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La exposición ‘Silver Egg’ devuelve el deseo, los sentidos y la incertidumbre al arte mediático

Del 4 de julio de 2026 al 21 de febrero de 2027, el ZKM | Centro de Arte y Medios de Karlsruhe en Alemania presenta ‘Silver Egg. The Eros of Media Art’, una exposición de gran escala que reúne cerca de cincuenta propuestas artísticas internacionales para examinar la relación entre deseo, percepción, tecnología, ecología y creación. Comisariada por Anett Holzheid, la muestra ocupa los atrios 8 y 9 de la planta baja del centro alemán y parte de una pregunta tan elemental como difícil de responder: qué impulsa todavía al ser humano a vincularse sensorialmente con el mundo y a intervenir creativamente en él.
Gerhard Richter, “Moving Picture (946-3) Versión de Kioto”, 2019-2024; Película de Gerhard Richter y Corinna Belz; Música: Rebecca Saunders, Trompeta: Marco Blaauw, Diseño de sonido: Sebastian Schottke; Edición: Rudi Heinen © Gerhard Richter y Corinna Belz / // Gerhard Richter, Corinna Belz, „Moving Picture (946-3) Kyoto Version“, 2019–24, foto fija © Gerhard Richter, 2025 (26092025)

El título remite a un antiguo relato cosmogónico según el cual el dios creador surgió de un huevo cósmico de plata como principio ordenador frente al caos primordial. Eros aparece aquí lejos de su reducción habitual al deseo sexual o a la seducción. Recupera una dimensión más amplia: la energía que enlaza, aproxima, estimula la curiosidad y convierte la experiencia en voluntad de conocimiento.

Desde esa perspectiva, ‘Silver Egg’ aborda el eros como una fuerza cultural. Es el impulso que lleva a tocar lo desconocido, a observar con atención, a imaginar formas que todavía no existen y a establecer correspondencias entre materias aparentemente incompatibles. En lugar de presentarlo como una figura frívola sometida a los códigos de la representación romántica, la exposición lo devuelve a su antigua función mediadora entre el cuerpo, el pensamiento, la naturaleza y las artes.

La propuesta resulta especialmente significativa dentro de un centro como el ZKM, cuya trayectoria ha convertido las relaciones entre arte, ciencia y tecnología en un campo permanente de investigación. El arte mediático aparece aquí despojado de cierta fascinación automática por la novedad técnica. La máquina ya no constituye el espectáculo por sí misma. Importa aquello que permite percibir, imaginar o cuestionar.

Thomas Feuerstein, PSXHE, 2026 / © Thomas Feuerstein © ZKM | Centro de Arte y Medios de Karlsruhe, foto: Felix Grünschloß, VG Bild-Kunst Bonn 2026

La tecnología contemporánea presume de conectarlo todo, aunque con frecuencia reduce el mundo a una sucesión de imágenes consumidas mediante el desplazamiento del pulgar. Frente a esa economía de la atención fragmentada, ‘Silver Egg’ propone una experiencia más lenta, corporal e incierta. Sus obras activan la vista, el oído, el olfato, el tacto y el movimiento, invitando al visitante a abandonar la posición cómoda de quien contempla desde fuera.

La exposición no rechaza los medios digitales. Los somete a una pregunta más exigente: qué clase de relación producen. Una pantalla puede acercarnos a una realidad distante o convertirla en superficie intercambiable. Un dispositivo puede ampliar la sensibilidad o anestesiarla. Una inteligencia artificial puede generar imágenes extraordinarias y, al mismo tiempo, reproducir los prejuicios inscritos en los datos que la alimentan. La técnica amplifica capacidades, pero no aporta por sí sola criterio, responsabilidad ni sentido.

Las obras reunidas exploran la vida en entornos amenazados, las sociedades saturadas de estímulos y los territorios del deseo construidos culturalmente. La ecología, la robótica, la inteligencia artificial, la percepción sensorial, la energía y la relación entre cuerpo y máquina aparecen como zonas de contacto. El eros se manifiesta entonces como necesidad de proximidad en una época acostumbrada a confundir comunicación con disponibilidad permanente.

El planteamiento curatorial rechaza la jerarquía entre soportes. Fotografía, cine, cerámica, arte textil, literatura, pintura y música conviven con instalaciones audiovisuales, prácticas basadas en inteligencia artificial, esculturas híbridas, composiciones corporales y sonoras, mecanismos cinéticos y obras robóticas. La heterogeneidad no funciona como inventario de recursos, sino como estructura de relaciones. Cada lenguaje encuentra en los demás una fricción capaz de modificar su lectura.

Marco Barotti, Resiliencia sónica de los corales, 2025 © Marco Barotti © ZKM | Centro de Arte y Medios de Comunicación de Karlsruhe, foto: Felix Grünschloß

Esa convivencia permite reunir experiencias pertenecientes a generaciones y contextos culturales muy distintos. La presencia de Salvador Dalí, Anselm Feuerbach, Stefano della Bella, Philippe Halsman o Irving Penn introduce una genealogía histórica de la representación, mientras Andreas Gursky, Derek Jarman, Gerhard Richter, Corinna Belz, Richard Mosse y Pipilotti Rist expanden el diálogo hacia la fotografía, el cine, la pintura, la instalación y la cultura visual contemporánea.

Junto a ellos, creadores como Marco Barotti, Yunchul Kim, Ryoichi Kurokawa, Stine Deja, Edith Dekyndt, Thomas Feuerstein, Jill Scott, Stelarc, Shuang Li, Charmaine Poh, Sissel Marie Tonn, Weidi Zhang y Rodger Luo sitúan la percepción frente a sistemas tecnológicos, organismos, flujos de datos, cuerpos intervenidos y paisajes sometidos a transformación. La exposición no persigue una definición única del arte mediático. Prefiere mostrarlo como un territorio donde los medios dejan de ser herramientas neutrales y pasan a participar activamente en la producción de experiencia.

Jessica Segall, Intimidad (in)común, 2018, Still © Jessica Segall

El cuerpo ocupa una posición decisiva. Frente a la promesa de una existencia cada vez más desmaterializada, las obras recuerdan que toda percepción continúa dependiendo de una anatomía vulnerable. Miramos desde un cuerpo, escuchamos desde un cuerpo y deseamos desde una memoria física condicionada por la edad, la cultura, la enfermedad y las imágenes sociales. Incluso la experiencia virtual necesita una respiración, unos ojos y un sistema nervioso que la reciban.

En este punto, ‘Silver Egg’ introduce una lectura política sin recurrir a la consigna. Preguntarse quién puede sentir, tocar, desplazarse o acceder a una determinada tecnología implica examinar las estructuras que administran la experiencia. Los deseos tampoco nacen en un vacío. Son educados por la publicidad, la arquitectura, las normas sociales, las plataformas digitales y los modelos de belleza. Una sociedad fabrica aspiraciones con la misma eficacia con la que fabrica objetos, aunque después prefiera llamar elección individual al resultado.

Frederik Duerinck, Perfumería Algorítmica, 2020-actualidad © Frederik Duerinck © ZKM | Centro de Arte y Medios de Comunicación de Karlsruhe, foto: Felix Grünschloß

El eros planteado por Holzheid se opone a esa pasividad. Representa una disposición activa hacia el mundo: la voluntad de entrar en contacto con aquello que aún no ha sido domesticado por una explicación. Esta actitud requiere curiosidad, pero también riesgo. Conocer implica exponerse a la posibilidad de que la realidad contradiga nuestras certezas.

La exposición recupera así una tensión presente en buena parte del pensamiento estético moderno: la relación entre razón e intuición, conocimiento y placer, mito y ciencia, representación e inmediatez. El ZKM cita una genealogía que se extiende desde Platón hasta Karl Jaspers, Georges Bataille, Roland Barthes, Susan Sontag, Julia Kristeva, Audre Lorde y Jean-Luc Nancy. En todos ellos, con diferencias evidentes, el deseo puede entenderse como una fuerza capaz de alterar las fronteras entre sujeto y mundo.

‘Silver Egg’ no propone regresar a un paraíso sensorial anterior a la tecnología. Esa nostalgia resultaría tan artificial como el futuro aséptico que suele prometer la publicidad tecnológica. Su apuesta consiste en recuperar la densidad de la experiencia dentro del propio ecosistema mediático. La pregunta ya no es si debemos vivir con máquinas, sino cómo evitar que nuestra sensibilidad termine organizada exclusivamente por sus ritmos, clasificaciones y sistemas de recompensa.

Yunchul Kim, MERCURIAL II, 2026 © Yunchul Kim © ZKM | Centro de Arte y Medios de Comunicación de Karlsruhe, foto: Felix Grünschloß

La inauguración tuvo lugar el 3 de julio de 2026 e incluyó la performance participativa ‘E.E.G. Kiss’, de Karen Lancel y Hermen Maat. La muestra cuenta además con una publicación bilingüe en alemán e inglés y con un programa de conversaciones, talleres y actividades educativas que prolongan su investigación más allá del espacio expositivo.

La amplitud de artistas participantes confirma la voluntad de construir una constelación antes que un relato lineal. Junto a los nombres ya mencionados, la exposición incorpora obras de Honey Biba Beckerlee, Bériou, Elda Cerrato, Frederik Duerinck, Margret Eicher, Christoph Girardet y Matthias Müller, Johan Grimonprez, Jonas Jørgensen y Cody Lukas, Angelina Kozhevnikova, Gašper Kunšič, Karen Lancel y Hermen Maat, Eunhee Lee, Bernd Lintermann, Alicja Patanowska, Ciara Phillips, Helen Pynor y Gail Priest, robotlab, Günter Scharein, Nika Schmitt, Tristan Schulze, Jessica Segall, Ief Spincemaille, René Aquarius y Ajla R. Steinvåg, Timm Ulrichs, Milja Viita y Yeongju Yang.

Tristán Schulze, ZEITGEIST, 2026 © Tristán Schulze © ZKM | Centro de Arte y Medios de Comunicación de Karlsruhe, foto: Felix Grünschloß

El huevo de plata simboliza el comienzo, pero también lo que todavía permanece abierto. Su superficie contiene la promesa de una forma aún no revelada. En el interior de esa imagen, el arte mediático deja de comportarse como escaparate del futuro y recupera una función más antigua: intensificar la percepción, sacudir la costumbre y devolver al ser humano el deseo de relacionarse con un mundo que ninguna pantalla debería sustituir por completo.

Karen Lancel, Hermen Maat, EEG Kiss, 2014–en curso © Lancel/Maat, ZKM | Centro de Arte y Medios de Comunicación de Karlsruhe, foto: Chiara Bellamoli

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