Google Beam procede de Project Starline, una investigación destinada a reproducir mediante tecnología audiovisual la sensación de mantener una conversación presencial. El sistema combina inteligencia artificial, cámaras especializadas y una pantalla tridimensional que permite percibir la profundidad de las imágenes sin utilizar gafas de realidad virtual.
Su comercialización se desarrolla mediante HP Dimension with Google Beam, un dispositivo concebido para espacios profesionales que integra una pantalla de 65 pulgadas, sistemas avanzados de captación audiovisual y sonido espacial. La tecnología reproduce las expresiones faciales, los movimientos y el contacto visual entre interlocutores situados en lugares diferentes. La experiencia tridimensional inmersiva está diseñada principalmente para encuentros individuales, mientras Google continúa investigando nuevas posibilidades para las reuniones híbridas. El equipo también es compatible con Google Meet y Zoom.
La novedad anunciada en septiembre es su expansión internacional. Los dispositivos han comenzado a distribuirse en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania y Japón mediante una red de dieciocho socios comerciales especializados en su instalación y mantenimiento.
La compañía ha difundido, además, los resultados de una investigación interna desarrollada durante ocho semanas. Según los datos comunicados, los equipos participantes declararon sentirse un 50 % más conectados y encontraron un 33 % más fácil asegurarse de que sus comentarios fueran comprendidos. Asimismo, registraron una reducción del 21 % en la necesidad de celebrar reuniones de seguimiento.
Aunque estos porcentajes describen una experiencia favorable entre los participantes, su procedencia empresarial y las características del estudio impiden extrapolar los resultados al conjunto de las organizaciones.
Entre las compañías que han comenzado a utilizar esta tecnología figura Bain & Company, que ha incorporado Beam a sus procesos de selección. Según explica la consultora, el sistema permite apreciar aspectos del lenguaje corporal, el contacto visual y la comunicación interpersonal que resultan difíciles de evaluar mediante las videoconferencias convencionales. Estas características ayudan a sus responsables a valorar cómo podrían desenvolverse los candidatos en sus futuras relaciones con los clientes. Google también identifica a Netflix y Capital Group entre sus primeros clientes.
Su expansión comercial introduce una cuestión económica que condicionará la adopción. El dispositivo de HP se presentó en junio de 2025 con un precio de lanzamiento de 24.999 dólares, al que debe añadirse la licencia obligatoria de Google Beam. Su contratación se realiza a través de distribuidores autorizados y exige determinadas condiciones técnicas de instalación.
La inversión sitúa inicialmente esta tecnología al alcance de organizaciones capaces de asumir costes considerables. Para las empresas de menor tamaño, su incorporación dependerá de las ventajas demostrables frente a las videoconferencias convencionales y de la rentabilidad que justifique semejante desembolso.
Como alternativa a la adquisición, Google ha anunciado un acuerdo con Industrious, operador internacional de espacios de trabajo flexibles. A partir de octubre, determinadas instalaciones estadounidenses permitirán reservar y utilizar dispositivos Beam en ciudades como Nueva York, Chicago, Atlanta y Palo Alto.
Esta modalidad podría facilitar el acceso puntual a reuniones internacionales, entrevistas o encuentros comerciales sin necesidad de adquirir el equipamiento. Su viabilidad dependerá de las tarifas del servicio, todavía no detalladas en el anuncio consultado, y de su capacidad para responder a las necesidades de cada organización. Mientras Beam intenta aproximar las comunicaciones digitales a la experiencia presencial, Gemini desarrolla una estrategia diferente: reducir la necesidad de alternar entre múltiples aplicaciones para realizar actividades profesionales.
La actualización anunciada el 23 de septiembre incorpora nuevas conexiones con herramientas de productividad, diseño y servicios personales. Entre ellas figuran Airtable, Linear, monday.com, PandaDoc, Wispr AI y Zoho, junto con aplicaciones creativas como Adobe, Picsart, Squarespace y Webflow.
Estas integraciones permiten solicitar determinadas operaciones mediante instrucciones formuladas en lenguaje natural, desde una misma interfaz conversacional. Los usuarios pueden conectar las aplicaciones desde la configuración de Gemini o invocarlas durante una conversación, aunque el despliegue es progresivo y las funciones disponibles dependen de cada servicio.
Para los emprendedores, esta tecnología plantea nuevas posibilidades de organización. La gestión de proyectos, la elaboración de documentos y la producción de materiales digitales podrían concentrarse parcialmente en un único entorno, reduciendo algunas de las tareas que actualmente exigen utilizar varias plataformas independientes.
La incorporación de Adobe permite concretar el alcance de este modelo. El 24 de septiembre, la compañía anunció el acceso conversacional a determinadas herramientas de Photoshop, Lightroom, Express y Firefly. La integración facilita modificaciones fotográficas, la elaboración de materiales publicitarios y la adaptación de diseños a diferentes canales de comunicación. Esta colaboración, sin embargo, no supone trasladar todas las funcionalidades profesionales a Gemini. Los trabajos que requieren mayor precisión y control técnico pueden continuar desarrollándose en las aplicaciones originales de Adobe.
La iniciativa también anticipa cambios en las relaciones comerciales entre los proveedores tecnológicos. Las empresas conservan sus productos especializados, pero una parte creciente de sus interacciones con los clientes podría desarrollarse mediante asistentes inteligentes administrados por otras compañías. Si este modelo se consolida, las interfaces tradicionales perderían protagonismo frente a plataformas capaces de coordinar distintos servicios. Las condiciones de acceso, la visibilidad de cada proveedor y la libertad de elección de los usuarios adquirirían entonces una nueva dimensión económica.
Por ahora, las condiciones comerciales de estas integraciones requieren cautela. Adobe anunció el comienzo de un despliegue internacional dirigido a los usuarios de los distintos planes de Gemini. El acceso requiere una cuenta de Adobe y las funciones disponibles pueden variar según las condiciones de utilización y compatibilidad. Por tanto, la integración no implica necesariamente el acceso ilimitado a todas las herramientas profesionales de la compañía.
La privacidad introduce otra cuestión fundamental. Para ejecutar determinadas tareas, Gemini puede intercambiar información con las aplicaciones autorizadas. Cuando intervienen servicios externos, estos también pueden tratar los datos recibidos conforme a sus propias políticas. Las condiciones dependen del servicio conectado, del tipo de cuenta y de la configuración elegida por el usuario. Algunas funciones de personalización contemplan usos adicionales de la información que requieren especial atención.
Esta cuestión adquiere relevancia para las pequeñas empresas cuando las aplicaciones conectadas administran documentación comercial, información sobre clientes o procesos internos. La concentración de distintas actividades en un asistente exige conocer los permisos concedidos, las condiciones de tratamiento de los datos y las responsabilidades de cada proveedor.
Google Beam y Gemini representan dos aproximaciones diferentes a la evolución de las interfaces tecnológicas. La primera necesita una infraestructura especializada para modificar la experiencia de las comunicaciones profesionales; la segunda utiliza una plataforma conversacional para facilitar el acceso a servicios que tradicionalmente funcionan mediante aplicaciones independientes.
Sus diferencias revelan dos modelos de expansión empresarial. Beam combina la comercialización de equipamiento y licencias con nuevas modalidades de acceso mediante espacios de trabajo compartidos. Gemini desarrolla una red de aplicaciones conectadas que podría ocupar una posición estratégica en la organización de las actividades digitales.
Esta evolución modifica también la relación entre los usuarios y las empresas que suministran sus herramientas tecnológicas. Beam intenta ampliar el acceso a una experiencia audiovisual que todavía exige una inversión considerable. Gemini, por su parte, podría desplazar parte de nuestra interacción con las aplicaciones hacia un intermediario común, sin sustituir necesariamente sus funcionalidades originales.
La expansión de ambas tecnologías dependerá de sus costes, de las ventajas que demuestren en entornos profesionales y de las condiciones comerciales que acompañen su implantación. Mientras Beam explora nuevas fórmulas para comercializar una infraestructura especializada, Gemini introduce un interrogante de mayor alcance para el mercado digital: qué capacidad de decisión conservarán las empresas cuando una parte creciente de sus actividades dependa de un asistente que también administra su relación con otros proveedores.









