El origen de este proyecto se encuentra en una inquietud que Jan Martens comenzó a desarrollar durante sus primeros años como creador. Le interesaba investigar la figura del bailarín profesional, habituado a ejecutar movimientos complejos y a responder a unas exigencias técnicas que pueden terminar ocultando su individualidad. Buscaba un ejercicio capaz de hacer visibles las consecuencias del esfuerzo sin recurrir a una elaboración coreográfica excesiva. Encontró la respuesta en el salto, un movimiento aparentemente elemental cuya repetición prolongada exige una resistencia considerable.
La elección también estuvo influida por Philippe Halsman, fotógrafo estadounidense conocido por retratar a numerosas celebridades mientras saltaban. Halsman sostenía que la concentración necesaria para realizar esa acción podía provocar que las personas abandonaran momentáneamente sus actitudes habituales. Martens encontró en aquella interpretación una referencia para desarrollar su propia investigación: descubrir qué sucede cuando el esfuerzo físico dificulta mantener la imagen de perfección que se espera de un intérprete.
Después de experimentar con una versión breve en 2013, Jan Martens estrenó ‘THE DOG DAYS ARE OVER’ en Ámsterdam el 20 de marzo de 2014. Ocho bailarines ejecutaban una exigente sucesión de saltos, sometidos a una estructura matemática que combinaba desplazamientos geométricos y movimientos sincronizados. La prolongación del ejercicio terminaba por imponer sus propias condiciones. A medida que avanzaba la coreografía, las diferencias individuales se hacían visibles mediante pequeñas alteraciones del ritmo y errores que interrumpían la uniformidad inicial.
El planteamiento introducía una contradicción deliberada: cuanto mayor era el esfuerzo colectivo por alcanzar la precisión, más evidentes resultaban las particularidades de cada cuerpo. La repetición dejaba de funcionar exclusivamente como un mecanismo compositivo y comenzaba a revelar las limitaciones de una disciplina que exige a sus intérpretes ejecutar lo extraordinario con aparente facilidad. El error adquiría entonces un significado distinto. Lejos de representar únicamente un fracaso técnico, permitía reconocer a la persona que permanecía oculta detrás del bailarín.
Esta exploración de la individualidad adquiriría mayor complejidad en sus creaciones posteriores, en las que Martens profundizó en las relaciones entre las diferencias personales y la acción colectiva. En ‘Any attempt will end in crushed bodies and shattered bones’, estrenada el 18 de julio de 2021 en el Festival de Aviñón, reunió a diecisiete bailarines de distintas generaciones y trayectorias profesionales. La diversidad del elenco permitía investigar las posibilidades de una comunidad en la que cada intérprete pudiera encontrar su propio espacio. Esa preocupación reapareció en ‘FUTUR PROCHE’ (2022), también estrenada en Aviñón, donde trabajó con quince bailarines de Opera Ballet Vlaanderen, dos niños y la clavecinista Goska Isphording.
Su trayectoria, distinguida con el premio Charlotte Köhler en 2015 y con su nombramiento como caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia en 2023, permite comprender el significado de su regreso a ‘THE DOG DAYS ARE OVER’. Martens, actualmente codirector artístico de GRIP, recupera una creación que también modificó su propia percepción del trabajo de los bailarines y de las posibilidades expresivas de un grupo.
Durante las giras internacionales de la obra original, descubrió una dimensión que inicialmente no había previsto con tanta claridad: la solidaridad entre los intérpretes. La resistencia necesaria para mantener la coreografía dependía también del apoyo mutuo. Los bailarines compartían una exigencia física que habría resultado mucho más difícil de afrontar individualmente. El agotamiento, concebido inicialmente como un recurso para revelar las diferencias personales, también hacía visible la capacidad del grupo para sostenerse.
Esta experiencia adquirió especial importancia durante la preparación de ‘THE DOG DAYS ARE OVER 2.0’, estrenada mundialmente en septiembre de 2025 durante la Bienal de la Danza de Lyon. La nueva producción incorpora doce intérpretes que se alternan en diferentes repartos, manteniendo la estructura escénica original de ocho bailarines. La transmisión de la coreografía ha contado con la participación de integrantes del primer elenco, quienes han compartido con la nueva generación tanto la precisión de los movimientos como los conocimientos adquiridos durante años de representaciones.
El proceso también revela una transformación significativa en las condiciones de trabajo. Martens ha explicado que la nueva versión incorpora una preparación física más estructurada, acompañamiento nutricional y una mayor atención a los periodos de recuperación. La coreografía conserva su extraordinaria exigencia, pero su preparación responde a una conciencia más desarrollada de las necesidades de quienes deben ejecutarla. El cuidado de los intérpretes adquiere así una importancia que complementa la investigación artística.
Esta evolución introduce una cuestión que supera los límites de la representación. La responsabilidad de un creador también comprende las condiciones en las que sus intérpretes desarrollan su trabajo. En este caso, la transmisión de una obra permite revisar los procedimientos originales sin renunciar a las exigencias que definen su identidad.
Sin embargo, la responsabilidad que plantea ‘THE DOG DAYS ARE OVER 2.0’ también alcanza al público. La sincronización y la resistencia pueden despertar admiración, pero la aparición progresiva del cansancio modifica nuestra relación con aquello que contemplamos. El espectador descubre que el esfuerzo que sostiene el virtuosismo constituye también una experiencia humana cuyas consecuencias permanecen habitualmente fuera de su mirada.
Martens recupera así una coreografía que ha evolucionado junto a su propio pensamiento. Lo que comenzó como una investigación sobre la perfección y las contradicciones del bailarín profesional terminó incorporando una reflexión sobre las posibilidades de la cooperación. La individualidad emerge cuando la uniformidad comienza a deteriorarse, pero es precisamente la pertenencia al grupo lo que permite afrontar el desgaste.
Quizá la cuestión más incómoda que plantea esta nueva versión no sea cuánto esfuerzo puede soportar un bailarín, sino qué responsabilidad asumimos quienes contemplamos ese esfuerzo. Porque detrás de cada movimiento ejecutado con precisión existe un cuerpo que trabaja y, junto a él, otros cuerpos de los que también depende.









