El actor argentino Lautaro Delgado pone su cuerpo —literalmente— al servicio de otra voz: la de Guillermo Fernández, también actor, superviviente de la dictadura militar argentina y testigo clave en uno de los procesos judiciales más decisivos de la historia reciente del país. Fernández fue detenido y torturado en la Mansión Seré, uno de los centros clandestinos de detención activos entre 1976 y 1983, y logró escapar. Años después, su declaración quedó registrada en el histórico Juicio a las Juntas, que sentó en el banquillo a los responsables de crímenes de lesa humanidad.
Ese testimonio grabado —no recreado, no interpretado— es el corazón de Seré. Delgado no “dice” el texto: lo encarna. Como un muñeco consciente, se deja habitar por una voz ajena que emerge desde los altavoces y toma posesión de su gesto, de su respiración, de su desplazamiento en escena. La ventriloquia aquí no es un truco, sino un dispositivo político: alguien presta el cuerpo para que otro, al que intentaron borrar, vuelva a hablar.
Estrenada en Buenos Aires en 2024, la obra está codirigida por el propio Delgado y por la actriz y directora Sofía Brito, ambos autores de la dramaturgia. La puesta en escena reduce el artificio al mínimo indispensable: una silla, un micrófono de pie, una mesa con objetos. Nada distrae de lo esencial. Al inicio, el intérprete permanece sentado, casi inmóvil, como si habitara una sala de interrogatorios. A medida que avanza la grabación, el cuerpo empieza a responder: reproduce la detención, el encierro, la violencia, la espera. No ilustra el relato; lo traduce en acción física, lo vuelve presente sin estetizar el horror.
Seré se articula así como una ceremonia de escucha. Una obra que confía en la potencia de la palabra dicha —y grabada— como herramienta de justicia y memoria. “El eje es el poder de la palabra”, ha señalado Delgado. La palabra que permitió identificar a los culpables, sostener las condenas, romper el silencio. La palabra como acto de resistencia frente al olvido programado.
La crítica argentina subrayó con unanimidad la singularidad y la fuerza del montaje. Alejandra Varela escribió en Revista Ñ que el cuerpo de Delgado “le concede protagonismo absoluto a la voz de Fernández”, y que ese relato de supervivencia resulta “tan demoledor como luminoso”. Carlos Ulanovsky, en Tiempo Argentino, destacó la conjunción de ventriloquia, precisión actoral y dirección escénica como una “ceremonia” de intensa actualidad política y moral.
En Madrid, Seré llega como un recordatorio incómodo y necesario: que la violencia estatal no es un capítulo cerrado, que la memoria no es un archivo muerto y que el teatro, cuando renuncia al ornamento y se alinea con la verdad, puede convertirse en un espacio de restitución. Un cuerpo habla con la voz de otro. Y en ese gesto, lo que se devuelve no es solo un testimonio, sino una dignidad arrancada a la fuerza y recuperada, por fin, en escena.
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1 comentario en ““Seré”: la ventriloquia como acto de justicia escénica”
Acabamos de ver la representación en teatros del canal en Madrid. (13/02/2026). ¡Ha sido espléndida!.
La capacidad y el talento del actor para representar al personaje, encarnar su sensibilidad y transmitir a la vez de manera dramática, irónica y con humor fino y elegante una situación real y desumanizante ha sido magnífica.
Muy generoso el actor y con gran talento.
La obra es absolutamente recomendable.
Muy bien por teatros del canal habérnos permitido asistir.