Será la primera vez que la Cámara Baja dedique un acto institucional de estas características a Pau Casals en esa jornada simbólica. El gesto incorpora una dimensión cultural y política evidente. No se trata únicamente de recordar a uno de los grandes nombres de la música del siglo XX, sino de reconocer la vigencia de una biografía atravesada por la defensa de la libertad, la democracia, los derechos humanos y la paz. En tiempos marcados por nuevas fracturas internacionales, el regreso de Casals al espacio parlamentario adquiere una resonancia que va más allá de la efeméride.
El homenaje forma parte del programa oficial Casals 150, impulsado por la Fundación Pau Casals y la Generalitat de Catalunya, y reconocido por el Gobierno de España como Acontecimiento de Excepcional Interés Público. La conmemoración se inició el 13 de abril de 2026 y se prolongará hasta octubre de 2027, con una programación amplia que incluye conciertos, exposiciones, proyectos educativos, producciones audiovisuales, contenidos digitales y actividades culturales en España y en distintos países. Su propósito no se limita a celebrar una trayectoria irrepetible. Aspira a reactivar el pensamiento de Casals, ampliar la proyección internacional de su legado y acercar su figura a nuevas generaciones.
Casals pertenece a esa estirpe de creadores cuya importancia no puede medirse únicamente desde la técnica. Fue un violonchelista excepcional, capaz de transformar la percepción moderna de su instrumento; un director y compositor de referencia; un maestro atento a la transmisión del conocimiento musical; y un humanista que nunca separó el arte de la responsabilidad pública. Su biografía demuestra que la belleza, cuando alcanza cierta altura moral, deja de ser ornamento y se convierte en lenguaje de resistencia.
Esa dimensión explica su relación con Naciones Unidas. Casals fue invitado en varias ocasiones por la organización internacional como músico y defensor de la paz, en 1958, 1963, 1971 y 1973. El episodio más emblemático tuvo lugar el 24 de octubre de 1971, cuando estrenó en la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, el ‘Himno a las Naciones Unidas’, una obra encargada por la propia institución. Al término del acto, el secretario general U Thant le entregó la Medalla de la Paz de Naciones Unidas. Aquel momento condensó una idea que sigue siendo central en su legado: la música podía hablar allí donde la diplomacia muchas veces quedaba atrapada en sus propios límites.
El acto del Congreso será presidido por la presidenta de la Cámara y contará con la asistencia de diputados y diputadas, autoridades y representantes del ámbito institucional, cultural, social y económico. La música, la voz de Casals y la conexión entre su pensamiento y la actualidad internacional articularán una celebración concebida como homenaje y como mensaje. No habrá únicamente memoria, sino una reivindicación explícita de aquellos valores que Casals defendió durante toda su vida.
Uno de los momentos más significativos será la presencia sonora del violonchelo Goffriller, construido en 1733 y perteneciente a Pau Casals. El instrumento, cargado de memoria artística e histórica, sonará en el Hemiciclo en manos del joven violonchelista Ettore Pagano, ganador de la última edición del Queen Elisabeth Competition. Le acompañará al piano Yoko Suzuki. La imagen posee una fuerza simbólica evidente: el instrumento de Casals, en un espacio de representación democrática, interpretado por una nueva generación de músicos. La conmemoración deja así de mirar únicamente hacia el pasado y se proyecta hacia una continuidad viva.
Con este homenaje, el Congreso de los Diputados se incorpora a la conmemoración internacional del 150.º aniversario del nacimiento de Pau Casals y formula, desde la institución, una declaración en favor de la paz. El gesto recuerda a un músico esencial, pero también a un ciudadano que convirtió su prestigio en una forma de compromiso. Casals no entendió la cultura como refugio neutral ni como territorio ajeno a la realidad. La concibió como una energía capaz de sostener la dignidad humana cuando el mundo parecía empeñado en destruirla.
Su legado permanece vigente precisamente por esa mezcla de belleza y conciencia. En Pau Casals, el arte no suaviza la historia: la interpela. Su violonchelo no fue solo un instrumento de perfección sonora, sino una voz moral. Por eso, siglo y medio después de su nacimiento, su figura conserva una extraña actualidad. Frente al ruido de la violencia, la indiferencia y la resignación, Casals sigue recordando que la cultura puede ser una forma de paz activa, una disciplina de la esperanza y una defensa radical de lo humano.









