La muestra reúne más de 25 obras de nueva producción y propone remontar el río Cautín desde su desembocadura en el océano Pacífico hasta su nacimiento en el volcán Lonquimay, en la cordillera andina. No se trata únicamente de reproducir un recorrido geográfico, sino de alterar la dirección desde la que suele contarse la historia. El trayecto avanza a contracorriente y adopta una estructura circular vinculada a la concepción no lineal del tiempo en la filosofía mapuche, donde el agua se mueve mediante ciclos y espirales y la memoria no responde necesariamente a una secuencia cronológica.
Calfuqueo, nacida en Santiago de Chile en 1991, lleva más de una década investigando las relaciones entre identidad, territorio y memoria mapuche. Su trabajo, presente en colecciones como las de la Tate Modern y el Centre Pompidou, ha pasado por la Bienal de Venecia y fue reconocido en 2026 con el Focus Stand Prize de Frieze New York. Su práctica combina distintos lenguajes contemporáneos para articular una visión en la que lo natural, lo geológico, lo espiritual y lo político aparecen estrechamente relacionados. Ese cruce adquiere una dimensión especialmente significativa en torno al Cautín, uno de los principales cauces de la Araucanía, territorio histórico del pueblo mapuche situado en el centro-sur de Chile y Argentina. El río discurre por una geografía marcada por sucesivos procesos de colonización, desde la expansión española y las campañas emprendidas posteriormente por el Estado chileno hasta la privatización del agua durante la dictadura de Augusto Pinochet, que consolidó su explotación como recurso económico.
Frente a esa concepción mercantil, la exposición recupera una perspectiva donde agua y tierra forman parte de una misma red de dependencias. La convivencia entre seres humanos, animales, vegetación, fuerzas naturales y criaturas míticas constituye uno de los fundamentos de la propuesta. Calfuqueo utiliza esa relación para cuestionar las narrativas construidas sobre el territorio y examinar sus consecuencias medioambientales, sociales e identitarias.
La comisaria Marina Avia Estrada resume esa intención al señalar que ‘CAUTÍN’ no plantea el río únicamente como corriente de agua, sino como lugar de reunión. Esa idea organiza una muestra que deliberadamente desborda las categorías asociadas al arte indígena tradicional y trabaja con instalación, cerámica, vídeo, animación 3D, pintura, fotografía, textil y mural.
El recorrido comienza en el Pacífico mediante una animación tridimensional protagonizada por Carmen, madre de la artista. En su tránsito por el río aparecen las ballenas ‘Trempulkawe’, encargadas de transportar a los muertos para facilitar su transformación en espíritus y su regreso al alma universal. La pieza introduce desde el comienzo una concepción del paisaje donde naturaleza, genealogía familiar y mitología pertenecen al mismo sistema de significados.
En el extremo opuesto del recorrido, el volcán aparece mediante una instalación cerámica de la que emerge una cascada de cabello sintético. La obra alude al papel que tuvo el pelo en determinados procesos de sometimiento cultural ejercidos por las misiones evangelizadoras sobre las poblaciones indígenas. El cuerpo se incorpora así al territorio y convierte elementos aparentemente íntimos en indicios de una violencia histórica más amplia.
Entre ambos extremos, doce piezas cerámicas zoomorfas combinan el ‘metawe’, la vasija tradicional mapuche utilizada para recoger y fermentar líquidos, con especies animales propias del entorno del Cautín. Algunas de ellas se encuentran amenazadas, como la ranita de Darwin o el huillín, también conocido como nutria de río. La operación establece una continuidad entre cultura material y biodiversidad y desplaza cualquier separación tajante entre objeto, territorio y vida.
Otra serie, formada por nueve pinturas acrílicas bordadas manualmente, reconstruye la región mediante iconografías occidentales y mapuches. Los textiles cartográficos, concebidos para poder contemplarse por ambas caras, superponen planimetrías, patrones sagrados y representaciones de especies vegetales y animales autóctonas. El mapa deja entonces de ser una superficie neutral para convertirse en una forma de decidir cómo se representa y quién tiene autoridad para nombrar un territorio.
El cuerpo de Calfuqueo aparece igualmente en una videoperformance donde el río funciona como lugar de tránsito y fricción. Otra animación recupera la figura del ‘shumpall’, espíritu acuático cambiante e híbrido dentro de la tradición mapuche, que la exposición relaciona también con la propia transición de la artista.
La memoria política ocupa un lugar específico mediante un mural de gran formato dedicado a participantes reales del ‘Cautinazo’, episodio desarrollado entre 1968 y 1973 y vinculado a los procesos de recuperación territorial mapuche. Su inclusión introduce una dimensión histórica concreta dentro de una muestra donde las referencias míticas y espirituales conviven con formas organizadas de reivindicación social.
El azul atraviesa prácticamente toda la exposición. El ‘kalfü’, color sagrado dentro de la cultura mapuche, articula tanto las obras como la museografía diseñada por Andrea Muniáin. El planteamiento espacial toma el puente como referencia y conduce al visitante por una sucesión de meandros que reproducen simbólicamente el movimiento del río. La elección posee además una dimensión biográfica: Calfuqueo significa ‘pedernal azul’ en mapudungún.
Esa insistencia cromática convive con una materialidad deliberadamente ambigua. La exposición incorpora acabados brillantes, superficies esmaltadas, materiales artificiales y elementos orgánicos dentro de lo que la artista denomina ‘materiales travestis’. Cerámicas modeladas a mano con reflejos metálicos, cabello sintético y otros componentes cuestionan las divisiones convencionales entre natural y artificial, pureza y contaminación, tradición y contemporaneidad.‘CAUTÍN’ evita presentar el territorio como una imagen intacta. El río aparece también turbio, atravesado por conflictos, explotación y pérdida. En lugar de eliminar esas tensiones, Calfuqueo las convierte en parte del equilibrio inestable desde el que se construye la exposición. El proyecto se completa con un programa público que incorpora performances, propuestas educativas realizadas junto a EducaThyssen, un ciclo de cine, talleres y recorridos nocturnos derivados de una convocatoria abierta.
Después de su presentación en Madrid, la exposición iniciará una itinerancia internacional. Entre mayo y septiembre de 2027 podrá verse en el Centro Cultural La Moneda, en Chile, y entre enero y marzo de 2028 llegará a The Wallach Art Gallery, en el Lenfest Center for the Arts de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Más que utilizar el Cautín como escenario, Seba Calfuqueo lo convierte en una estructura desde la que pensar. Remontar sus aguas implica revisar las capas de poder, memoria, espiritualidad y violencia depositadas sobre el territorio. El río deja así de funcionar como paisaje y recupera algo más incómodo y también más fértil: su condición de sujeto histórico.









