El proyecto reúne a más de trescientos jóvenes de Catalunya, Lituania y Rumanía, que han construido un retrato generacional a través de fotografía, cine, textos y música. Comisariada por la asociación cultural A Bao A Qu —integrada por Núria Aidelman, Laia Colell, Anna Fabra y Agnès Sebastià— junto con la investigadora y comisaria Érika Goyarrola, la muestra propone una inversión de perspectiva: no es la mirada adulta la que describe a la juventud, sino los propios jóvenes quienes se narran.
El resultado es un retrato coral y en primera persona en el que las fotografías, las filmaciones y los escritos funcionan como fragmentos de un mismo relato. Un mosaico de experiencias que explora inquietudes, aspiraciones y temores compartidos por quienes se encuentran en ese umbral vital que son los diecisiete años. La exposición aspira también a cuestionar los prejuicios que con frecuencia pesan sobre la adolescencia y a abrir un punto de fuga frente a los códigos de representación que suelen encasillar la manera en que los jóvenes pueden mostrarse.
La iniciativa es fruto de un proceso de creación colectiva en el que los participantes han trabajado acompañados por fotógrafos, artistas, cineastas y dramaturgos. Entre quienes han colaborado en ese proceso se encuentran las fotógrafas Ingrid Ferrer, Tanit Plana, Mònica Roselló y Berta Vicente Salas, así como creadores como Xavier Bobés, Jaume Claret Muxart, Raquel Cors, Pep Garrido, Mikel Gurrea, Martí Madaula, Sergi Portabella y Jaime Puertas Castillo. Más que dirigir el resultado final, su papel ha sido facilitar herramientas para que los jóvenes elaboren su propio lenguaje visual y narrativo.
La exposición incluye además diversas instalaciones concebidas en colaboración con los participantes. Entre ellas destacan dos piezas sonoras de Xavier Bobés y Albert Coma, un proyecto audiovisual firmado por Martí Madaula y un mural de la ilustradora Núria Inés (Tintafina). A estas propuestas se suma una película desarrollada dentro del proyecto Cinema en curs —impulsado por A Bao A Qu— y montada junto a la cineasta Meritxell Colell.
El recorrido culmina con una instalación audiovisual que reúne composiciones musicales creadas por algunos de los jóvenes participantes y por la entidad Xamfrà, así como una pieza realizada por estudiantes del Institut de Tècniques Audiovisuals i de l’Espectacle (ITAEB). De este modo, la exposición amplía el lenguaje expositivo tradicional y construye un paisaje sensorial donde imagen, sonido y palabra dialogan entre sí.
El origen conceptual de la muestra se encuentra en un gesto artístico que tuvo lugar hace siete décadas. La exposición toma como referencia el libro Wij zijn 17, publicado en 1955 por el fotógrafo neerlandés Johan van der Keuken, quien entonces tenía la misma edad que los jóvenes retratados. Aquella obra reunía treinta retratos de amigos del autor y sorprendió por la madurez y franqueza de sus imágenes.
Las fotografías de ese libro —que se presentan ahora por primera vez en Barcelona— generaron una fuerte controversia en su momento. Revistas, periódicos e incluso púlpitos reaccionaron con indignación ante aquellas imágenes en las que los jóvenes no aparecían riendo, jugando o representando el ideal optimista que la sociedad esperaba ver. Su actitud introspectiva y su libertad expresiva contradecían la imagen oficial de la juventud que la cultura dominante pretendía proyectar.
Con su gesto, Van der Keuken inauguró una forma radical de representación: la juventud hablándose a sí misma. Setenta años después, el proyecto del CCCB retoma esa misma intuición y la traslada a un contexto completamente distinto, marcado por la hiperproducción de imágenes y la omnipresencia de las redes sociales.
La exposición está concebida además como un espacio habitable, no únicamente como un lugar de contemplación. Elementos escenográficos, lumínicos e instalativos invitan a los visitantes a detenerse en el acto de mirar y a preguntarse desde dónde se construye esa mirada. El público puede recorrer la muestra libremente, escuchar conversaciones, leer textos, tumbarse en determinados espacios o incluso escribir mensajes dirigidos a otros visitantes.
El itinerario expositivo se despliega así como un recorrido abierto que pone en diálogo las obras realizadas por los jóvenes participantes con las imágenes históricas de Van der Keuken. En el eje central de la exposición emerge la intensidad propia de los diecisiete años: una etapa marcada por descubrimientos y primeras experiencias, pero también por miedos y por la confrontación con un futuro incierto.
A lo largo de diferentes ámbitos, los jóvenes muestran sus espacios cotidianos, comparten conversaciones con amigos que se prolongan hasta la noche y reflexionan sobre los deseos y temores que proyectan hacia el porvenir. Cada fragmento funciona como una invitación a observar sin prejuicios y a reconocer la complejidad de una edad en la que el “yo” y el “nosotros” adquieren nuevos significados.
El proyecto forma parte de la iniciativa europea “Tenim 17 anys. Mums 17. Avem 17 ani”, impulsada por A Bao A Qu en colaboración con las entidades Meno Avilys (Lituania) y Contrasens (Rumanía), y desarrollada con el apoyo del programa Europa Creativa.
Más que una exposición sobre la adolescencia, “Tenemos diecisiete años” se plantea como un acto de afirmación colectiva. Un lugar donde la juventud no aparece como objeto de observación, sino como sujeto que mira, piensa y se pronuncia. Una declaración en plural que, como en el libro de Van der Keuken, sigue resonando hoy con una sorprendente fuerza política y emocional.









