La programación reúne cine, videoclips, piezas breves, encuentros y un workshop para recorrer una práctica artística que ha encontrado en la imagen en movimiento uno de sus territorios más fértiles. Jalet ha trabajado en proyectos donde la coreografía abandona su condición de acompañamiento para intervenir en la construcción dramática y visual de la obra, desde el cine de autor hasta el videoclip o los grandes espectáculos musicales.
Su proyección internacional se ha intensificado durante los últimos años. Participó como coreógrafo en ‘Emilia Pérez’, de Jacques Audiard, trabajó como asesor creativo y coreógrafo junto a Madonna en ‘The Celebration Tour’ y posteriormente en ‘Confessions II’, y asumió también la coreografía de ‘STORM’, videoclip del rapero Yung Lean. Trayectorias aparentemente alejadas comparten, sin embargo, una misma pregunta: qué puede ocurrir cuando el movimiento deja de ilustrar una escena y comienza a modificar su significado.
En la obra de Jalet, el cuerpo aparece sometido a tensiones físicas y simbólicas. Puede ser arrastrado por una fuerza, quedar atrapado en una estructura colectiva, adquirir una dimensión ceremonial o entrar en conflicto con el espacio que lo contiene. Lo sagrado, lo político y lo ritual no aparecen como temas añadidos desde fuera, sino inscritos en la propia organización del movimiento. El ciclo madrileño permite observar esa lógica desde registros muy diferentes.
Cineteca proyectará ‘Suspiria’ (2018), de Luca Guadagnino, película donde la danza funciona como lenguaje secreto dentro de un universo dominado por el aquelarre, el deseo y la violencia. También podrá verse ‘Emilia Pérez’ (2024), de Jacques Audiard, cuya utilización del musical sitúa el cuerpo y la canción dentro de una narración deliberadamente inestable en términos de género y representación.A ellas se sumará una selección de videoclips y cortometrajes que muestra la capacidad de Jalet para condensar su vocabulario corporal en formatos breves, además de dos trabajos menos conocidos. ‘The Ferryman’ (2016), dirigido por Gilles Delmas, construye un territorio visual donde Jalet desarrolla un imaginario compartido con figuras como Marina Abramović y Ryuichi Sakamoto. ‘DuEls’ (2024), de Jonas Åkerlund, traslada la acción al Museo Vigeland de Oslo y establece un diálogo entre las coreografías de Jalet y Erna Ómarsdóttir y las esculturas de Gustav Vigeland. El cuerpo vivo entra así en confrontación con otro cuerpo, inmóvil y mineral, concebido décadas antes.
La programación se prolongará fuera de la pantalla. Tras la sesión del viernes 11 de septiembre, Cineteca y Centro Danza Matadero celebrarán un coloquio en la Sala Azcona. Al día siguiente, Jalet conversará con el cineasta Carlos Marqués-Marcet en la Sala Plató sobre las relaciones entre movimiento, espacio y lenguaje cinematográfico.
Ese mismo 12 de septiembre, el coreógrafo impartirá en Centro Danza Matadero un workshop de tres horas dirigido a bailarines, coreógrafos y cineastas. El punto de partida será el plano secuencia, entendido no únicamente como recurso técnico, sino como construcción coreográfica. La cámara deberá moverse con la misma precisión que el intérprete: encuadre y cuerpo serán tratados como dos elementos sometidos a una misma partitura.
El ciclo funciona además como prólogo de uno de los principales acontecimientos de la próxima temporada del centro. Del 21 al 23 de enero de 2027, ‘Mirage’ inaugurará la nueva programación de Centro Danza Matadero y supondrá el estreno en España de la primera creación de Jalet para el Ballet del Gran Teatro de Ginebra, dirigido por Sidi Larbi Cherkaoui.
La obra prolonga también su colaboración con el artista japonés Kohei Nawa. Será el cuarto proyecto conjunto de ambos creadores, cuyas disciplinas han encontrado desde hace años un punto de contacto en la transformación de la materia. Nawa trabaja desde una concepción dinámica de la escultura; Jalet, desde un cuerpo cuya estabilidad parece siempre provisional.
En ‘Mirage’, ambos vuelven a enfrentarse a una naturaleza en mutación constante. El cuerpo humano entra en relación con distintos materiales y deja de presentarse como una forma autónoma para convertirse en algo vulnerable a aquello que lo rodea. Danza y escultura pierden entonces parte de sus fronteras tradicionales: una adquiere volumen, la otra movimiento. Esa contaminación entre lenguajes permite entender también la lógica del ciclo madrileño. ‘Suspiria’, ‘Emilia Pérez’, ‘The Ferryman’, ‘DuEls’, los videoclips y el trabajo sobre el plano secuencia no forman únicamente una retrospectiva parcial de Damien Jalet. Funcionan como distintas pruebas de una misma hipótesis.
Para Jalet, coreografiar no consiste simplemente en decidir cómo debe moverse un cuerpo. Consiste en alterar la relación entre ese cuerpo, el espacio y la mirada que intenta fijarlo.









