Maldonado firma la idea original, la coreografía, la dirección escénica y musical, además de asumir el baile y la pintura. El punto de partida es un espacio prácticamente desnudo: un lienzo blanco sobre el que el movimiento comienza a dejar rastros. Brazos, torso y extremidades intervienen directamente en la creación plástica, mientras pañuelos y abanicos prolongan el cuerpo y amplían las posibilidades del trazo.
La pintura no comparece aquí como un adorno escénico ni como un recurso paralelo al flamenco. Nace del propio desplazamiento del intérprete. Cada acción deposita una huella y transforma el impulso coreográfico en materia visible. El cante, la guitarra, la percusión y el taconeo construyen al mismo tiempo un paisaje sonoro que acompaña esa progresiva ocupación del espacio.
‘Guacamayo’ articula además una transformación que conduce al intérprete de lo humano a lo animal. Maldonado avanza hacia la figura del ave que da título a la obra, mientras el escenario abandona su blancura inicial para adquirir la densidad y el color de un bosque amazónico. El origen de esa imagen se encuentra en un sueño del propio creador: un guacamayo cuyo plumaje contenía todos los colores necesarios para pintar sin recurrir a pinceles ni pigmentos externos. De esa visión procede una de las ideas centrales de la pieza: la posibilidad de que el cuerpo albergue ya las herramientas de su propia creación. La música original corresponde a Juan Gómez ‘Chicuelo’, que interpreta la guitarra en directo. Completan el reparto la cantaora Ana Brenes y el percusionista Jacobo Sánchez, junto a Maldonado en el centro de una propuesta concebida desde la convivencia entre lenguajes.
Esa relación entre movimiento y artes visuales no aparece ahora como un gesto aislado. Forma parte de una investigación que José Maldonado (Barcelona, 1985) viene desarrollando desde hace años. Formado en danza española y flamenco en el Conservatorio Profesional de Danza del Institut del Teatre, comenzó muy joven su trayectoria profesional y ha trabajado con figuras como Antonio Canales, Javier Latorre, Rafaela Carrasco, Manuel Liñán, Rocío Molina, María Pagés, Carmen Cortés, El Güito, Blanca Li, Belén López y Alfonso Losa.
En 2013, su coreografía ‘Mojácar’ fue reconocida en el Certamen de Danza Española y Flamenco de Madrid. Aquel momento coincidió también con la creación de su propia compañía y con el inicio de una búsqueda cada vez más orientada hacia la dramaturgia y las artes visuales, especialmente una pintura que Maldonado ha desarrollado de manera autodidacta.
‘Bodegón’ hizo particularmente visible esa línea al situar el propio proceso creativo en el centro de la escena. La obra recibió en 2019 el Premio Artista Revelación del Festival de Jerez. Más adelante, ‘Galería’ profundizó en ese diálogo a través de un recorrido inspirado en Manuel de Falla, Federico García Lorca, Salvador Dalí y Carmen Amaya, combinando baile, pintura realizada en directo y recursos audiovisuales. La dimensión plástica reaparece asimismo en ‘Monstruos del Flamenco’, proyecto construido mediante collage y fragmentos de figuras históricas del género recompuestos para producir nuevas identidades visuales. ‘Guacamayo’ prolonga ahora ese itinerario y lleva su lógica un paso más lejos. Maldonado no reúne simplemente pintura y flamenco en un mismo escenario: intenta borrar la frontera entre ambos. El baile produce imagen, la imagen conserva el movimiento y el cuerpo termina por transformarse en aquello que pinta. Bajo el plumaje del guacamayo permanece, en el fondo, una investigación sostenida durante años: encontrar una forma de hacer visible lo que el flamenco escribe en el espacio antes de desaparecer.









