La figura de Prometeo ocupa uno de los lugares fundacionales dentro de la mitología occidental. Creador y protector de los seres humanos, entrega a estos el fuego después de desafiar las leyes divinas. Zeus responde condenándolo a permanecer encadenado a una roca mientras un águila devora diariamente su hígado, que vuelve a regenerarse para prolongar el castigo. A partir de ese núcleo, Zoppello construye una epopeya tragicómica alrededor de la creación, la rebeldía, el sacrificio y la confrontación con la autoridad.
El relato no se aborda, sin embargo, desde la solemnidad arqueológica. Dioniso, dios del teatro y de la embriaguez, asume la conducción de un viaje que atraviesa distintas versiones de la tradición clásica, desde Esquilo y Hesíodo hasta Platón. Bajo su mirada, la mitología abandona cualquier inmovilidad académica y recupera una condición esencialmente escénica: historias que sobreviven porque pueden volver a contarse, deformarse, exagerarse y encontrar nuevos sentidos frente a públicos distintos.
Esa elección resulta especialmente significativa en el año del centenario del nacimiento de Darío Fo. ‘Prometeo, bufón y mártir’ se plantea también como homenaje al dramaturgo italiano, Premio Nobel de Literatura, cuya obra devolvió protagonismo a formas teatrales vinculadas con la oralidad, la sátira política, la mímica, la bufonada y la Commedia dell’Arte. La influencia no aparece como cita decorativa, sino integrada en una determinada concepción del escenario: el actor como centro absoluto del acontecimiento teatral y el humor como instrumento capaz de examinar las estructuras de poder.
Alberto Castrillo-Ferrer asume en solitario esa responsabilidad. Sobre el escenario interpreta a más de veinte personajes entre dioses, titanes, animales, hombres y multitudes. El tránsito de unos a otros depende fundamentalmente del cuerpo, la voz y la pantomima. No existe un reparto que distribuya las identidades ni una maquinaria escenográfica encargada de reconstruir cada espacio. La transformación sucede delante del espectador y reclama su complicidad para completar aquello que la escena apenas insinúa.
La propuesta concentra así sus recursos en un dispositivo deliberadamente austero. Una tarima circular rodeada de candilejas, diseñada por Stefano Perocco, delimita el territorio físico desde el que emerge todo el universo del espectáculo. A partir de ese espacio reducido, el trabajo interpretativo multiplica lugares, criaturas y acontecimientos.
El sonido adquiere en este proceso una función decisiva. Oswaldo Felipe y David Angulo construyen un paisaje donde un paso, una respiración o un soplo pueden adquirir otra dimensión y convertirse en incendio, tormenta, animal o territorio. La amplificación de la voz, el eco y las distintas modulaciones sonoras prolongan el gesto de Castrillo-Ferrer y permiten que la narración cambie constantemente de escala sin recurrir a grandes estructuras materiales.
El vestuario de Marie-Laure Bénard y la iluminación de Bucho Cariñena completan un montaje que hace de la transformación su principio escénico. El espectador puede pasar de un personaje a otro, de una situación cotidiana a una escena mitológica o de la comicidad a la violencia sin que el espectáculo abandone nunca la presencia física del intérprete. Esa economía de medios acaba desplazando la atención hacia una de las preguntas más antiguas del teatro: cuánto mundo puede construirse con un cuerpo, una voz y alguien dispuesto a imaginar al otro lado.
La conexión con Darío Fo encuentra precisamente ahí su mayor coherencia. Su teatro recuperó técnicas procedentes de tradiciones populares europeas para abordar asuntos contemporáneos y cuestionar jerarquías mediante la comicidad. Zoppello trabaja sobre una genealogía semejante. El mito no aparece como patrimonio intocable, sino como materia disponible para hablar del presente.
Prometeo continúa resultando fértil porque su conflicto permanece abierto. Su decisión de desafiar a Zeus para entregar el fuego a los seres humanos permite regresar sobre cuestiones relacionadas con la libertad, el conocimiento, la responsabilidad y el precio de la insubordinación. La distancia temporal no elimina esas preguntas; modifica únicamente el lenguaje desde el que vuelven a formularse.
‘Prometeo, bufón y mártir’ responde a esa permanencia desde el juego y la risa. Frente a una lectura reverencial de los clásicos, la propuesta recupera su capacidad para circular entre públicos, deformarse y asumir nuevas voces. El héroe trágico comparte así territorio con el bufón y el mártir, tres figuras que permiten observar desde lugares distintos una misma relación entre individuo y poder.
Detrás del montaje se encuentra además la trayectoria de El Gato Negro Teatro, compañía aragonesa fundada en 1999 en el seno de la RESAD de Madrid. Durante más de veinticinco años ha desarrollado una línea de trabajo vinculada al teatro popular europeo, donde conviven gesto y palabra, comicidad y emoción. Su repertorio supera los cuarenta espectáculos y cuenta, entre otros reconocimientos, con el Premio Max al Mejor Espectáculo Musical obtenido en 2010 por ‘Cabaré de Caricia y Puntapié’. Desde 2023 dispone de una sede propia en Murillo de Gállego, Zaragoza, destinada a creación, formación, residencias y programación escénica.
Castrillo-Ferrer, actor, director y alma mater de la compañía, se formó en París en la École Internationale de Mimodrame Marcel Marceau y posteriormente en la RESAD. Ha participado como intérprete en más de treinta producciones y ha dirigido más de sesenta espectáculos. Su trayectoria incluye el Premio Max de las Artes Escénicas, el Premio Teatro de Rojas al mejor director y distintos reconocimientos interpretativos en festivales teatrales.
Ese recorrido desemboca ahora en una escena casi desnuda y en uno de los relatos más antiguos de nuestra tradición cultural. Zoppello y Castrillo-Ferrer regresan a Prometeo sin encerrarlo en el museo del mito. Lo devuelven a un espacio donde todavía puede burlarse, sufrir, desafiar y preguntar. Y quizá sea precisamente ahí, entre la risa y el castigo, donde el fuego conserva todavía parte de su poder.









