Creada e interpretada por el propio Martín, responsable también de las visuales y del espacio sonoro, la obra examina los estados del sueño mediante un dispositivo que registra el movimiento del bailarín y lo proyecta en tiempo real. La imagen deja así de funcionar como acompañamiento para incorporarse a la propia arquitectura coreográfica: cuerpo físico y cuerpo proyectado conviven, se responden y alteran la percepción de aquello que sucede sobre el escenario.
La pregunta que articula el proyecto contiene buena parte de su extrañeza: «¿Qué objetos y realidades nos sueñan?». Martín invierte con ella la lógica habitual del sueño. El individuo ya no aparece necesariamente como propietario de sus imágenes interiores, sino también como una materia expuesta a fuerzas, recuerdos, objetos y estructuras que continúan operando cuando la razón pierde parte de su dominio.
‘RÆM las aguas mentales’ se sitúa precisamente en esa frontera. El sueño es abordado como un fenómeno corporal y cultural, pero también como un territorio en el que la percepción del tiempo, la identidad y la realidad puede volverse inestable. La danza intenta hacer visible esa inestabilidad sin traducirla a un relato cerrado. Movimiento, sonido y proyección construyen un espacio donde lo tangible empieza a contaminarse de aquello que únicamente puede intuirse.
La pieza prolonga una pregunta que atraviesa el trabajo de Martín: cuánto sabe el cuerpo antes de que la conciencia encuentre palabras para explicarlo. En su práctica, la danza no aparece únicamente como disciplina escénica, sino como herramienta de conocimiento. El movimiento permite localizar automatismos, tensiones y formas de percepción que habitualmente permanecen por debajo del lenguaje.
Ese interés adquiere en ‘RÆM’ una dimensión especialmente fértil. Si durante la vigilia el cuerpo parece sometido a una organización reconocible del espacio y del tiempo, el sueño introduce otra física. Las imágenes se deforman, las escalas cambian, las asociaciones sustituyen a la causalidad y aquello que parecía estable comienza a perder consistencia. Martín traslada esa lógica al escenario sin intentar reproducir literalmente un sueño. Su investigación se concentra, más bien, en las condiciones que permiten que esa experiencia emerja.
El proyecto comenzó a desarrollarse a principios de 2025 y ha recorrido diferentes contextos de investigación y creación. Ha contado con residencias artísticas en el Auditorio de Tenerife, el Centro Galego de Arte Contemporánea y el Centro Coreográfico Canal, además de una residencia de investigación en Graner, en Barcelona, vinculada al estudio teórico y práctico de las denominadas ‘tecnologías somáticas’.
Durante ese proceso se produjeron también encuentros con creadoras como Ana Vallés y Mónica Valenciano, junto a presentaciones y aperturas públicas que permitieron confrontar la investigación con espectadores antes de alcanzar su configuración actual. Entre esos espacios figuran Carme Teatre, en Valencia, Les Rencontres Chorégraphiques de Casablanca y el festival FAM del Auditorio de Tenerife.
La metodología resulta coherente con una práctica artística que Javier Martín desarrolla desde 2005 y que desborda los límites estrictos de la coreografía. Su trabajo combina creación escénica, escritura, investigación, laboratorios, seminarios y conferencias, dentro de una concepción transdisciplinar alimentada por su formación en Química Cuántica y bellas artes y por un interés continuado en la filosofía.
Martín reúne bajo el término ‘somateca’ una investigación sobre aquello que el cuerpo conserva, aprende y reproduce a través del movimiento. Bailar supone entonces interrogar ese depósito silencioso y observar hasta qué punto nuestros gestos contienen también hábitos, experiencias y maneras adquiridas de relacionarnos con el entorno.
En más de dos décadas de trayectoria ha desarrollado más de treinta obras, entre ellas ‘beltenebros’, ‘el punto impropio A/S/V’, ‘Figuras del umbral’, ‘Teorema’, ‘SOMA’ y ‘método negro’, presentadas en distintos países de Europa, América, África y Asia. Su práctica ha generado además colaboraciones con artistas como Oleg Karavaychuk, Mónica Valenciano, Ana Vallés, Sabela Mendoza, Haruna Takebe o Tono Mejuto.
Esa investigación ha encontrado igualmente prolongaciones fuera del escenario. El Museo Universidad de Navarra publicó en 2017 ‘Javier Martín. Cuaderno de creación’, primer catálogo monográfico dedicado a su trabajo, mientras que la película ‘Quiasma’, dirigida por Tono Mejuto, siguió su universo coreográfico y desarrolló posteriormente un recorrido internacional. En 2024, la plataforma De Corpos Presentes publicó su poemario visual ‘materia resonante’.
‘RÆM las aguas mentales’ condensa ahora varias de esas líneas de investigación alrededor de una experiencia universal y, sin embargo, difícil de capturar. Todos dormimos, todos soñamos, pero el sueño sigue resistiéndose a convertirse en un territorio completamente descifrable. Javier Martín no intenta resolver ese enigma. Prefiere situar el cuerpo dentro de él.
Porque quizá la cuestión no consista únicamente en preguntarnos qué soñamos cuando cerramos los ojos, sino qué permanece actuando sobre nosotros cuando creemos haber dejado de mirar.









