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Patricia Guerrero presenta Deliranza en Teatros del Canal

La literatura del poeta inglés William Wordsworth, del alemán Peter Handke y la obra del pintor belga René Magritte inspiran la creación del espectáculo flamenco Deliranza, que se estrena el 4 de abril en Teatros del Canal. La coreógrafa, directora del Ballet Flamenco de Andalucía y Premio Nacional de Danza de 2021, conduce su creación a mundos sonoros y escénicos inexplorados en su trayectoria con un elenco de 7 bailarines y 5 músicos
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La literatura del poeta inglés William Wordsworth, del alemán Peter Handke y la obra del pintor belga René Magritte inspiran Deliranza, que la bailaora flamenca Patricia Guerrero presenta en Teatros del Canal el próximo 4 de abril. Estas obras y autores, explica Guerrero, han llegado a ella en los últimos años “manera aleatoria y caprichosa” y han permeado su danza, haciéndola creer “que nada ocurre por casualidad”. De su lectura, de su contemplación ha sacado la Premio Nacional de Danza de 2021 “la fuerza generadora de una pieza llena de surrealismo, tiempo y belleza”.  Deliranza, la obra más ambiciosa hasta el momento de la compañía que lleva el nombre de la bailaora y coreógrafa, se estrenó en la Bienal de Flamenco de Sevilla, y cuenta en ella con 7 bailarines y 5 músicos, entre ellos el guitarrista Dani de Morón. Es una propuesta que lleva a Guerrero a nuevos retos coreográficos, a mundos sonoros y escénicos inexplorados. “Es una obra que espero no deje indiferente a nadie”, señala la artista andaluza. La trama de Deliranza comienza durante un ensayo, al término del cual, el personaje de la artista, agotada, descansa y sueña. Ese sueño le hace traspasar los límites del mundo cotidiano, romper con la lógica y permitir la entrada a un universo de transformaciones de peripecias ligadas a su propia reflexión.  El personaje se adentra en un mundo particular de belleza surrealista, donde surgen otros personajes en una dimensión en la que la ortodoxia flamenca trasciende a través del son de la soleá, la granadina… y el imaginario de la artista confronta las ideas sobre cánones y códigos de esta ortodoxia, cuyas formas a veces limitan en el sueño la creación. De la singularidad de la danza de Patricia Guerrero se han hecho eco los medios de comunicación de dentro y fuera de España. Guerrero “eleva el flamenco a un nivel superior” escribió Lindsay Winship en el británico The Guardian. Su baile “es a la vez sutil e imponente”.  Por su parte, Sara Arguijo, en Deflamenco, aseguró que “Patricia Guerrero es una bestia escénica. Una bailaora con una fuerza sobrenatural, con una increíble capacidad interpretativa y recursos infinitos. La más femenina, y sugerente y la más robusta y árida en cuestión de minutos. Abrumadoramente segura, todopoderosa e inteligente. Y, quizás la más flamenca de las contemporáneas”. Estas ideas se reflejaron en las razones por las que el Ministerio de Cultura le concedió el Premio Nacional de Danza hace tres años, cuyo jurado subrayó “la personalidad y fuerza de su arte” y destacó que Guerrero ha “sabido incorporar desde el flamenco más tradicional nuevas formas y estéticas en su baile, como se pone de manifiesto en sus últimos espectáculos”. Patricia Guerrero (Granada,1990) es desde diciembre del pasado año bailaora, coreógrafa y directora del Ballet Flamenco de Andalucía. Tiene profundas raíces flamencas, al tiempo que ha explorado otros estilos de música y danza. Ha actuado en los teatros y festivales más prestigiosos, como el New York City Center, el Teatro Nacional Chaillot de Paris, Teatros del Canal (Madrid), el Teatro Central, el Teatro Lope de Vega y el Teatro Maestranza (Sevilla), el Piccolo Teatro de Milán, etc. Guerrero comienza a recibir clases a los tres años de edad, en la academia de su madre. Su aprendizaje incluye a maestros como Mario Maya y Rubén Olmo, con influencias del clásico español y del contemporáneo.  Con apenas quince años se incorpora al Centro de Estudios Flamencos de Mario Maya, en cuya compañía estuvo girando con Diálogo del amargo. En 2010 entra en la Compañía de Rubén Olmo para formar parte del elenco de Tranquilo alboroto y un año más tarde se convierte en la primera bailarina del Ballet Flamenco de Andalucía bajo la dirección del propio Olmo. En 2010 también estrena su primer trabajo en solitario, Desde el Albayzín con Matisse. Mientras tanto, la bailaora granadina continúa colaborando en espectáculos como Olor a tierra y Las idas y las vueltas, una fusión de flamenco y música barroca por la que es galardonada con el Giraldillo a la Artista Revelación en la Bienal de Sevilla 2012.  Las producciones de su propia compañía incluyen Latidos del agua (2013) y Touché (2014). En 2016, presenta en el Festival de Jerez Pórtico, avance de Catedral, la obra que le abrió las puertas de la mística y del feminismo en la Bienal de Sevilla en el Teatro Lope de Vega, donde ganó el Giraldillo a Mejor Espectáculo. Al año siguiente estrena en el Teatro Nacional de Chaillot de París D. Quixote con la Compañía Andrés Marín. En 2018 llega Distopía, un salto adelante en la calidad de su danza y de su puesta en escena. En Pies de barro, un año después, incorpora sonoridades y riesgos nuevos a su ya de por sí rompedora carrera. Y en 2020 estrena en la Bienal de Sevilla Paraíso perdido, con el violagambista Fahmi Alqhai, en la que danza sobre un repertorio barroco. Ese año también presenta el recital flamenco Proceso eterno, al que sucederá La bella Otero, como bailarina protagonista invitada por el Ballet Nacional de España bajo la dirección de Rubén Olmo en el Teatro de la Zarzuela.  Tras Deliranza, se embarca en 2023, junto a Alfonso Losa, en la creación de Alter ego, propuesta estrenada en septiembre del pasado año en Teatros del Canal

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