En Meta Connect 2026, celebrado los días 23 y 24 de septiembre, Mark Zuckerberg presentó una estrategia destinada a integrar la inteligencia artificial en objetos de uso cotidiano. Nuevas gafas inteligentes, mayores capacidades para su agente personal Muse y un dispositivo de realidad virtual articulan una propuesta que pretende reducir nuestra dependencia de las pantallas tradicionales. La pregunta es cuánto control estamos dispuestos a delegar a cambio de semejante comodidad.
Presentado originalmente el 8 de septiembre, Muse ocupa un lugar central en este proyecto. El agente podrá mantener conversaciones prolongadas mientras ejecuta tareas, personalizar su voz e incorporar una representación visual interactiva mediante Muse Realtime Avatar. Su futura integración en las gafas permitirá interpretar elementos del entorno y actuar sobre ellos mediante instrucciones verbales. También dispondrá de una dirección de correo electrónico propia y utilizará conectores para interactuar con diferentes aplicaciones y servicios.
En los ordenadores Mac, siempre con autorización del usuario, Muse podrá controlar aplicaciones y continuar trabajando de manera autónoma. La compañía amplía sus posibilidades mediante acuerdos con plataformas comerciales y profesionales, que permitirán realizar compras, gestionar pagos y organizar viajes. La propuesta tiene ventajas evidentes para quienes necesitan administrar documentos, resolver gestiones o planificar actividades. Sin embargo, cuanto mayor sea la iniciativa del asistente, más importante resultará establecer qué información puede consultar, qué decisiones necesita autorización expresa y cuáles son los mecanismos para supervisar su comportamiento. La comodidad constituye un argumento comercial poderoso. Su precio, sin embargo, no siempre aparece expresado en la moneda habitual.
La futura incorporación de Muse a las gafas inteligentes amplía estas inquietudes. Un sistema capaz de interpretar imágenes puede acceder a información del entorno y captar datos de personas que no han elegido participar en esa experiencia tecnológica. Una investigación publicada por Reuters el 22 de septiembre examinó las preocupaciones internacionales relacionadas con estos dispositivos, las grabaciones potencialmente invasivas y las dificultades para garantizar el consentimiento.
Meta incorpora indicadores luminosos de grabación en determinados modelos y desarrolla medidas destinadas a proteger la información. No obstante, la eficacia de esas garantías deberá evaluarse en condiciones reales. Cuando la inteligencia artificial comienza a interpretar nuestro entorno, los derechos de quienes lo comparten adquieren una relevancia que ninguna innovación debería ignorar.
Precisamente para extender esa presencia tecnológica, Meta anunció que su catálogo superará las cien opciones de gafas inteligentes antes de finalizar 2026, distribuidas entre Ray-Ban, Oakley y Meta Glasses.
Entre las novedades destacan las Ray-Ban Meta Audio, concebidas para escuchar contenidos, realizar llamadas e interactuar con la inteligencia artificial mediante audio abierto. Disponibles en los modelos Clubmaster y Burbank, pesan aproximadamente 43 gramos y ofrecen hasta doce horas de autonomía, según el fabricante.
La tercera generación de las Ray-Ban Meta incorpora monturas más estilizadas, controles personalizables y una autonomía anunciada de hasta nueve horas. La colección incluye los diseños Aviator, Zena y Wayfarer. Las nuevas colaboraciones con LISA y Kylie Jenner refuerzan, además, la dimensión estética de estos productos.
La estrategia resulta reconocible: conseguir que la tecnología abandone su apariencia instrumental y participe en la construcción de nuestra imagen personal. Las gafas aspiran a ocupar un lugar dentro de la moda y los accesorios cotidianos. Llevar inteligencia artificial encima deberá parecer, ante todo, una elección estética.
La compañía también anunció funciones de mejora auditiva, herramientas de seguimiento nutricional, entrenamientos deportivos personalizados y sistemas de navegación que utilizan referencias visuales del entorno. Algunas prestaciones, como la asistencia auditiva, tendrán inicialmente una disponibilidad limitada a Estados Unidos. Sus resultados deberán distinguirse de las posibilidades anunciadas durante la presentación.
La realidad virtual constituye otro de los grandes ejes de Meta Connect. Las nuevas Meta VR Glasses, previstas para la primavera de 2027, pesan aproximadamente cien gramos, unas cinco veces menos que las Meta Quest 3. Para conseguirlo, trasladan la batería y los procesadores a una unidad independiente que puede transportarse en el bolsillo.
Incorporan una pantalla 5K Infinite Display basada en tecnología micro-OLED y permiten crear espacios de trabajo con múltiples pantallas virtuales, disfrutar de experiencias cinematográficas inmersivas e interactuar mediante movimientos de las manos. Su precio de lanzamiento anunciado en Estados Unidos será de 1.299,99 dólares.La reducción de peso constituye uno de sus principales argumentos, aunque el módulo independiente ofrece una autonomía anunciada de hasta tres horas de reproducción multimedia de alta resolución. La libertad tecnológica, como tantas otras conquistas contemporáneas, todavía necesita equipaje.
Entre las novedades figura también Hologram, una tecnología destinada a generar representaciones digitales fotorrealistas durante las conversaciones. En las Meta Ray-Ban Display, el sistema creará una imagen del usuario mediante una captura previa y deducirá sus expresiones a partir de la voz. Por tanto, los gestos representados no tendrán necesariamente una correspondencia exacta con los reales. Su implementación anticipada comenzará en Estados Unidos a través de WhatsApp, mientras que las futuras gafas de realidad virtual incorporarán otras capacidades de representación en tiempo real.
Después de perfeccionar las herramientas destinadas a mostrar nuestra imagen, la industria tecnológica empieza a desarrollar sistemas capaces de interpretar cómo deberíamos aparecer ante los demás. Las innovaciones de Meta comparten una ambición: integrar progresivamente los sistemas digitales en nuestras actividades profesionales, culturales y personales, reduciendo las operaciones que debemos realizar directamente. Sus posibilidades resultan atractivas, pero su expansión exige mecanismos transparentes de autorización, supervisión y protección de la privacidad.
La industria tecnológica lleva años anunciando que sus productos nos devolverán el tiempo que dedicamos a utilizarlos. Meta propone ahora una solución particularmente ambiciosa: una inteligencia artificial disponible durante toda la jornada para que podamos prestar atención a otras cosas. Queda por comprobar si también sabrá reconocer cuándo preferimos que nos deje en paz.








