La obra tuvo su première mundial en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, lo que supuso además el debut de Petzold en el certamen francés. Un hecho significativo en la trayectoria del director, históricamente más asociada al Festival Internacional de Cine de Berlín, donde obtuvo el Oso de Plata por su película El cielo rojo.
En España, el largometraje se presentó dentro de la Sección Oficial de la Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci), y su recorrido continuará en el D’A Film Festival Barcelona, que se celebrará entre el 19 y el 29 de marzo. El festival barcelonés dedicará una retrospectiva al cineasta alemán, dentro de la cual tendrá lugar también el estreno catalán de la película.
El film está protagonizado por Paula Beer, intérprete estrechamente vinculada al universo creativo del director. Espejos n.º 3 añade un nuevo capítulo a una colaboración que ya ha dado lugar a títulos como En tránsito, Ondina o El cielo rojo, disponibles en la plataforma Filmin.
En la película, Beer interpreta a Laura, una joven estudiante de piano que vive en Berlín y que sobrevive de forma casi milagrosa a un accidente de tráfico en el que pierde la vida su pareja. Aunque su cuerpo sale indemne del choque, el impacto emocional del suceso la deja profundamente alterada.
Tras el accidente, una mujer que presenció el suceso decide acoger a Laura en su casa durante unos días. En ese espacio doméstico comienza a gestarse una relación inesperada. Poco a poco, la joven se integra en la vida cotidiana de la familia que la recibe —compuesta por la mujer, su marido y su hijo adulto— y entre ellos surge una proximidad extraña, casi suspendida.
Sin embargo, esa aparente tranquilidad pronto empieza a resquebrajarse. Bajo la superficie del hogar emergen viejas heridas y secretos ocultos que amenazan con alterar el frágil equilibrio que sostiene la convivencia.
Considerado uno de los nombres centrales de la llamada Escuela de Berlín (cine alemán contemporáneo), Petzold continúa en esta película su indagación en relatos íntimos atravesados por la memoria, el misterio y las identidades en tránsito.
El propio director ha explicado que Espejos n.º 3 forma parte de un proyecto más amplio dedicado a la idea del “reencantamiento”, junto con Ondina y El cielo rojo. Su propósito era abordar historias de amor y transformación en contextos aparentemente poco propicios para la épica emocional.
Según el cineasta, narrar una historia de amor en París puede resultar relativamente sencillo, pero hacerlo en Alemania, en noviembre, en las afueras de una ciudad, exige reinventar el imaginario romántico. Para lograrlo, Petzold recurrió a elementos como los cuentos, las canciones de cuna y la tradición cinematográfica, intentando devolver una dimensión poética al mundo cotidiano.
Ambientada en un entorno rural alemán, la película despliega un relato sobre la fragilidad de los lazos humanos y la posibilidad de reparar aquello que parecía irremediablemente quebrado.
El encuentro entre Laura y la mujer que la acoge articula una historia donde dos figuras atravesadas por la pérdida encuentran en la convivencia una forma inesperada de reconstrucción emocional. Desde esa premisa, el duelo deja de ser únicamente un estado de clausura para convertirse en un espacio desde el que recomponer la relación con el mundo.
Petzold ha señalado que, al concebir la película, pensaba en personas profundamente traumatizadas, incapaces de percibir la realidad que las rodea. En ese estado, explica, los sentidos se cierran: nada entra, la mente se convierte en una especie de prisión. La película propone, precisamente, volver a abrir esas ventanas perceptivas, permitir que la experiencia vuelva a circular.
El título original del largometraje, “Miroirs No. 3”, procede de una pieza para piano del compositor francés Maurice Ravel que Petzold escuchaba mientras escribía el guion. La obra incluye el subtítulo Une barque sur l’océan, una imagen que quedó grabada en la imaginación del director e influyó incluso en la concepción visual de la escena inicial.
En la película, la música no aparece como mero acompañamiento emocional. Forma parte de la estructura interna del relato, vinculándose siempre a gestos, lugares o momentos específicos.
Durante el proceso creativo, Petzold compartió con los intérpretes textos del filósofo Werner Hamacher dedicados al escritor romántico Heinrich von Kleist. Aquellas reflexiones le ayudaron a pensar sobre la vulnerabilidad de las relaciones humanas.
Uno de esos textos comparaba la literatura con vivir bajo una bóveda frágil que podría derrumbarse en cualquier momento. Para el cineasta, esa imagen resume también el núcleo conceptual de Espejos n.º 3: una pequeña comunidad de personas que comparten un espacio inestable, donde todo podría romperse en cualquier instante, pero donde, aun así, algo —una presencia, un gesto de cuidado— logra sostener el equilibrio.









