La nueva presentación, que podrá visitarse a partir del 18 de febrero, ocupa la totalidad de la cuarta planta del Edificio Sabatini, más de 3.000 metros cuadrados, y despliega un recorrido no estrictamente cronológico estructurado en 21 capítulos. A partir de una selección de 403 obras de 224 artistas, el museo articula un relato que pone el acento en la aportación del arte contemporáneo español, sin renunciar a una mirada internacional atravesada por tensiones políticas, estéticas y sociales.
Durante la presentación, Urtasun definió la propuesta como un “acontecimiento cultural de primera magnitud”, destacando su capacidad para ampliar el foco, incorporar nuevas voces y reforzar la presencia de miradas femeninas, con el respaldo explícito de las instituciones públicas. González-Sinde, por su parte, remarcó el compromiso del museo con la investigación, la conservación y el pensamiento crítico, subrayando que esta reorganización no es un simple cambio de orden, sino una relectura contextual y plural de la colección.
Desde la dirección artística, Amanda de la Garza insistió en el esfuerzo por transformar la experiencia del visitante, apostando por un recorrido más accesible, dinámico y didáctico que haga del museo un espacio “más habitable y generoso”, incorporando criterios de ecología y sostenibilidad. En la misma línea, Manuel Segade recalcó que no se trata de imponer un relato único: la función del museo, afirmó, no es buscar en el pasado un espejo complaciente del presente, sino permitir que las inquietudes actuales encuentren allí respuestas múltiples, entendiendo la historia como un proceso colectivo en permanente construcción.
El recorrido reúne obras emblemáticas de las colecciones del Reina Sofía junto a adquisiciones recientes y trabajos contemporáneos. Conviven artistas fundamentales del siglo XX como Pablo Picasso, Joan Miró o Salvador Dalí con figuras estrechamente vinculadas a la Transición y la Movida —Guillermo Pérez Villalta, Ocaña, Ouka Leele, Ceesepe, Nazario, Iván Zulueta, Alberto García-Alix— y con creadores que han marcado el arte de las últimas décadas desde posiciones críticas y experimentales.
El proyecto presta especial atención a las sensibilidades de género, incorporando obras de artistas como Judy Chicago, Barbara Hammer, Eulàlia Grau, David Wojnarowicz, Pilar Albarracín o el colectivo Cabello/Carceller, así como a figuras clave en la representación cultural y política del sida, como Pepe Espaliú y Pepe Miralles. Otras líneas de trabajo se articulan en torno a la crítica de la representación, la teoría de la imagen y la identidad afro, con nombres como Joan Fontcuberta, Dora García, Agnes Essonti o Rubén H. Bermúdez.
El peso del panorama artístico español es central: el 77 % de los artistas expuestos son de nacionalidad española y, entre los internacionales, destaca la presencia latinoamericana, con creadores como Leonilson o Beatriz González. La colección incorpora también trabajos recientes de jóvenes artistas, muchas de ellas mujeres, como Laia Abril, June Crespo, Teresa Solar o Nora Aurrekoetxea.
Uno de los datos más significativos es que el 64 % de las obras expuestas son inéditas en la colección permanente: más de la mitad de lo que se muestra no había sido presentado hasta ahora. Además, de las 70 obras adquiridas entre 2024 y 2026, más de la mitad corresponden a artistas mujeres, reforzando el giro estructural del museo hacia una representación más equilibrada.
El relato se despliega en tres grandes itinerarios. El primero, Una historia de los afectos en el arte contemporáneo, explora el papel de las emociones como fuerzas políticas y sociales. El segundo, Los poderes de la ficción, convierte la sala en una experiencia escultórica compartida, donde se diluyen los límites entre obra y espectador. El tercero, La institución, el mercado y el arte que los excede, traza una genealogía crítica del propio museo y de las prácticas artísticas que desbordan los marcos institucionales y comerciales.
El montaje, diseñado por Xabier Salaberría junto al arquitecto Patxi Eguiluz, renuncia a la neutralidad expositiva tradicional para fragmentar el espacio, generar nuevos recorridos y situar al visitante en el centro de la experiencia. Se incorporan sillas portátiles, materiales gráficos más sostenibles y una iluminación LED integral, reforzando la apuesta ecológica del museo.
Esta reordenación es solo el primer paso: en 2027 se presentará una segunda fase dedicada a las décadas de 1950 a 1970 y, en 2028, una planta centrada en las vanguardias. En tres años, el Reina Sofía culminará así la reorganización completa de sus colecciones, concentrándolas en las plantas superiores del Sabatini y redefiniendo su relato como un archivo vivo del presente en construcción.









