La película reconstruye la historia real que estremeció a la opinión pública internacional: la muerte de Hind Rajab, una niña palestina de seis años asesinada por el ejército israelí en Gaza. A partir de este suceso, la directora articula un relato que combina el uso de una grabación sonora auténtica con la recreación cinematográfica del drama, situando la película en un territorio híbrido entre el testimonio documental y la representación narrativa.
El filme llegó a las salas españolas en noviembre distribuido por Caramel Films y LaZona Pictures, y desde entonces ha desarrollado un notable recorrido internacional. Además de su candidatura al Óscar, la obra ha sido nominada a los Globos de Oro y a los Premios BAFTA en la categoría de mejor película de habla no inglesa. En el circuito de festivales también ha cosechado importantes reconocimientos: obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Venecia y el Premio del Público en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián.
El relato se remonta al 29 de enero de 2024, cuando voluntarios de la Media Luna Roja Palestina recibieron una llamada desesperada. Al otro lado de la línea estaba Hind Rajab, atrapada en un coche bajo fuego en la ciudad de Gaza. La niña suplicaba que alguien acudiera a rescatarla mientras los equipos de emergencia trataban de mantener la comunicación abierta para tranquilizarla y coordinar la ayuda.
La grabación real de aquella llamada constituye el núcleo emocional de la película. Durante horas, la niña implora asistencia mientras permanece dentro del vehículo, rodeada por los cuerpos sin vida de sus familiares. “Tengo mucho miedo, por favor, vengan”, se escucha decir en uno de los fragmentos que el filme recupera.
Hind viajaba junto a su tío, su tía y varios primos cuando el automóvil fue tiroteado mientras intentaban huir de las fuerzas israelíes que avanzaban en la zona. Según el relato que recoge la película, la niña permaneció durante aproximadamente tres horas en comunicación con los servicios de emergencia.
La Media Luna Roja Palestina, organización humanitaria equivalente a la Cruz Roja, envió una ambulancia para socorrerla. Sin embargo, el vehículo sanitario fue posteriormente atacado y se perdió el contacto con la menor.
Nebal Farsakh, portavoz de la organización, denunció que el ataque se produjo a pesar de que existía una coordinación previa con el ejército israelí para permitir que la ambulancia llegara al lugar y pudiera rescatar a la niña. Cuando el caso de Hind Rajab se hizo público, Kaouther Ben Hania se encontraba en Los Ángeles promocionando su anterior película. Al escuchar fragmentos de la llamada telefónica, comprendió inmediatamente que aquel material contenía algo que excedía el ámbito de una noticia. Según ha explicado la directora, escuchar a Hind era escuchar, de alguna manera, la voz misma de Gaza.
Lo que más la perturbó no fue únicamente la violencia del episodio, sino el silencio que pareció instalarse después en la conversación internacional. Ante esa sensación de vacío, Ben Hania recurrió al único instrumento que, según sus propias palabras, posee: el cine.
Su intención era preservar una voz antes de que quedara sepultada por el flujo constante de tragedias contemporáneas. La película se convierte así en un gesto de resistencia frente al olvido y en un intento de fijar en la memoria colectiva un momento que, a su juicio, el mundo no debería olvidar. Antes de iniciar el rodaje, la directora decidió ponerse en contacto con la madre de Hind para pedirle autorización para contar la historia. La mujer aceptó y compartió con la cineasta numerosos recuerdos de su hija: su carácter, sus sueños y la forma particular en que reía. Ese intercambio de memorias personales dio una dimensión diferente al proyecto.
Ben Hania ha explicado que percibió en ese gesto una voluntad clara de mantener viva la presencia de la niña, de impedir que su historia quedara reducida a una simple noticia más dentro de una tragedia mayor. De ese diálogo nace uno de los ejes centrales de la película: la memoria como forma de resistencia frente al anonimato que suele envolver a las víctimas civiles de los conflictos armados.
“La voz de Hind”, sostiene la directora, también plantea una reflexión sobre la responsabilidad compartida: sobre cómo los sistemas fallan a los niños que viven en Gaza y sobre el papel que desempeña el silencio internacional en la prolongación de la violencia. La trayectoria de Kaouther Ben Hania se ha caracterizado por una exploración constante de los límites entre el cine documental y la ficción.
Su película más reciente antes de este proyecto, Las cuatro hijas, fue nominada al Premio Óscar al mejor largometraje documental en 2024 tras su presentación en el Festival de Cannes. La obra recibió numerosos reconocimientos internacionales y fue distribuida en más de cuarenta territorios.
Anteriormente, su largometraje El hombre que vendió su piel también obtuvo una nominación al Óscar en la categoría de mejor película internacional en 2021, representando a Túnez. A lo largo de su carrera, todas sus películas han pasado por festivales de primer nivel como los de Cannes, Venecia o Locarno, así como por importantes encuentros internacionales dedicados al cine documental.
Con “La voz de Hind”, que constituye su sexto largometraje, la directora vuelve a situar su trabajo en ese espacio híbrido donde el cine funciona simultáneamente como testimonio, memoria y gesto político. En última instancia, la película no pretende ofrecer una respuesta definitiva a la violencia que retrata. Su gesto es otro: preservar una voz. Una voz infantil que durante horas pidió ayuda desde un coche rodeado de muerte y que ahora, transformada en cine, se resiste a desaparecer en el ruido del mundo.









