La iniciativa nace del trabajo de Cabosanroque, el dúo formado por Laia Torrents y Roger Aixut, cuya trayectoria se ha caracterizado por explorar los territorios híbridos donde el sonido dialoga con el objeto, la escenografía y la poesía sonora. En esta ocasión, su investigación artística se cruza con la voz indisciplinada del cantaor y performer El Niño de Elche, quien participará en una performance vocal improvisada prevista para el 11 de marzo a las 20:00 horas.
La instalación Petrotuning se articula alrededor de un fenómeno aparentemente técnico: el auto-tune, ese efecto digital que corrige o transforma la afinación de la voz y que se ha convertido en una de las huellas sonoras más reconocibles de géneros como el trap o el reguetón. Sin embargo, la propuesta de Cabosanroque se aleja de la mera reflexión musical para situar este recurso tecnológico dentro de un entramado cultural mucho más amplio.
La obra indaga en las resonancias simbólicas que vinculan la voz humana con la tecnología y con los imaginarios contemporáneos. El resultado es una experiencia inmersiva que invita al espectador a reconsiderar qué significa hoy escuchar una voz, cómo se construye su artificialidad y de qué manera esa artificialidad refleja tensiones culturales de mayor escala.
El punto de partida conceptual del proyecto se relaciona con el concepto de petromasculinidad, desarrollado por la politóloga Cara Daggett en su ensayo de 2018 Petro-masculinity: Fossil Fuels and Authoritarian Desire. La investigadora sostiene que la cultura del petróleo ha contribuido a consolidar determinadas identidades masculinas asociadas al poder, la dominación y el autoritarismo.
Según esta lectura, el petróleo no es únicamente un recurso energético: también ha generado una mitología cultural profundamente arraigada durante el siglo XX. Automóviles, motocicletas, potencia mecánica o velocidad han alimentado una iconografía que vincula la tecnología del motor con formas de masculinidad hegemónica.
Este imaginario se reproduce en numerosos niveles de la vida contemporánea. Aparece en el paisaje acústico de las ciudades, en la publicidad televisiva, en las narrativas de la industria automovilística o en los discursos geopolíticos sobre soberanía energética. También se manifiesta en las dinámicas económicas del llamado capitalismo fósil, un sistema que desde la extracción hasta la combustión del petróleo atraviesa procesos productivos, estructuras de poder y conflictos sociales.
Uno de los aspectos más sugestivos de Petrotuning reside en la genealogía tecnológica del propio auto-tune. El efecto fue desarrollado a finales de los años noventa por el ingeniero estadounidense Andy Hildebrand, quien antes de dedicarse a la tecnología musical trabajó como especialista en prospección geofísica para la industria petrolera.
En ese contexto profesional, Hildebrand utilizaba explosivos y sensores subterráneos para analizar las ondas que atravesaban el terreno. A partir de esos datos era posible determinar la localización de yacimientos petrolíferos y definir los puntos exactos donde perforar.
Las mismas herramientas matemáticas que permitían interpretar esas ondas sísmicas terminaron aplicándose al análisis de la frecuencia de la voz humana. Así nació el software Auto-Tune, inicialmente concebido para corregir imperfecciones en grabaciones musicales, pero que pronto se transformó en un recurso estético distintivo dentro de la música popular contemporánea.
Cabosanroque parte de esta sorprendente conexión histórica para proponer lo que denominan una petroperformatividad vocal: una forma de expresión sonora en la que tecnología, petróleo e imaginarios culturales convergen de manera inesperada.
La instalación está compuesta por depósitos de gasolina y tubos de escape que funcionan como dispositivos acústicos y escultóricos. Estos elementos evocan simultáneamente la estética industrial del motor y las formas orgánicas del cuerpo humano. En algunos casos recuerdan incluso la voluptuosidad de órganos sexuales, mientras que en otros sugieren la solemnidad de reliquias o iconos religiosos.
Esa ambigüedad iconográfica produce un efecto inquietante: objetos asociados a la potencia mecánica del automóvil se transforman en instrumentos sonoros capaces de emitir resonancias que oscilan entre lo sensual y lo litúrgico.
La dimensión sonora de Petrotuning se construye a partir de una combinación aparentemente improbable. Los ritmos característicos del trap y del reguetón se entrelazan con la melodía de “O vos omnes”, motete compuesto en el siglo XVI por Tomás Luis de Victoria, una de las figuras centrales de la música sacra renacentista.
Esta mezcla genera una especie de oratorio petro-trap donde la tradición religiosa se funde con las estéticas urbanas contemporáneas. El resultado no pretende ser una simple fusión musical, sino una reflexión sobre la persistencia del lamento en diferentes épocas históricas.
En la ópera y en la música litúrgica, el lamento ha sido durante siglos una forma compositiva destinada a expresar dolor, culpa o pérdida. Cabosanroque retoman ese registro emocional para trasladarlo al presente: el lamento de una sociedad profundamente dependiente del petróleo y atrapada en sus propias contradicciones energéticas.
La propuesta que hoy se abre al público en Teatros del Canal se sitúa en una zona híbrida donde la exposición, el concierto y la performance se superponen. El espectador no se enfrenta únicamente a una instalación visual o sonora, sino a un dispositivo que transforma el espacio en una experiencia inmersiva.
La intervención vocal de El Niño de Elche, prevista para el 11 de marzo, intensificará esa dimensión performativa. Su trabajo —situado en la frontera entre el flamenco, la experimentación sonora y la poesía— dialogará con el paisaje acústico creado por Cabosanroque, prolongando la investigación sobre la voz y su potencial político.
Más allá de su dimensión estética, Petrotuning plantea una reflexión crítica sobre la cultura contemporánea en el contexto de la actual crisis ecosocial. Al vincular la tecnología vocal del auto-tune con la economía del petróleo, la instalación pone en evidencia hasta qué punto los imaginarios culturales están atravesados por infraestructuras energéticas invisibles.
La obra propone escuchar de otra manera los sonidos que pueblan la vida cotidiana: el rugido de los motores, las vibraciones mecánicas de la ciudad, la música urbana procesada digitalmente. Todos ellos forman parte de un mismo paisaje acústico que revela la persistencia de la cultura del petróleo en nuestra experiencia sensorial.
En este sentido, Petrotuning no solo se presenta como una pieza artística, sino como una herramienta crítica para examinar los vínculos entre tecnología, género, energía y poder. Una invitación, en definitiva, a pensar la voz —y el sonido mismo— como territorio político en la escena contemporánea.









