Urban Beat Contenidos

‘Bogotá’: Andrea Peña convierte la capital colombiana en un cuerpo político, barroco y resucitado

Contemporánea Condeduque despide la temporada escénica los próximos 26 y 27 de junio con ‘Bogotá’, una creación de la coreógrafa Andrea Peña que llega al espacio madrileño como una de esas piezas llamadas a desbordar la lectura cómoda de la danza contemporánea. La obra, creada junto a su compañía AP&A —Andrea Peña & Artists—, parte de la capital colombiana, pero la transforma en algo más amplio que un territorio reconocible. Bogotá aparece aquí como mito, herida, arquitectura, cuerpo colectivo y campo de resurrección.

La propuesta no busca reproducir la ciudad como postal ni como relato documental. Su ambición opera en otra zona. Andrea Peña levanta un universo escénico atravesado por la memoria política, histórica y cultural de su herencia colombiana. Desde esa raíz, la pieza se despliega como un acontecimiento performativo de barroco posandino, una expresión que ya contiene buena parte de su fuerza: exceso, materia, ruina, esplendor, violencia simbólica y una belleza que surge de la fricción entre lo ancestral y lo contemporáneo.

Con nueve intérpretes en escena, ‘Bogotá’ se plantea como una contemplación sobre la muerte y la resurrección. Esa muerte, sin embargo, queda lejos de una idea lineal o cerrada. La obra la entiende como tránsito, mutación y proceso. Lo que muere puede transformarse. Lo que cae puede reaparecer bajo otra forma. Lo que una historia colonial, social o corporal intenta quebrar puede regresar convertido en energía, gesto, presencia o resistencia.

En ese sentido, la ciudad se convierte en organismo. Bogotá, llamada en el texto de referencia ‘La Dama de la montaña resplandeciente’, comparece como un paisaje atravesado por capas espirituales, corporales, sociales y culturales. La montaña no aparece únicamente como accidente geográfico. Funciona como una figura de permanencia y vigilancia. La ciudad respira bajo ella como un cuerpo sometido a fuerzas contradictorias: caos y creatividad, violencia y belleza, desarraigo y pertenencia, duelo y renacimiento.

La escena se articula desde un diseño seco y brutalista. Ese marco visual no suaviza la experiencia. La endurece. Los cuerpos y los materiales se convierten en paisajes políticos sometidos a procesos voluntarios de ruptura y transformación. Cada intérprete parece ocupar un lugar entre la materia y la ceremonia. La fisicalidad adquiere un valor central porque el cuerpo deja de ser un simple instrumento expresivo. Se vuelve archivo, superficie de inscripción, ruina activa y territorio donde la historia deposita sus tensiones.

Desde esa perspectiva, ‘Bogotá’ puede leerse como un homenaje a la capacidad de los pueblos para resurgir dentro de la era poscolonial. La obra coloca en el centro la resistencia. También la reinvención. Frente a los imaginarios de dominación, desaparición o sometimiento, Andrea Peña propone una escena donde los cuerpos atraviesan etapas evolutivas de renacimiento. La resurrección adquiere así una dimensión política. Persistir también es una forma de creación. Sobrevivir también puede convertirse en lenguaje.

La vivacidad teatral del barroco aparece en la pieza con sus zonas doradas y grotescas. No se trata de un barroco ornamental, sino de un barroco físico, oscuro y excesivo, capaz de tensar la belleza hasta volverla inquietante. En ese campo visual y sensorial, la muerte se aborda desde una perspectiva queer. La pieza cuestiona las formas estables de identidad, corporalidad y conciencia. También interroga la resiliencia poshumana, entendida como una capacidad de mutación en un mundo donde lo biológico, lo cultural, lo tecnológico y lo histórico ya no pueden pensarse como compartimentos aislados.

El espectáculo construye un paisaje contemporáneo donde se entrelazan mitologías antiguas, realismo mágico y arquitectura barroca. Esa mezcla no funciona como decoración conceptual. Opera como una estrategia de pensamiento escénico. La mitología aporta profundidad arcaica. El realismo mágico introduce una lógica de aparición, desdoblamiento y extrañeza. La arquitectura barroca permite pensar el espacio como tensión entre exceso, sombra y revelación. En esa confluencia se configura un mundo alternativo donde el cuerpo queer, el patrimonio político colombiano y los imaginarios postindustriales y poscoloniales dialogan desde una experiencia cruda, estética y física.

Andrea Peña llega a esta obra con una formación híbrida en danza y diseño. Esa doble pertenencia resulta decisiva para entender su lenguaje. Sus creaciones no se limitan a organizar movimiento. Funcionan como instalaciones vivas donde el cuerpo conversa con la materia, la luz, la textura y el espacio. La coreografía aparece así como una arquitectura temporal. El diseño deja de ser contexto y se convierte en interlocutor del cuerpo.

De ascendencia canadiense-colombiana, Peña reexamina en ‘Bogotá’ sus raíces latinoamericanas desde una mirada decididamente poscolonial. La ciudad que convoca no es únicamente un lugar de origen o de memoria familiar. Es una estructura sensible donde se cruzan herencia, conflicto, exuberancia y fractura. La capital colombiana aparece recreada como paisaje dinámico y contrastante, un territorio donde el caos urbano convive con una creatividad colectiva de enorme potencia.

El trabajo de AP&A se ha caracterizado por una investigación conceptual rigurosa sobre la sociedad moderna, la memoria ancestral latinoamericana y las nociones del cuerpo. Obras como ‘6.58: Manifesto’, estrenada en 2021, ya examinaban el cuerpo como territorio donde las sociedades construyen sistemas de opresión. Creaciones posteriores como ‘UAQUE’ y ‘Replica’, ambas de 2024, profundizaron en la otredad y en la relación entre cuerpo y entorno material.

‘Bogotá’ prolonga esas preocupaciones y las lleva hacia un plano de mayor densidad simbólica. La pieza reúne danza, performance, instalación, memoria política y pensamiento corporal para proponer una experiencia visceral, transgresora y magnética. En Condeduque, la temporada no se cierra con una obra complaciente, sino con una pregunta encarnada: qué puede hacer un cuerpo cuando carga con una ciudad, una herencia y una historia que todavía exigen ser transformadas.

Andrea Peña responde desde la escena con una imagen poderosa. Todo cuerpo herido puede convertirse en paisaje. Toda ciudad marcada por la violencia puede producir belleza incómoda. Toda muerte, si encuentra lenguaje, puede comenzar a parecerse a una forma radical de resurrección.

Compartir:

Facebook
Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Descarga ahora el último número de nuestra revista!

Gabriel Matías desvela en Urban Beat las claves de su nuevo espectáculo ‘Quitar lo superfluo’: cante, baile y toque

Hay artistas que avanzan acumulando capas y otros que necesitan retirarlas. Gabriel Matías pertenece a los segundos. En ‘Quitar lo superfluo’, el espectáculo con el que llega a los Teatros del Canal en el marco de la XXI edición de Suma Flamenca, el próximo 24 de octubre, el bailaor parte de una frase de Antonio Gades: «Al baile, como a todo, hay que quitarle lo superfluo». En su propuesta, esa idea trasciende la consigna estética y se convierte en método: reducir, escuchar, apartar lo accesorio y confiar en que el cante, el baile y el toque puedan sostener por sí mismos una verdad escénica. Nacido en Porto Alegre, en el estado brasileño de Rio Grande do Sul, Matías ha construido en Madrid una trayectoria marcada por el aprendizaje del flamenco y por una memoria cultural que nunca ha dejado atrás. En su manera de bailar conviven la formación adquirida en España y el eco de un sur brasileño atravesado por la tradición gaucha, el zapateado, la milonga y el fandango. Ese cruce no aparece en su discurso como una fórmula de laboratorio, sino como una experiencia incorporada al cuerpo. Ha aprendido de figuras como Antonio Canales, Javier Latorre, Rafael Carrasco, Paco Peña o Shoji Kojima, pero insiste en una idea sencilla y exigente: nada puede llegar al escenario si antes no ha pasado por él, si no lo reconoce como propio, si no lo siente verdadero.
La distancia respecto de ‘Bailar’ , su trabajo anterior, ayuda a entender el nuevo punto de partida. Allí había una dramaturgia más explícita, atravesada por la inmigración, el desplazamiento y los sacrificios asociados a una vida dedicada a la danza. En ‘Quitar lo superfluo’ , en cambio, Matías retira buena parte de ese andamiaje y deja que el propio flamenco ocupe el centro. «Quiero bailar, quieren cantar, quieren tocar». La frase resume una decisión artística: no imponer un relato previo, no cerrar el sentido antes de que empiece la función, permitir que la escena produzca sus propias asociaciones y que el público encuentre las suyas.
En conversación con Urban Beat, el bailaor habla de la tradición sin nostalgia, del duende como una aparición que no se puede fabricar pero sí propiciar, del trabajo como disciplina y de los premios como estímulos que nunca deberían confundirse con una medida definitiva del valor. Pero la noción de lo superfluo termina saliendo del escenario y entrando en la vida. Matías la relaciona con las inseguridades, con el ruido exterior, con aquello a lo que concedemos una importancia desproporcionada mientras olvidamos que el tiempo se agota. Ahí, la idea que da título al espectáculo adquiere su sentido más amplio: quitar lo que distrae para volver a mirar lo esencial.

Javier Martín transforma el sueño en materia coreográfica con ‘RÆM las aguas mentales’

Dormir no significa abandonar el mundo. Incluso cuando la conciencia parece retirarse, el cuerpo continúa registrando tensiones, imágenes, memorias y estímulos cuya lógica no siempre alcanza la vigilia. Desde ese territorio incierto parte Javier Martín en ‘RÆM las aguas mentales’, un solo de danza contemporánea e instalación audiovisual que llegará los días 22 y 23 de septiembre a la Sala Negra de Teatros del Canal como estreno absoluto.

El Festival Siete Villas vuelve a disputar el mapa cultural de Madrid

Siete municipios de la Comunidad de Madrid volverán a convertirse este otoño en escenarios para el teatro, la danza, el clown y la creación participativa. La cuarta edición del Festival Siete Villas se celebrará del 3 de octubre al 1 de noviembre de 2026 con una programación que busca desplazar las artes escénicas fuera de los circuitos habituales y reforzar su presencia en localidades con menor capacidad presupuestaria para desarrollar proyectos culturales.

Chun Zhang transforma el krabi krabong en una coreografía sobre poder y vulnerabilidad

La coreógrafa Chun Zhang, al frente de la compañía Yibu, presenta los días 17 y 18 de septiembre en la Sala Negra de Teatros del Canal Eclipse, una creación de 70 minutos que traslada el Krabi Krabong, arte marcial tailandés vinculado al manejo de armas y, en este caso, al doble bastón, al territorio de la danza contemporánea. Fuerza, identidad y empoderamiento femenino confluyen en una pregunta que atraviesa la pieza: qué puede hacer el cuerpo cuando la fractura exige resistencia, pero todavía deja espacio para la ternura y la cooperación.

José Maldonado convierte el movimiento flamenco en materia pictórica con ‘Guacamayo’

José Maldonado lleva años investigando qué permanece del baile cuando el cuerpo deja de ejecutarlo. En ‘Guacamayo’, su nueva creación, esa búsqueda adquiere una forma material: el movimiento se traslada al lienzo y cada impulso, roce o desplazamiento deja una huella visible. Teatros del Canal estrena los días 12 y 13 de septiembre, dentro del ciclo Canal Baila, una pieza en la que danza flamenca, pintura y música en directo confluyen en una misma transformación escénica, hasta hacer del cuerpo intérprete y herramienta de creación al mismo tiempo.

Damien Jalet despliega en Madrid un universo coreográfico en metamorfosis

Damien Jalet lleva años trabajando en una zona donde la danza deja de pertenecer únicamente al teatro y entra en un proceso de metamorfosis constante. El cuerpo puede convertirse en signo ritual, dispositivo político, materia cinematográfica o superficie sometida a fuerzas que parecen excederlo. Esa capacidad para transformar el movimiento al hacerlo circular entre disciplinas sitúa al coreógrafo franco-belga en una posición singular dentro de la creación contemporánea y explica el ciclo que Centro Danza Matadero y Cineteca le dedican en Madrid del 5 al 12 de septiembre.

También te puede interesar

Gabriel Matías desvela en Urban Beat las claves de su nuevo espectáculo ‘Quitar lo superfluo’: cante, baile y toque

Hay artistas que avanzan acumulando capas y otros que necesitan retirarlas. Gabriel Matías pertenece a los segundos. En ‘Quitar lo superfluo’, el espectáculo con el que llega a los Teatros del Canal en el marco de la XXI edición de Suma Flamenca, el próximo 24 de octubre, el bailaor parte de una frase de Antonio Gades: «Al baile, como a todo, hay que quitarle lo superfluo». En su propuesta, esa idea trasciende la consigna estética y se convierte en método: reducir, escuchar, apartar lo accesorio y confiar en que el cante, el baile y el toque puedan sostener por sí mismos una verdad escénica. Nacido en Porto Alegre, en el estado brasileño de Rio Grande do Sul, Matías ha construido en Madrid una trayectoria marcada por el aprendizaje del flamenco y por una memoria cultural que nunca ha dejado atrás. En su manera de bailar conviven la formación adquirida en España y el eco de un sur brasileño atravesado por la tradición gaucha, el zapateado, la milonga y el fandango. Ese cruce no aparece en su discurso como una fórmula de laboratorio, sino como una experiencia incorporada al cuerpo. Ha aprendido de figuras como Antonio Canales, Javier Latorre, Rafael Carrasco, Paco Peña o Shoji Kojima, pero insiste en una idea sencilla y exigente: nada puede llegar al escenario si antes no ha pasado por él, si no lo reconoce como propio, si no lo siente verdadero.
La distancia respecto de ‘Bailar’ , su trabajo anterior, ayuda a entender el nuevo punto de partida. Allí había una dramaturgia más explícita, atravesada por la inmigración, el desplazamiento y los sacrificios asociados a una vida dedicada a la danza. En ‘Quitar lo superfluo’ , en cambio, Matías retira buena parte de ese andamiaje y deja que el propio flamenco ocupe el centro. «Quiero bailar, quieren cantar, quieren tocar». La frase resume una decisión artística: no imponer un relato previo, no cerrar el sentido antes de que empiece la función, permitir que la escena produzca sus propias asociaciones y que el público encuentre las suyas.
En conversación con Urban Beat, el bailaor habla de la tradición sin nostalgia, del duende como una aparición que no se puede fabricar pero sí propiciar, del trabajo como disciplina y de los premios como estímulos que nunca deberían confundirse con una medida definitiva del valor. Pero la noción de lo superfluo termina saliendo del escenario y entrando en la vida. Matías la relaciona con las inseguridades, con el ruido exterior, con aquello a lo que concedemos una importancia desproporcionada mientras olvidamos que el tiempo se agota. Ahí, la idea que da título al espectáculo adquiere su sentido más amplio: quitar lo que distrae para volver a mirar lo esencial.

Elizabeth Wakefield: «Hablar de dinero no es hablar únicamente de números, sino de libertad, seguridad, dignidad y capacidad de decisión»

El dinero condiciona mucho más que una cuenta bancaria: delimita márgenes de elección, introduce certezas o incertidumbres y puede determinar hasta qué punto una persona conserva el control sobre su propia vida. Elizabeth Wakefield, fundadora y directora de Finanzas Conscientes, ha situado esa relación en el centro de un proyecto dedicado a la educación, la planificación y el acompañamiento financiero. Su propia experiencia durante la crisis de 2008 terminó orientando una trayectoria que hoy defiende el conocimiento como herramienta de autonomía. En conversación con Urban Beat, Wakefield aborda las emociones que intervienen en nuestras decisiones económicas, cuestiona las promesas simplificadoras de la libertad financiera y reconoce los límites de la responsabilidad individual frente a los salarios, la vivienda, los cuidados o las desigualdades estructurales. Su punto de partida es una carencia que considera todavía demasiado extendida: «El sistema ha normalizado que utilicemos dinero durante toda la vida sin enseñarnos a gestionarlo. Podemos terminar la educación obligatoria sabiendo resolver ecuaciones, pero sin comprender una nómina, una hipoteca, el interés compuesto, la inflación, la fiscalidad básica o la diferencia entre ahorrar e invertir», explica, al tiempo que señala que esa brecha de conocimiento no afecta únicamente a la gestión del patrimonio, sino también a la capacidad de decidir sobre la propia vida.

New Balance Made in USA actualiza sus iconos para el otoño/invierno 2026

La permanencia de un clásico depende, en parte, de su capacidad para aceptar pequeñas alteraciones sin perder identidad. New Balance trabaja precisamente sobre esa tensión en su colección Made in USA Otoño/Invierno 2026, donde varias de sus siluetas más reconocibles regresan sometidas a nuevas combinaciones cromáticas, texturas y materiales.

Wilhelmina Barns-Graham y la transformación del paisaje en abstracción

Durante ocho décadas, Wilhelmina Barns-Graham construyó una obra atravesada por una pregunta persistente: qué ocurre cuando el paisaje deja de ser únicamente aquello que se contempla y empieza a funcionar como experiencia interior. Desde las montañas escocesas hasta la costa de Cornualles, pasando por los glaciares suizos, las Islas Baleares, Orkney o Lanzarote, la artista británica convirtió la percepción de la naturaleza en un territorio donde color, geometría, memoria y emoción podían adquirir autonomía.

Scroll al inicio

¡Entérate de todo lo que hacemos

Regístrate en nuestro boletín semanal para recibir todas nuestras noticias