaicos y murales monumentales elaborados en ladrillo, mármol o granito para espacios urbanos y edificios institucionales. Entre esas intervenciones se encontraba un pavimento en la plaza de la antigua oficina de correos de la Avenida Pensilvania en Washington D. C., un mosaico para la sede de Container Corporation en Chicago y un relieve en la Avenida Lexington de Nueva York. También realizó un muro de granito grabado de 375 metros cuadrados instalado en el edificio 7 World Trade Center, obra que desapareció con la destrucción del complejo durante los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La exposición de la Tate St Ives reunirá esculturas, maquetas, mosaicos, pinturas, dibujos y collages procedentes en gran medida de la colección del Museo Nacional de Arte de Lituania, institución a la que la propia artista donó una parte significativa de su legado. Entre las piezas presentadas se encuentran también sus conocidos entornos espaciales, construcciones inmersivas realizadas con telas tensadas que eliminan deliberadamente los ángulos rectos.
Estos espacios envolventes proponían una experiencia sensorial distinta de la arquitectura convencional. Kasuba defendía que los interiores ortogonales condicionan el comportamiento humano. En una entrevista concedida a la revista The New Yorker en 1971, explicó su intención de “eliminar lo cuadrado”, argumentando que las habitaciones tradicionales con cuatro paredes imponen demasiado a quienes las habitan y que, en espacios curvos y fluidos, las relaciones entre las personas se transforman.
Uno de los núcleos de la exposición será Espectro, Una Idea Posterior (1975-2014), considerado uno de los entornos espaciales más ambiciosos de la artista. La obra adopta la forma de un pasaje compuesto por zonas cromáticas diferenciadas y una iluminación intensa. Su estructura combina aluminio, neón, plástico, madera contrachapada, acero y tela tensada. La instalación incorpora además una dimensión sensorial ampliada: sonidos de “viento cósmico” organizados por el compositor Paulius Kilbauskas y una serie de aromas desarrollados por la perfumista Danutė Pajaujis Anonis, concebidos para dialogar con los distintos colores de la escultura. Este dispositivo multisensorial refleja el interés de Kasuba por la sinestesia y por la posibilidad de que el arte active simultáneamente varios sentidos.
La muestra incluirá también la Alfombra Tridimensional, diseñada y fabricada por Urban Jupena en 1971. La pieza formó parte originalmente del llamado Entorno Habitable de Kasuba, un proyecto instalado en su apartamento neoyorquino y del que la exposición recreará parcialmente su disposición original. En estas estructuras la artista aspiraba a crear espacios de contemplación y convivencia alejados de los modelos rígidos de la arquitectura occidental, que consideraba excesivamente normativos y poco sensibles a la experiencia humana.
Ese interés por imaginar arquitecturas alternativas continuó en sus proyectos posteriores. Entre ellos destaca Rock Hill House, la vivienda que diseñó y construyó en 2001 en el desierto de Nuevo México, un ejemplo de su búsqueda de formas habitables más orgánicas y adaptadas al entorno.
La exposición de la Tate St Ives subraya así la dimensión utópica del trabajo de Kasuba: una práctica artística que entendía el espacio no solo como una cuestión formal, sino como una herramienta para imaginar nuevas formas de convivencia social. A lo largo de siete décadas de actividad, la artista desarrolló un lenguaje propio que combinaba escultura, arquitectura experimental y experiencia sensorial.
El proyecto expositivo está organizado por la Tate St Ives en colaboración con el Museo Nacional de Arte de Lituania. La muestra está comisariada por Anne Barlow, directora de la Tate St Ives, y la historiadora del arte Elona Lubytė, curadora de la colección de escultura del museo lituano. En el equipo curatorial participan también Dara McElligott, curadora adjunta de la Tate St Ives, e Ieva Mazūraitė-Novickienė, coordinadora de proyectos del museo de Vilna.
Con esta retrospectiva, la institución británica recupera la figura de una artista que exploró durante décadas la posibilidad de transformar la arquitectura en experiencia sensorial y en espacio para imaginar otras formas de vida.









