La pieza se plantea como una performance donde el cuerpo aparece sometido a una crisis continua. No se trata de una crisis entendida como derrumbe, sino como estado de mutación: una zona de intensidad donde la carne, la emoción, la mirada y la memoria física se contaminan entre sí. En ‘Oasis of Serenity’, el cuerpo no permanece quieto dentro de una identidad reconocible; parpadea, se deshace, se recompone y vuelve a aparecer bajo otra temperatura perceptiva. Su materia parece responder a corrientes químicas y anatómicas, pero también a una presión exterior hecha de imágenes, estímulos, imaginarios cinematográficos y visiones de naturaleza casi mística.
Ramírez Ashbaugh construye así una escena que renuncia a la narración convencional para instalarse en otro régimen de experiencia. La obra no pretende contar una historia cerrada, ni conducir al espectador hacia una conclusión argumental. Su territorio es el de la sensación. Un cine caótico se despliega en la pupila mientras el mundo atraviesa el cuerpo y lo desborda. La escena se convierte entonces en un umbral físico y mental: una frontera donde la danza deja de ser solo movimiento para convertirse en práctica de transformación, en trance perceptivo, en apertura hacia aquello que todavía no encuentra nombre.
Ese desplazamiento resulta fundamental para comprender la potencia de ‘Oasis of Serenity’. La pieza no busca una resolución, sino una disponibilidad. Su energía no avanza hacia el cierre, sino hacia lo desconocido. El cuerpo se mantiene siempre al borde de una llegada que no termina de producirse, como si la coreografía trabajara precisamente en ese intervalo previo a la forma definitiva. Allí, las emociones adquieren otro valor. El corazón acelera su ritmo, el entendimiento se distancia, la percepción se vuelve más porosa y el espectador presencia la resonancia de un cuerpo expuesto a su entorno, afectado por él, modificado por su violencia, su belleza, su exceso y su misterio.
La trayectoria de Laura Ramírez Ashbaugh permite leer esta creación como una continuidad natural dentro de una investigación artística sostenida en torno al paisaje, el cuerpo ambiguo, los espacios intermedios y la relación entre el feeling y el beat. Nacida en Madrid en 1988, con raíces ecuatorianas, norteamericanas y españolas, la bailarina, coreógrafa y DJ ha desarrollado una práctica situada en un cruce fértil entre la danza, el sonido, la investigación escénica y la producción de pensamiento corporal. Su trabajo se aleja de la coreografía como mera organización formal del movimiento para aproximarse a la escena como laboratorio: un lugar donde la anatomía, la escucha, la mirada y la emoción entran en fricción.
Formada en teatro físico en la RESAD y con estudios vinculados a la Martha Graham School, Merce Cunningham, SNDO y DAS Choreography en Ámsterdam, Ramírez Ashbaugh ha ido configurando un lenguaje propio, atento a la vulnerabilidad de los cuerpos, a sus zonas de fuga y a sus capacidades de transformación. En su universo creativo, la danza no ilustra una idea previa: la produce. No representa un concepto: lo somete a prueba en la materia viva del gesto, del ritmo, de la respiración y de la presencia.
Desde 2014 trabaja activamente con Ainhoa Hernández, junto a quien creó el colectivo Twins Experiment, una plataforma de investigación compartida donde la creación se entiende también como un espacio de cuidado, colaboración y pensamiento horizontal. A lo largo de su trayectoria ha colaborado en piezas de María Jerez, Cris Blanco, Play Dramaturgia y Quim Bigas, además de desarrollar una actividad expandida como intérprete, creadora, docente, tutora y mediadora cultural.
Su trabajo se articula principalmente entre Madrid, Barcelona y Francia, pero sus últimas creaciones y colaboraciones han circulado también por Argentina, México, Uruguay, Estados Unidos y España. Esa dimensión internacional no diluye su anclaje en la escena local; al contrario, lo amplifica. Ramírez Ashbaugh forma parte de una generación de artistas que ha encontrado en los espacios culturales contemporáneos no solo lugares de exhibición, sino territorios de investigación donde la danza dialoga con el museo, la música, la pedagogía, la escritura, la mediación y la producción colectiva de conocimiento.
En ese sentido, su actividad se extiende más allá del escenario. Ha impartido talleres y clases de movimiento, ha acompañado procesos de artistas y colectivos, ha generado espacios de estudio como MovLab en La Casa Encendida y espacios de lectura como EL CLUB en los Teatros del Canal. También colabora como mediadora con el Área de Educación del Museo Reina Sofía y trabaja junto a Andrea Zavala en la creación de “un deporte para desaparecer”, además de desarrollar proyectos musicales y textuales.
‘Oasis of Serenity’ condensa muchas de esas líneas de investigación. En la pieza, el cuerpo funciona como archivo sensible del mundo, pero también como resistencia ante su exceso. Un cuerpo atravesado, nunca clausurado. Un cuerpo que absorbe, tiembla, procesa, falla, se ilumina, pierde contorno y vuelve a recomponerse desde otra intensidad. La serenidad del título no aparece como calma inmediata, sino como pregunta: acaso un oasis sea precisamente ese lugar inestable donde el organismo, después de haber sido empujado al límite, encuentra una forma provisional de seguir existiendo.
Con este estreno absoluto en Contemporánea Condeduque, Laura Ramírez Ashbaugh reafirma una poética escénica radicalmente contemporánea: una danza que no embellece la crisis, sino que la habita; que no domestica el cuerpo, sino que lo escucha en su desorden; que no pretende explicar el mundo, sino mostrar cómo el mundo entra en la carne, la sacude y la transforma.









