La operación funciona como una declaración de marca, pero también como un pequeño acto de mitología contemporánea. Lacoste no se limita a vestir a Djokovic. Lo convierte en emblema. Al intervenir uno de los logotipos más reconocibles de la moda deportiva, la casa francesa reconoce la dimensión excepcional de un jugador que lleva casi dos décadas ocupando el centro del tenis mundial y que ha escrito algunos de los capítulos más determinantes de este deporte.
Los números sostienen esa lectura. Djokovic acumula 101 títulos ATP, entre ellos 24 Grand Slam y 40 Masters 1000. Más allá de la estadística, su carrera ha ampliado los márgenes de lo posible dentro de la competición: longevidad, resistencia física, dominio mental, capacidad de adaptación y una ambición sostenida en escenarios donde la presión suele triturar incluso a los grandes campeones. En ese territorio, la palabra GOAT deja de ser únicamente una etiqueta popular para convertirse en una forma de reconocer una trayectoria difícilmente repetible.
La nueva colección GOAT reúne once piezas de edición limitada: polos, camisetas, chaqueta de chándal, pantalones, jersey, gorra, muñequeras y calcetines. Todas incorporan el logotipo especial creado para la ocasión, donde la identidad visual de Lacoste se desplaza hacia una iconografía inesperada. El cocodrilo, símbolo de elegancia deportiva desde hace décadas, adopta ahora la forma de una cabra. El gesto tiene humor, pero también precisión cultural: en una época dominada por los relatos de excelencia individual, el lenguaje de la moda se apropia del vocabulario del deporte y lo convierte en objeto de deseo.
La pieza más exclusiva de esta edición es un polo Lacoste con el logotipo GOAT en dorado. Concebido como artículo de coleccionista, solo estará disponible en 100 unidades y únicamente en la tienda insignia de Lacoste en Regent Street, Londres. La misma prenda contará también con una versión en el verde característico de la marca, un guiño directo a su herencia cromática, que sí se distribuirá a escala internacional.
La elección de Londres no es casual. Djokovic presentará personalmente la colección en la boutique de Regent Street, en el corazón de la capital británica. La ciudad posee un valor especial dentro de su biografía deportiva, ligada a algunos de los momentos más memorables de su carrera. En ese contexto, el lanzamiento adquiere una dimensión ceremonial: no se trata solo de poner en circulación nuevas prendas, sino de activar un relato entre el atleta, la marca y una ciudad asociada a la historia grande del tenis.
Éric Vallat, CEO de Lacoste, ha subrayado precisamente esa voluntad de celebración. Para la firma, Djokovic pertenece a esa categoría reducida de deportistas capaces de dejar una huella permanente en su disciplina. La colección GOAT nace como homenaje a su excelencia, su duración competitiva y su determinación, pero lo hace desde una clave creativa, lúdica y deliberadamente irónica: transformar el cocodrilo en cabra para reconocer al campeón sin solemnidad excesiva.
La campaña que acompaña el lanzamiento comenzó a difundirse el 22 de junio y está dirigida y fotografiada por Max Siedentopf, artista y creativo conocido por su mirada excéntrica y su sentido del humor visual. A través de una serie de cortometrajes, Djokovic aparece acompañado por cabritas y envuelto en situaciones inesperadas que juegan con su condición de GOAT. La imagen del campeón se desplaza así del pedestal épico hacia un registro más desenfadado, casi absurdo, donde la grandeza se permite reír de sí misma.
Ese tono resulta decisivo. Lacoste evita convertir la colección en una pieza rígida de veneración deportiva y apuesta por una campaña capaz de dialogar con los códigos contemporáneos de internet, la cultura meme y la narrativa pop. El resultado combina prestigio, complicidad y ligereza. Djokovic aparece como leyenda, pero también como figura dispuesta a participar en el juego simbólico que su propia carrera ha generado.
Con esta cápsula, Lacoste refuerza una alianza que va más allá del patrocinio tradicional. La firma francesa no solo asocia su imagen a uno de los jugadores más importantes de la historia del tenis; también reescribe, aunque sea de forma puntual, su propio archivo visual para integrarlo en el relato de un campeón. El cocodrilo se convierte en cabra y el logo, por un instante, deja de ser únicamente marca para convertirse en reconocimiento.
La colección GOAT confirma así una tendencia cada vez más visible en la moda deportiva contemporánea: las prendas ya no se limitan a acompañar el rendimiento o a prolongar la estética de la pista. Funcionan como cápsulas narrativas, como objetos de culto y como superficies donde se cruzan memoria, mercado, ironía y leyenda. En el caso de Djokovic, Lacoste parece asumir que la grandeza no necesita ser explicada demasiadas veces. Basta con alterar un símbolo histórico y dejar que el animal hable.









