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La Dra. Cristina Varela Lamas conversa con Urban Beat sobre los desafíos de la cirugía contemporánea desde la innovación, la ética y la empatía

La Dra. Cristina Varela Lamas, especialista en aparato digestivo y patologías mamarias, articula su práctica profesional en torno a la precisión que exige el acto quirúrgico, un conocimiento técnico en permanente actualización y una empatía que integra la experiencia del paciente en el proceso asistencial. “Detrás de una enfermedad hay una persona, con sus miedos, sus expectativas y su propia manera de afrontar lo que está viviendo”, explica la cirujana, para quien informar con claridad, escuchar y acompañar forman parte de la responsabilidad inherente a cada intervención. En la cirugía de mama encuentra el reto de cuidar los resultados funcionales, estéticos y emocionales mediante técnicas oncoplásticas y reconstructivas en constante evolución, mientras que en la cirugía del aparato digestivo mantiene esa misma apuesta por la innovación a través de procedimientos mínimamente invasivos. Dos ámbitos diferentes, unidos por una misma motivación: ayudar, mejorar la calidad de vida y estar presente durante la recuperación. Esa vocación asistencial se proyecta en una búsqueda de excelencia que exige afrontar nuevos retos y mantener una formación continua en las nuevas tecnologías médicas.

Cuando una paciente llega a su consulta después de un diagnóstico de cáncer de mama, ¿qué cree que necesita escuchar de su cirujana, además de una explicación médica?

Creo que necesita sentir que no está sola. Evidentemente, necesita información clara: saber qué diagnóstico tiene, qué opciones existen y cuáles son los pasos que vamos a seguir. Pero también necesita tiempo para asimilarlo y alguien que sea capaz de escuchar sus preguntas y sus miedos. Intento transmitirle que vamos a tomar las decisiones conjuntamente y que vamos a buscar la mejor opción para ella, teniendo en cuenta tanto el tratamiento de la enfermedad como su bienestar y sus expectativas.

La cirugía mamaria ha evolucionado mucho más allá de la extirpación del tumor. ¿Cómo ha cambiado su manera de entender la cirugía desde que comenzó su trayectoria profesional hasta hoy?

Ha cambiado muchísimo. Hoy entendemos que tratar un cáncer de mama no significa únicamente eliminar el tumor. También debemos intentar preservar, siempre que sea posible, la anatomía, la función y la imagen corporal de la paciente. La evolución de la cirugía oncoplástica y de las técnicas reconstructivas nos permite conseguir tratamientos oncológicamente seguros con resultados cada vez más personalizados. Para mí, ese cambio supone pasar de pensar únicamente en “qué tenemos que quitar” a plantearnos también  “cómo podemos reconstruir y qué necesita esta paciente para recuperar su vida”.

Hay una parte de la enfermedad que no siempre aparece en los informes médicos: cómo vuelve una mujer a reconocerse frente al espejo. ¿Qué importancia tiene para usted esa dimensión emocional y estética de la recuperación?

Tiene mucha importancia. El cuerpo forma parte de nuestra identidad y una intervención sobre la mama puede tener un impacto emocional muy profundo. No debemos minimizarlo ni considerarlo algo superficial. La prioridad siempre es tratar adecuadamente la enfermedad, pero, una vez garantizada la seguridad oncológica, creo que debemos esforzarnos por conseguir el mejor resultado posible. Que una mujer pueda volver a mirarse al espejo y reconocerse puede formar parte también de su recuperación.

Usted ha trabajado en soluciones reconstructivas muy específicas, como la reconstrucción del pezón. ¿Qué necesidades de las pacientes considera que durante años quedaron en un segundo plano?

Durante mucho tiempo se puso el foco, de manera comprensible, en salvar la vida y tratar la enfermedad. Pero hoy sabemos que sobrevivir al cáncer es solo una parte del proceso. También importa cómo queda la paciente después del tratamiento y cómo se siente con su propio cuerpo. Elementos que pueden parecer pequeños desde un punto de vista estrictamente quirúrgico pueden tener una enorme importancia para una mujer.
Por ese motivo me especialicé en la fase final del proceso reconstructivo: la reconstrucción del pezón con nuestro innovador implante Nupple, el tatuaje de areola y pezón o las prótesis externas hiperrealistas son buenos ejemplos, ya que pueden contribuir a que la mama se perciba como más completa y natural y, sobre todo, ayudar a cerrar emocionalmente una etapa.

¿Qué le enseñan las propias pacientes cuando una intervención aparentemente pequeña puede tener un impacto tan grande en su autoestima y en su forma de afrontar la enfermedad?

Me enseñan que no existen intervenciones pequeñas cuando hablamos de cómo una persona se siente consigo misma. Nosotros podemos valorar una intervención desde el punto de vista técnico, pero la paciente la vive desde una perspectiva completamente diferente. También me recuerdan que cada mujer tiene unas necesidades y unas prioridades distintas. Por eso es tan importante escucharla y preguntarle qué espera del tratamiento. A veces descubrimos que aquello que para nosotros parece secundario es precisamente lo que para ella marca la diferencia.

En su trabajo combina cirugía oncoplástica, técnicas reconstructivas y procedimientos mínimamente invasivos. ¿Hasta qué punto la innovación en cirugía consiste en crear nuevas técnicas y hasta qué punto consiste en buscar soluciones más personalizadas para cada paciente?

Creo que la innovación no consiste únicamente en inventar algo nuevo. También consiste en saber utilizar de manera inteligente todo lo que tenemos disponible y adaptarlo a cada paciente.

La tecnología y las nuevas técnicas son herramientas extraordinarias, pero no tienen sentido si no mejoran realmente los resultados o la experiencia de la paciente. Para mí, innovar es buscar continuamente una cirugía más segura, menos agresiva y más personalizada.

En medicina se habla mucho de tecnología y avances científicos, pero la relación entre médico y paciente sigue siendo fundamental. ¿Qué significa para usted “humanizar” una intervención quirúrgica?

Significa no olvidar nunca que estamos tratando a una persona y no simplemente una enfermedad. Humanizar es explicar, escuchar, dedicar tiempo, hablar con claridad y entender qué preocupa realmente a quien tenemos delante. También significa acompañar a la paciente antes, durante y después de la intervención. La tecnología puede ayudarnos muchísimo, pero nunca puede sustituir una conversación, una mirada o la tranquilidad que transmite saber que alguien está pendiente de ti.

También desarrolla su actividad en cirugía general y del aparato digestivo. ¿Qué tienen en común, desde el punto de vista del cirujano, una intervención digestiva y una cirugía de mama?

Aunque son áreas anatómicamente muy diferentes, comparten muchos principios. En ambas es fundamental realizar una buena valoración de la paciente, planificar cuidadosamente la intervención, utilizar técnicas cada vez menos invasivas cuando están indicadas y buscar el mejor equilibrio entre seguridad y recuperación. Y hay algo que es común a cualquier cirugía: detrás de cada intervención hay una persona que deposita su confianza en nosotros. Esa responsabilidad es exactamente la misma.

¿Hay alguna idea preconcebida sobre la cirugía mamaria, la reconstrucción o incluso sobre el propio cáncer de mama que le gustaría que dejáramos atrás?

Me gustaría que dejáramos atrás la idea de que la reconstrucción es algo meramente estético o secundario. Cuando una mujer atraviesa un cáncer de mama, su bienestar físico y emocional forman parte de su recuperación.

También creo que debemos dejar atrás la idea de que existe una única solución válida para todas las pacientes. Cada mujer es diferente y las decisiones deben individualizarse, siempre teniendo como prioridad la seguridad oncológica.

Si pudiera transmitir un único mensaje a una mujer que acaba de recibir un diagnóstico que va a cambiar su cuerpo y su vida, ¿qué le diría?

Le diría que respire, que se dé tiempo y que no sienta que tiene que afrontarlo todo de golpe. Un diagnóstico de cáncer de mama puede hacer que el futuro parezca enorme y aterrador, pero el proceso se va construyendo paso a paso. Hoy existen muchas posibilidades de tratamiento y reconstrucción, y cada vez podemos personalizar más las decisiones.

Y, sobre todo, le diría que no tenga miedo de preguntar, de expresar sus preocupaciones y de decir qué es importante para ella. Su voz tiene que formar parte de las decisiones sobre su tratamiento.

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