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La Dra. Cristina Varela Lamas entra en la lista de los ‘15 mejores proyectos de liderazgo transformador Urban Beat 2026’: «Un buen líder es alguien que se gana el respeto de las personas con empatía, que consigue inspirarlas y las ayuda a crecer en circunstancias complejas»

La vocación rara vez sigue un itinerario previsible. En ocasiones, nace de una experiencia que altera nuestra manera de entender el mundo y termina orientando decisiones que parecían impensables. Cristina Varela Lamas descubrió su interés por la medicina a los quince años, cuando la enfermedad de su madre marcó un punto de inflexión en su vida. Sin embargo, su camino comenzó en enfermería, una disciplina que le permitió descubrir el valor del cuidado y del contacto directo con los pacientes mientras se preparaba para cumplir su aspiración primigenia. Aquella experiencia acabaría determinando su manera de ejercer la medicina y su posterior dedicación a la patología mamaria, una especialidad en la que el conocimiento científico convive con dimensiones profundamente humanas. En un panorama sanitario español marcado por importantes desafíos estructurales, la trayectoria de la Dra.Varela ejemplifica una manera de entender la profesión en la que la excelencia médica, la cercanía con el paciente y la iniciativa personal constituyen principios inseparables. Hoy, mientras compagina la exigencia profesional, la maternidad y el desarrollo de nuevos proyectos, Cristina Varela figura entre los profesionales seleccionados por Urban Beat para integrar la lista de los ‘15 mejores proyectos de liderazgo transformador 2026’. Un reconocimiento a una trayectoria en la que el conocimiento médico, la iniciativa personal y una concepción del liderazgo basada en la empatía y el desarrollo de las capacidades de los demás encuentran un propósito común.

¿Quién es Cristina Varela Lamas cuando se quita la bata? ¿Qué recuerdos de su infancia y de sus orígenes familiares han influido especialmente en la mujer y la profesional que es hoy?

Cuando me quito la bata, sobre todo, soy madre. Tengo dos hijos preadolescentes y disfruto muchísimo acompañándolos en esta etapa, ayudándolos con sus tareas, compartiendo planes en familia y viéndolos crecer y descubrir aquello que les gusta. Necesito también mis pequeños espacios. Hace poco incorporé el yoga a mi vida y me está ayudando a conectar conmigo misma y a parar un poco. Esos ratitos son para mí. Me gusta hacer deporte y disfrutar de planes tranquilos. Aunque pueda no parecerlo, soy una persona bastante introvertida y muy casera.

De niña era muy responsable, tanto en los estudios como en casa. Creo que esa responsabilidad y la exigencia conmigo misma me han acompañado siempre, al igual que las ganas constantes de aprender y seguir creciendo. Vengo de una familia humilde. Mi madre era profesora y mi padre, transportista. Soy la primera médica de la familia. De ellos aprendí algo que me ha acompañado siempre: hay que luchar por los sueños, ser constante y no rendirse cuando las cosas se ponen difíciles. Creo que buena parte de la persona y de la profesional que soy hoy nace de esos valores.

¿Cómo recuerda aquellos años de estudiante? ¿Qué experiencias y sacrificios marcaron sus años de formación y resultaron decisivos en su trayectoria profesional?

Hasta los 15 años era una estudiante más. No tenía demasiado claro qué quería hacer con mi futuro, pero la enfermedad de mi madre supuso un punto de inflexión. Aquella experiencia me hizo mirar la vida de otra manera y despertó en mí la certeza de que quería dedicarme a la medicina y, de alguna forma, ayudar a los demás.

Curiosamente, mi camino hacia la medicina no empezó estudiando medicina. Por una décima no pude entrar en la carrera y decidí comenzar enfermería, con la idea inicial de intentarlo de nuevo al año siguiente. Pero la enfermería me sorprendió y me encantó. Me gustaba mucho el contacto con los pacientes, acompañarlos y cuidar de ellos, así que decidí terminar la carrera.

Cuando acabé, pude acceder a medicina por mi titulación y comencé una etapa muy exigente: trabajaba como enfermera mientras estudiaba medicina. Fueron años de mucho esfuerzo y de compaginar dos responsabilidades, pero también fueron años que me enseñaron muchísimo.

La enfermería me aportó una manera muy cercana de entender al paciente y, cuando estudié medicina, pude incorporar esa experiencia a mi formación médica. Mirándolo ahora, creo que aquel camino que inicialmente no había elegido fue precisamente el que terminó enriqueciendo mi manera de ejercer la medicina.

¿Qué recuerda de sus primeros días como médica, después de haber ejercido como enfermera? ¿Hubo algún momento en el que pensara «esto es realmente lo mío» o, por el contrario, llegara a cuestionarse si había elegido el camino adecuado?

Recuerdo que los primeros días como médica tuve una sensación de vértigo. Cuando empiezas a ejercer, eres muy consciente de que tienes delante una responsabilidad enorme: la salud y, en muchos casos, la vida de tus pacientes. Ellos depositan su confianza en ti y eso pesa. Con el tiempo y la experiencia, ese vértigo va disminuyendo, no porque la responsabilidad sea menor, sino porque vas adquiriendo conocimientos, seguridad y herramientas para afrontar las situaciones difíciles.

Creo que ser médico no significa tener siempre todas las respuestas, sino saber escuchar, tomar decisiones, seguir aprendiendo y, cuando es necesario, pedir ayuda. Esa sensación inicial de responsabilidad, de alguna manera, me ha acompañado siempre y creo que es algo positivo, porque me recuerda la importancia de hacer las cosas con rigor y con respeto hacia cada paciente.

La medicina está llena de encuentros que trascienden lo estrictamente profesional. ¿Recuerda a algún paciente o alguna experiencia que haya marcado especialmente su vida o transformado su manera de entender la profesión?

Durante mi residencia hubo una persona que marcó especialmente mi trayectoria: el doctor Albaina. Era un médico que vivía su profesión y, en particular, la patología mamaria con una pasión y una devoción que transmitía a todo el que estaba a su alrededor.

Era un auténtico lujo compartir con él la consulta y el quirófano, pero también verle hacer docencia y enseñar. Me impresionaba mucho la manera en la que trataba a las pacientes, cómo les explicaba las cosas y cómo conseguía combinar el conocimiento médico con una enorme cercanía y humanidad. Creo que esa forma de vivir la profesión hizo que yo también me apasionara por la patología mamaria y decidiera especializarme en ella. En cierto modo, intenté incorporar algunas de esas cosas a mi propia manera de trabajar.

Y es bonito porque esa relación no se quedó en la residencia. A día de hoy, cuando supero algún reto o alcanzo algún objetivo profesional importante, muchas veces sigo mandándole un mensaje para contárselo. Y él se alegra de ver mi evolución. Creo que eso dice mucho de la huella que puede dejar un buen maestro en la vida de un médico.

¿Recuerda algún caso especialmente complejo y emocionalmente difícil que haya marcado su trayectoria? ¿Qué aprendió de aquella experiencia, tanto desde el punto de vista profesional como personal?

No podría decir que haya un caso concreto que haya marcado un antes y un después en mi trayectoria. Creo que cada paciente es diferente y cada historia te deja algo. Hay situaciones especialmente duras, sobre todo cuando tienes que comunicar una noticia difícil o acompañar a una persona y a su familia en un momento complicado. Son momentos que, aunque formen parte de nuestra profesión, nunca dejan de afectarte.

Con los años aprendes a gestionar mejor esa parte emocional, pero creo que no debemos perder nunca la capacidad de que los pacientes nos importen. Al final, detrás de cada diagnóstico hay una persona, una familia y una historia, y todas esas historias, de una manera u otra, nos van marcando y también nos enseñan a ser mejores médicos y mejores personas.

Su trabajo en Aparato Digestivo y patologías mamarias le permite conocer realidades muy diferentes. Después de tantos años de ejercicio profesional, ¿qué experiencias siguen emocionándola especialmente como médica?

Después de tantos años, me siguen emocionando muchísimas cosas de la medicina, desde la confianza que una persona deposita en ti cuando pone su salud en tus manos hasta conseguir llegar a un diagnóstico que durante mucho tiempo nadie había conseguido encontrar. Me emociona ver cómo una paciente se recupera después de haberla diagnosticado, tratado u operado, pero también acompañarla durante un proceso difícil y saber que has podido estar a su lado en un momento importante de su vida.

Y hay una parte que para mí tiene un significado especial: poder ayudar a recuperar no solo la salud, sino también la autoestima y la calidad de vida. En algunas pacientes, por ejemplo, después de una reconstrucción mamaria, completar la reconstrucción del complejo areola-pezón puede parecer un detalle pequeño desde fuera, pero para ellas puede significar muchísimo. Ver su satisfacción cuando vuelven a reconocerse frente al espejo y sienten que han recuperado una parte de sí mismas es tremendamente gratificante.

Creo que, al final, lo que sigue emocionándome es precisamente eso: saber que detrás de cada diagnóstico hay una persona y que nuestro trabajo puede ayudarla a recuperar su vida, su bienestar y, en ocasiones, incluso una parte de su autoestima.

En una sociedad que concede tanta importancia al reconocimiento y a los logros profesionales, ¿qué significa para usted el éxito? ¿Qué lugar ocupa en esa definición la satisfacción personal de ejercer la medicina?

Para mí, el éxito no se puede medir únicamente en términos profesionales. Claro que quiero ser una buena médica, seguir aprendiendo, mantener la ilusión por mi profesión y conseguir que mis pacientes estén satisfechos con la atención que reciben. De hecho, una de mis mayores satisfacciones es ver a un paciente agradecido y contento después de haberlo tratado. Pero para mí el éxito también está fuera de la consulta. Es ser una buena madre, tener tiempo para mi marido, mis hijos y mis padres, poder disfrutar de ellos y sentir que estoy presente en sus vidas. Y también que las personas que quiero se sientan orgullosas de mí.

Creo que el verdadero éxito es conseguir ese equilibrio: poder desarrollarme profesionalmente, seguir teniendo ilusión por aprender y crecer, pero sin perder de vista lo más importante, que es mi familia y las personas que quiero.

¿Se siente hoy en un momento de plenitud personal y profesional? ¿Qué ha tenido que aprender, y quizá también desaprender, para llegar hasta aquí?

No sé si hablaría exactamente de plenitud, porque creo que todavía tengo muchos años por delante para seguir desarrollándome, tanto personal como profesionalmente. Me siento en un momento bonito, pero no como quien ha llegado a una meta, sino como alguien que todavía tiene mucho por aprender y por vivir. Con los años he tenido que aprender, sobre todo, a aceptar que no puedo llegar a todo. Siempre he sido muy exigente conmigo misma y durante mucho tiempo he vivido con la sensación de que tenía que poder con todo y estar siempre pensando en lo siguiente.

Ahora intento ser algo menos exigente conmigo misma y, sobre todo, disfrutar más del presente, sin vivir constantemente pensando en el futuro, en el próximo objetivo o en todo lo que todavía queda por hacer. Creo que aprender a parar, a disfrutar de mi familia y de los pequeños momentos también forma parte de crecer. Quizá ese sea uno de los aprendizajes más importantes que me ha dado la vida: entender que no todo tiene que estar conseguido para poder disfrutar del camino.

Su proyecto ha sido seleccionado entre los ‘15 mejores proyectos de liderazgo transformador 2026’ de Urban Beat. ¿Qué significa para usted el liderazgo transformador y cómo aplica este concepto al ejercicio de la medicina?

Para mí, liderar no significa estar por encima de los demás, sino tener la capacidad de influir de una manera positiva. Creo que un buen líder transformador es alguien que se gana el respeto de las personas con empatía, que consigue inspirarlas para que den lo mejor de sí mismas y que las ayuda a crecer en circunstancias complejas.

Entiendo el liderazgo desde la cercanía. Me gusta trabajar a la par de las personas que forman parte del equipo, escuchar, compartir y también aprender de ellas. Creo que un líder no tiene que tener todas las respuestas, sino saber rodearse de personas que aporten, darles confianza y ayudarles a desarrollar todo su potencial. Por eso, cuando pienso en liderazgo transformador, pienso sobre todo en la capacidad de transformar a las personas que tienes alrededor para que sean mejores profesionales y, sobre todo, para que crean en lo que son capaces de hacer.

¿Qué cree que debe transformar un verdadero líder: su entorno, su profesión, las organizaciones o, sobre todo, a las personas que tiene alrededor?

Creo que un verdadero líder debe transformar, sobre todo, a las personas que tiene alrededor, pero también debe hacerlo desde el trabajo conjunto. Para mí, el liderazgo no es un camino de una sola dirección. Me gusta pensar que las personas con las que he trabajado se han sentido a gusto trabajando conmigo, que hemos podido construir proyectos juntos y que nos hemos animado mutuamente a hacer cosas nuevas.

Yo he intentado impulsar y animar a mi equipo a desarrollar diferentes proyectos, pero también ellos me han impulsado a mí muchas veces. Creo que ahí está la verdadera transformación: en crear un entorno en el que las personas tengan confianza para proponer, para crecer, para asumir nuevos retos y para sentir que forman parte de algo que están construyendo entre todos.

¿Qué influencia ha tenido su condición de mujer en su trayectoria profesional? ¿Ha encontrado desigualdades de género durante el ejercicio de la medicina? ¿Qué papel considera que desempeña actualmente el feminismo en la medicina, la investigación científica y el acceso a puestos de responsabilidad?

 Creo que, como en muchas otras profesiones, en medicina hemos vivido durante mucho tiempo en un entorno en el que muchos de los grandes referentes y líderes eran hombres. Eso está cambiando y creo que es importante que cada vez haya más mujeres ocupando espacios de responsabilidad y liderazgo.

A lo largo de mi trayectoria, como mujer, sí he vivido pequeñas situaciones incómodas y algunas anécdotas que en su momento pudieron molestarme, pero no podría señalar un obstáculo concreto que haya condicionado mi carrera profesional. Prefiero quedarme con que las cosas están cambiando y que las nuevas generaciones de mujeres médicas puedan desarrollarse en un entorno cada vez más igualitario.

Creo que ser madre también me ha aportado una sensibilidad especial hacia el cuidado y hacia las necesidades de los demás. La maternidad te enseña a cuidar, a proteger, a estar pendiente y a entender que detrás de cada persona hay mucho más de lo que vemos. Son aprendizajes que inevitablemente también llevas contigo cuando estás delante de un paciente.

Más allá del ejercicio clínico, ¿qué responsabilidad considera que tiene la medicina frente a los problemas de la sociedad? ¿Existe alguna causa social con la que se sienta especialmente comprometida?

 Creo que los médicos tenemos una responsabilidad importante con la sociedad que va mucho más allá de la consulta y del diagnóstico. Tenemos la posibilidad, y también la responsabilidad, de ser referentes a la hora de divulgar y educar en salud, de ayudar a prevenir enfermedades y de transmitir información rigurosa que permita a las personas tomar mejores decisiones sobre su salud.

En mi ámbito, la patología mamaria, creo que es especialmente importante que las mujeres conozcan su cuerpo, sepan reconocer determinados cambios y tengan información adecuada sobre prevención, diagnóstico y tratamiento. Muchas veces, una buena información ayuda a perder miedos y a consultar cuando es necesario.

Para mí, poder contribuir a esa educación sanitaria también forma parte de ser médico. No se trata solamente de tratar una enfermedad cuando aparece, sino de intentar que las personas tengan las herramientas y los conocimientos necesarios para cuidar de su salud.

Si pudiera sentarse durante unos minutos con aquella joven que comenzó a estudiar medicina y contarle todo lo que iba a vivir, ¿qué le diría? Y, mirando hacia el futuro, ¿qué sueño personal o profesional le queda todavía por cumplir?

Si pudiera sentarme con aquella Cristina que empezó a plantearse su futuro, creo que, si le contara todo lo que iba a vivir, todo lo que iba a trabajar y a lo que me dedico actualmente, probablemente no se lo creería. Me diría: «Bueno, sí, tú alucinas».

Creo que estaría muy orgullosa de todo lo que hemos conseguido, tanto a nivel personal como profesional. No solo por haber llegado a ser médica y por haber desarrollado una trayectoria profesional que entonces era imposible imaginar, sino también por la familia que he formado y por todo lo que he aprendido por el camino.

Y todavía me quedan sueños por cumplir. Ahora mismo, uno de los más importantes es terminar de dar forma al proyecto Nupple y conseguir llevarlo hasta donde quiero. Es un proyecto en el que he puesto mucho trabajo, ilusión y esfuerzo, y me gustaría verlo completamente desarrollado y, sobre todo, seguir consiguiendo que pueda ayudar a muchas mujeres.

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