El proyecto se articula alrededor de una pregunta: ¿puede el movimiento constituirse en una forma de pensamiento? Vera aborda esa posibilidad desde la experiencia física y desde una concepción del cuerpo alejada de cualquier separación rígida entre acción y reflexión. El desplazamiento, el ritmo o la modificación de una postura aparecen como operaciones capaces de alterar la percepción y reorganizar la relación con aquello que rodea al individuo. “Yo pienso moviéndome. Desde lo más sutil a lo más complejo, el movimiento me hace pensar diferente, esta manera de concebir el pensamiento me ha permitido reorganizar mis deseos, concebir mi condición humana desde un lugar extremadamente frágil y prestar una atención sensible a cosas tan sencillas”, explica Shantí Vera.
‘La razón sensible’ se distancia de una visión del cuerpo entendido únicamente como superficie disciplinada o sometida a normas. La propuesta lo aborda como un espacio abierto a variaciones, asociaciones y nuevas formas de relación. En ese marco, el movimiento deja de funcionar exclusivamente como lenguaje escénico y adquiere también una dimensión vinculada al conocimiento y a la imaginación.
Vera insiste en esa continuidad entre experiencia corporal y pensamiento. “Hablo de esto porque he descubierto que existe una forma de pensar que deviene del movimiento y del movimiento deviene otro tipo de imaginación y de este tipo de imaginación deviene otro tipo de existencia y de relaciones posibles”, señala.
La pieza trabaja además con imágenes relacionadas con la naturaleza y establece un diálogo entre cuerpo, percepción e imaginación. Más que ilustrar una tesis previamente cerrada, la escena organiza las condiciones para que esas relaciones aparezcan a través de la propia experiencia física de los intérpretes y de la manera en que ocupan el espacio.
Melissa Herrada, Sendic Vázquez y Víctor Villasana desarrollan esta investigación bajo la dirección y coreografía de Shantí Vera. La construcción escénica incorpora también la dramaturgia lumínica de Jésica Elizondo, la dramaturgia sonora de Fermín Martínez y la dirección de arte de Arturo Lugo. Luz, sonido, materia y presencia corporal participan así de una misma estructura perceptiva.
La propuesta conecta con el recorrido de Cuatro X Cuatro, laboratorio mexicano de artes y humanidades fundado en 2007 en Xalapa. Sus integrantes proceden de distintas regiones de México y actualmente viven y trabajan entre ese país y Berlín. Desde sus comienzos, el colectivo ha desarrollado proyectos y espacios de encuentro desde los que investigar la coreografía y otras formas de creación contemporánea.
Entre sus ámbitos de interés figuran la luz, el sonido, el color y la materia entendidos como estados capaces de modificar la experiencia. También la gravedad, tanto en su dimensión física como metafórica, los contextos mexicano y latinoamericano y una reflexión sobre el Sur que no se plantea desde una coordenada estrictamente geográfica, sino como un territorio ausente o relegado dentro de los imaginarios dominantes.
Desde 2007, Cuatro X Cuatro ha presentado su trabajo en algunos de los principales espacios culturales de México y también en lugares alejados de los grandes circuitos de exhibición del país. Sus proyectos han circulado por 25 países de Europa y América Latina y han recibido distintos premios, reconocimientos y becas.
Esa trayectoria ayuda a situar ‘La razón sensible’ dentro de una práctica que entiende la escena como un espacio de investigación y encuentro. Cuatro X Cuatro no plantea sus creaciones únicamente como espectáculos destinados al entretenimiento, sino como dispositivos desde los que ensayar otras formas de imaginar, relacionarse y permanecer juntos.
En ese contexto, el título de la pieza adquiere una lectura precisa. ‘La razón sensible’ observa qué ocurre cuando el pensamiento deja de situarse exclusivamente en el terreno de lo abstracto y empieza a reconocerse también en aquello que el cuerpo percibe, modifica y aprende mientras se mueve. La obra no necesita resolver del todo la pregunta que la impulsa. Le basta con mantenerla abierta sobre el escenario y permitir que cada gesto introduzca una posibilidad distinta de respuesta.
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