La exposición parte de la retícula como imagen de racionalidad, estructura y progreso. Desde las vanguardias históricas, esa geometría elemental funcionó como una gramática universal capaz de organizar el espacio, reducir la complejidad a sistemas legibles y extender la experiencia plástica más allá del marco. Pero esa aspiración a la estabilidad terminó encontrándose con sus propias grietas. Frente a la norma aparecen el cuerpo, el tiempo, la memoria, el azar y las transformaciones de lo vivo. En ese desplazamiento se sitúan las piezas seleccionadas por Torres, para quien la retícula puede actuar como soporte o arquitectura visual, pero también fragmentarse, deformarse o quedar invadida por elementos orgánicos.
El jardín de Parque Florido refuerza esa confrontación porque obliga a las esculturas a medirse con un medio cambiante. ‘Compass’ (2023), de Carlos Albert, representado por Galería BAT, utiliza el acero corten para desarrollar formas abiertas y dinámicas que articulan el espacio circundante. En ‘SC-09-A/100’ (2024-2025), de David Magán, perteneciente a Ópera Gallery, el acero inoxidable y el cable sirven a una investigación sobre luz, color y percepción. Tamara Arroyo, con Galería Nieves Fernández, plantea en ‘Ciclo vital’ (2023) una combinación de hierro, esmalte y cerámica gres desde la que interroga los estados intelectuales que surgen en nuestra relación con el entorno inmediato.
La síntesis formal adquiere otra dimensión en ‘Afrodita IV’, realizada en 1989 por Andreu Alfaro y presentada por Galería Álvaro Alcázar. El escultor valenciano, figura destacada de la segunda mitad del siglo XX y precursor del minimalismo en España, concentra elegancia y sensualidad en una curva de mármol blanco de Carrara. Cristina Almodóvar, representada por Galería Fernández-Braso, trabaja una paradoja distinta en ‘Levedad I’ (2026): el acero corten oxidado, asociado al peso y la resistencia, adquiere una apariencia casi frágil, próxima al papel.
También Mar Solís introduce la naturaleza como principio estructural. En ‘Arbor’ (2017), presentada por Freijo Gallery, la línea curva y elíptica se adentra en la vegetación y cuestiona la frontera entre organismo y construcción. La pieza conecta con una investigación continuada sobre los ritmos naturales y con otra lectura de la retícula: la de un esqueleto funcional que también puede descubrirse en organismos vivos, fibras naturales, procesos genéticos o redes sociales.
La dimensión política aparece con claridad en ‘Torre Bela’ (2026), del lisboeta Nuno Nunes-Ferreira, presentado por Galería Juan Silió. La instalación reúne azadas usadas, lacadas en negro, y remite al documental homónimo sobre el movimiento campesino que en 1975 ocupó una antigua finca portuguesa con la aspiración de organizarla como cooperativa y cuestionar los privilegios de la clase dominante. Josep Maynou, desde Bombon Projects, desplaza la reflexión hacia un registro lúdico con ‘Huevos fritos’ (2025), construida con cisternas de porcelana y bolas de ping-pong, donde equilibrio, azar y tensión conviven sin resolverse.
La presencia latinoamericana, vinculada al marco de la XXX Cumbre Iberoamericana, incorpora otras capas. El salvadoreño Simón Vega, representado por Galería Albarrán Bourdais, presenta ‘Estela del Gobernante G’ (2026), realizada con hierro, lámina metálica y objetos reciclados. La obra recupera la monumentalidad de la estela para examinar la figura del gobernante y los mecanismos del culto a la personalidad en contextos de regresión social. La estructura deja aquí de ordenar únicamente la materia para intervenir también sobre los símbolos del poder.
Pedro Calapez, uno de los nombres reconocidos del arte portugués contemporáneo y representado por Galería Fernando Pradilla, plantea en ‘Rito de paso / Rito de passagem’ (2026) una investigación sobre forma, espacio y percepción mediante aluminio pintado. Su estructura próxima al laberinto o al espejo convierte el tránsito del espectador en parte de la obra. Javier Bravo de la Rueda, con Galería Ponce+Robles, trabaja en ‘Cruce de Caminos’ (2022-2026) los límites de la gravedad, el color y la textura mediante hierro, cerámica y cemento, articulando vínculos entre construcción, relato fragmentario y tradiciones culturales.
La exposición incorpora además dos instalaciones concebidas específicamente para el lugar. Sandra del Val, con Galería Espacio Valverde, presenta ‘Asobiba’ (2026), realizada con paños de azulejería esmaltada, cemento y material refractario. La obra remite a un término japonés asociado al espacio de juego y convierte la memoria en un territorio que puede recorrerse y reconstruirse. El cubano Dagoberto Rodríguez, representado por Galería Casado Santapau, parte en ‘Bloques (I, II y III)’ de la estética de los juguetes Lego para relacionar juego, arquitectura, memoria y política.
‘Entre la retícula y la vida’ encuentra así en el jardín del Lázaro Galdiano un marco especialmente coherente. Las obras no ilustran una oposición simple entre geometría y naturaleza, sino que muestran cómo ambos principios se contaminan continuamente. El orden puede contener la vida, pero también quebrarse bajo su presión; lo orgánico puede parecer libre, aunque reproduzca sistemas internos de estructura y repetición. Entre ambos extremos, el recorrido abre un territorio donde la norma deja de funcionar como frontera y se transforma en campo de experimentación. El jardín deja entonces de ser fondo para convertirse en argumento: un espacio donde cada estructura debe negociar con aquello que crece, cambia y escapa.









