Desde los templos de la antigüedad hasta los rascacielos corporativos del siglo XXI, la arquitectura ha servido como símbolo visible del poder. En Arquitectura y poder, Valentí traza una genealogía que conecta los palacios barrocos de la aristocracia con los megaproyectos de inversión neoliberal en ciudades globalizadas. A través de una prosa clara y rigurosa, desentraña cómo los intereses financieros no solo influyen en las decisiones urbanísticas, sino que determinan quién tiene derecho a habitar la ciudad y bajo qué condiciones.
Uno de los grandes aciertos del libro de Sergi Miquel Valentí es su capacidad para establecer vínculos entre fenómenos aparentemente dispares. Valentí analiza desde las reformas haussmanianas en el París del siglo XIX —donde el trazado urbano se convirtió en mecanismo de vigilancia y expulsión de los pobres— hasta el modelo de ciudad-marca en el siglo XXI, donde arquitectos estrella diseñan “iconos” para atraer capitales y turistas, pero expulsan a comunidades vulnerables. Valentí también se adentra en la figura del arquitecto como intermediario entre el capital y la sociedad. En este punto, el libro no teme ser crítico con ciertas prácticas del star system arquitectónico: nombres como Zaha Hadid, Rem Koolhaas o Norman Foster aparecen en el texto no para denigrar su obra, sino para cuestionar su complicidad con dinámicas extractivas y especulativas que hacen del diseño una mercancía más. En contraposición, Valentí reivindica una arquitectura comprometida con lo común, con lo habitable, con el derecho a la ciudad que defendía Henri Lefebvre.
La obra de Sergi Miquel Valentí no se limita a una denuncia ideológica: es también una invitación a repensar los fundamentos de nuestra convivencia. ¿Quién diseña nuestras ciudades? ¿A quién sirven sus formas? ¿Qué cuerpos y subjetividades quedan fuera del imaginario arquitectónico hegemónico? Estas preguntas recorren Arquitectura y poder con profundidad y coherencia, en un intento de devolver la arquitectura a su dimensión política y ética.
En tiempos de creciente desigualdad urbana y crisis habitacional global, el libro de Valentí se vuelve más urgente que nunca. Porque toda arquitectura es una declaración de intenciones. Y toda ciudad, un campo de batalla entre el capital y la dignidad.









