‘Bloody Moon’ traza un viaje visceral donde la danza celebra vida, deseo y transgresión
La irrupción de “Bloody Moon” en el Centro Danza Matadero desborda la lógica de la programación de abril y abre un territorio de fricción donde el cuerpo se afirma como lenguaje en expansión. La Danish Dance Theatre, bajo la dirección de Marina Mascarell, articula en la Nave 11 un dispositivo coreográfico orientado a la intensificación: energía, sensualidad y color como vectores de una experiencia que tensiona y amplía los límites de la percepción estética. Entre el 9 y el 11 de abril, este montaje inaugura el denominado mes de la danza del espacio madrileño, una programación que culminará el 29 de abril —Día Internacional de la Danza— con Celebra26. Pero reducir “Bloody Moon” a una pieza inaugural sería un error de escala: lo que propone es una inmersión en el exceso, en la fisicidad llevada al límite, en una concepción del movimiento como acto casi ritual.
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