Esa filosofía adquiere una dimensión particular en su trabajo constante al frente de la Fundación Casa de México en España. Bajo su dirección, la institución ha desarrollado durante 2026 una programación que relaciona la creación contemporánea con el patrimonio, la educación y la actividad empresarial. Su alcance resulta especialmente significativo cuando las exposiciones facilitan el acceso a colecciones privadas, las alianzas institucionales abren posibilidades de formación a profesionales mexicanos y las iniciativas culturales favorecen nuevas relaciones entre ambos países.
Detrás de esa actividad existe una manera de entender la gestión que concede tanta importancia a los proyectos como a las personas que pueden beneficiarse de ellos. La experiencia profesional de Caraza en los ámbitos empresarial y diplomático ha contribuido a configurar un modelo que relaciona sectores tradicionalmente separados. Su planteamiento reconoce que la cultura necesita recursos económicos y que la actividad empresarial también puede enriquecerse mediante el conocimiento artístico e intelectual.
La programación expositiva de 2026 permite comprender esta orientación. La Fundación presentó ‘Rebeldías vanguardistas del siglo XX. Obras de la colección Vicky y Marcos Micha Levy’, una iniciativa que reunió cien obras de una colección privada mexicana que se presentaba por primera vez en Europa. A esta propuesta se sumaron ‘Espectros. Enigmas de la mirada’, dedicada a la fotografía contemporánea mexicana, que reunió obras de siete fotógrafos bajo el comisariado de Laura González-Flores, y ‘Nube negra’, una instalación de Carlos Amorales compuesta por unas 30.000 mariposas y polillas de papel negro distribuidas por distintos espacios del edificio.
La convivencia de estas manifestaciones responde a una programación interesada en ampliar el conocimiento de la creación mexicana mediante perspectivas diferentes. La fotografía, las vanguardias y las instalaciones contemporáneas permiten aproximarse a una producción artística cuya diversidad difícilmente puede representarse mediante las imágenes tradicionalmente asociadas al país.
Ese propósito encuentra continuidad en ‘Fue de día, fue de tarde, fue fantástico’, la exposición que la Fundación inaugura el 29 de septiembre y que podrá visitarse a partir del día 30. La muestra reúne 56 obras de 46 artistas pertenecientes a la colección Isabel y Agustín Coppel y recupera la experiencia del Museo Dinámico, una iniciativa desarrollada entre 1962 y 1967 que propuso nuevas relaciones entre el arte, la arquitectura y sus espectadores. Su presentación en Madrid contribuye a recuperar un episodio poco estudiado de la historia artística mexicana.
Sin embargo, el trabajo desarrollado durante este año adquiere una dimensión especialmente relevante cuando la actividad cultural se relaciona con la formación. En febrero de 2026, la Fundación publicó una convocatoria de hasta 30 becas destinadas al desarrollo del talento mediante estudios y estancias formativas en España. Ese mismo mes abrió otra convocatoria de tres becas de especialización en el Museo Nacional del Prado, con una duración de nueve meses.
Ambas iniciativas permiten comprender una de las principales orientaciones de su gestión. La formación especializada ofrece a los beneficiarios la posibilidad de ampliar sus conocimientos, adquirir experiencia profesional y establecer relaciones con instituciones españolas. Frente a la naturaleza temporal de buena parte de la programación cultural, estos proyectos pueden prolongar sus efectos mediante las trayectorias de quienes participan en ellos.
Caraza también ha anunciado para 2026 el objetivo de conceder aproximadamente 150 becas en distintas modalidades y desarrollar un programa de residencias artísticas que permita a los creadores mexicanos trabajar durante una temporada en Madrid y establecer contactos con galeristas, museógrafos y otros profesionales del sector. Mientras las convocatorias publicadas acreditan actuaciones concretas, el conjunto de iniciativas anunciadas permite identificar la importancia estratégica que la institución concede a la formación y al intercambio profesional.
Esta voluntad de ampliar las oportunidades culturales también se manifiesta en el cine. La tercera Semana del Cine Mexicano, celebrada entre el 25 de junio y el 5 de julio, llevó más de cuarenta títulos a doce espacios de exhibición. Estrenos de ficción, documentales, clásicos restaurados y una retrospectiva dedicada a Silvia Pinal integraron una programación que combinó proyecciones con encuentros profesionales y actividades formativas.
La diversidad de sedes y propuestas permitió aproximar distintas expresiones de la cinematografía mexicana a públicos con intereses diferentes. La iniciativa adquiere así una dimensión que comprende tanto la difusión artística como la generación de espacios de encuentro entre creadores y espectadores.
La literatura ha ocupado igualmente un lugar destacado. La quinta edición de ‘Con Acento’, celebrada en abril, reunió a escritores iberoamericanos mediante una colaboración entre la Fundación Casa de México en España, la Universidad Nacional Autónoma de México y Contemporánea Condeduque. Esta alianza refuerza una red de intercambio que relaciona instituciones académicas, espacios culturales y profesionales del sector editorial, al tiempo que amplía las posibilidades de diálogo entre autores y lectores de ambos lados del Atlántico.
La capacidad para establecer estas colaboraciones constituye uno de los rasgos de la gestión de Caraza. La articulación de organizaciones con ámbitos de actuación diferentes permite desarrollar propuestas que encuentran en la cooperación institucional nuevas posibilidades de continuidad. A esa orientación responde también la atención que Casa de México dedica a las actividades educativas y familiares, destinadas a acercar las distintas manifestaciones culturales mexicanas a públicos de diferentes edades.
La reivindicación del arte popular incorpora otra dimensión al proyecto. A través de ‘Tienda Nómada Hecho a Mano México’, la Fundación acerca al público las obras de maestros artesanos y favorece el contacto directo con sus creadores. La iniciativa también facilita la transmisión de conocimientos mediante talleres y encuentros en los que los propios artesanos comparten sus técnicas y experiencias.
Esta propuesta plantea una cuestión inseparable de la conservación patrimonial: preservar los oficios tradicionales también exige reconocer profesionalmente a quienes los mantienen vivos y favorecer unas condiciones económicas que permitan dar continuidad a su trabajo. La comercialización directa de las piezas introduce, además, una relación entre los creadores y los compradores que contribuye al conocimiento del valor cultural y material de cada obra.
En el ámbito gastronómico, el Sello Copil persigue una finalidad relacionada con esa misma voluntad de reconocimiento. Mediante la distinción de establecimientos especializados en cocina mexicana, la iniciativa promueve el conocimiento de sus tradiciones culinarias y contribuye a diferenciarlas de otras propuestas que frecuentemente se presentan bajo una denominación común. La gastronomía participa así de una estrategia cultural que también comprende la actividad económica y profesional.
Precisamente en la relación entre cultura y empresa se encuentra otro de los elementos que caracterizan el proyecto. La Fundación Casa de México en España organiza encuentros empresariales y actividades profesionales que pueden complementarse con visitas a sus exposiciones y experiencias relacionadas con la gastronomía mexicana. De este modo, las relaciones comerciales entre México y España encuentran un espacio de intercambio que incorpora el conocimiento cultural a su desarrollo.
La actividad realizada durante 2026 permite examinar la gestión de Caraza mediante actuaciones concretas: convocatorias formativas, colaboración entre instituciones, acceso público a colecciones artísticas y programas destinados a ampliar la participación cultural. La relevancia del proyecto reside en la articulación de estas iniciativas dentro de una estructura que relaciona el patrimonio mexicano con la creación contemporánea y las oportunidades educativas y profesionales.
En una época en la que el liderazgo suele confundirse con la exposición pública y el éxito individual, la trayectoria de Ximena Caraza invita a examinar otra forma de ejercerlo. Su aportación reside en haber situado la cultura en un espacio donde confluyen intereses, sensibilidades y aspiraciones diferentes, sin perder de vista a las personas que hacen posible cada proyecto. El verdadero alcance de esa responsabilidad se manifiesta al reconocer que las oportunidades no se distribuyen naturalmente en condiciones de igualdad y que una institución adquiere relevancia cuando contribuye a reducir esas distancias. Su inclusión en la lista de Urban Beat reconoce esa concepción del liderazgo, sustentada en la empatía, la cooperación y la convicción de que el conocimiento compartido puede modificar realidades concretas. Quizá el legado más significativo de su gestión no deba buscarse en aquello que Casa de México consigue representar hoy, sino en lo que sus iniciativas permitirán construir mañana, cuando quienes encontraron allí una oportunidad puedan ofrecerla, a su vez, a otros.









