Urban Beat Contenidos

A Susan Sarandon no le gusta “la fruta”

Que a “A Susan Sarandon no le gusta la fruta” no es una excentricidad gourmet. Es una réplica cultural a aquella cretina gracieta de Isabel Díaz Ayuso convertida en consigna. Un eufemismo con sabor a cuña radiofónica local que terminó funcionando como contraseña para quienes querían exhibir exultante ingenio sin tener con qué. La fruta como tapadera. La ocurrencia como doctrina.

Pero mientras aquí se jugaba el chascarrillo chato, ocurrió algo que no estaba en el guion del espacio PP-Vox-Ayuso: una estrella de Hollywood blanca, con apellidos sajones y pedigrí de industria, decidió situar las políticas de Pedro Sánchez en el “lado correcto de la historia”. Y no lo hizo desde un panfleto marginal, sino desde la autoridad moral de quien lleva décadas diciendo lo que piensa aunque le cueste contratos.

Susan Sarandon no abandonó la sonrisa de quien se sabe solvente y abdica de la violencia. No consultó a ningún community manager del barrio de Salamanca. Simplemente expresó su posición en un contexto internacional donde la devastación en la Franja de Gaza, la tensión con Irán, la instrumentalización permanente de Venezuela en el debate español y el eterno retorno de Donald Trump configuran un tablero demasiado serio como para reducirlo a memes estúpidos.

Y entonces caímos en la cuenta: desde ese universo desbocado y echado al monte que mezcla siglas, micrófonos y agravios, todavía no se ha procesado del todo el disgusto. Porque lo que escuece no es solo la crítica. Lo que escuece es la deserción simbólica. Que una actriz icónica, oscarizada, admirada incluso por quienes jamás han visto cine en versión original, no haya comprado el relato de una supuesta España bolchevique sitiada por el “sanchismo”.

Peor aún: que haya ninguneado, con elegante indiferencia, ese ecosistema Ayuso-Vox que se autopercibe antisistema y se rebela contra lo verdaderamente rebelde mientras gobierna instituciones. Un ecosistema con pocos amigos internacionales, más allá de líderes como Javier Milei o el propio Trump. En el caso del porteño, la devoción es recíproca y visible. En cuanto a Trump, dudo que sepa quién es realmente. Seguramente ni siquiera le pone cara. Probablemente crea que es una gobernadora fiel de algún departamento andino.

La pregunta no es si reaccionarán. La pregunta es cuánto tardarán los trolls en salir en tromba. Porque el patrón es conocido. Primero, la incredulidad: “no sabe de lo que habla”. Después, la deslegitimación: “es una actriz, que se dedique a actuar”. Más tarde, la conspiranoia: “¿quién la paga?”, “¿qué intereses oscuros hay detrás?”. Y, finalmente, el barro. Siempre el barro. La insinuación barriobajera, la sospecha moral, el comentario viscoso que pretende reducir una postura política a una motivación turbia.

¿Veremos a Santiago Abascal deslizar alguna pulla sobre élites decadentes? ¿Escucharemos a Miguel Tellado afinar el sarcasmo parlamentario para sugerir que Hollywood es un nido de propaganda? ¿Qué nueva conspiración, qué relato paralelo, qué fantasía geopolítica inventarán para explicar que una mujer blanca, rica y famosa no esté de su lado?

Y en la periferia ruidosa del ecosistema mediático surge otra duda, menos institucional pero igual de previsible: ¿la perseguirán Vito Quiles o Bertrand Ndongo con un micrófono en ristre para regalarle alguna de esas célebres “entrevistas” de alta investigación a las que nos tienen tristemente acostumbrados? ¿Intentarán convertir un photocall en emboscada, una alfombra roja en plató improvisado, una reflexión compleja en un corte de diez segundos diseñado para viralizar indignación?

La escena casi se escribe sola: preguntas lanzadas como dardos, interrupciones estratégicas, edición acelerada, titular inflamable. El nuevo género periodístico del acoso performativo, donde lo importante no es la respuesta, sino la reacción. Donde el objetivo no es entender, sino provocar el gesto incómodo que luego circulará como prueba de culpabilidad ideológica.

Porque ese es el verdadero cortocircuito: Sarandon no encaja en el estereotipo que la extrema derecha necesita para descalificar. No es una activista anónima a la que caricaturizar. No es una estudiante airada en una asamblea universitaria. Es un icono cultural global. Y cuando un icono cultural global señala que determinadas políticas españolas están alineadas con una defensa de los derechos humanos en un momento crítico, el marco narrativo se resquebraja.

Mientras tanto, el cine español sigue a lo suyo. Lejos de la consigna, lejos del eslogan fácil. Un cine que ha aprendido a sobrevivir entre recortes y desprecios, pero que ha logrado algo mucho más valioso: construir prestigio. Películas que dialogan con la memoria, con la desigualdad, con las heridas abiertas. Obras que viajan a festivales y plataformas y devuelven una imagen de España compleja, contradictoria, viva.

Esa es la fruta que importa: la que no se puede pelar sin esfuerzo.

El espacio PP-Vox-Ayuso ha convertido la irreverencia en marca. Se presentan como antisistema mientras gestionan presupuestos públicos. Se autodefinen como voz del pueblo mientras señalan a la cultura crítica como si fuera una amenaza elitista. Y, sin embargo, cuando una figura de la magnitud de Sarandon toma partido, el reflejo no es debatir, sino desacreditar.

Porque debatir implicaría entrar en el fondo: Gaza, el papel de Europa, la responsabilidad de los gobiernos, la dignidad de las víctimas. Implicaría reconocer que el mundo no cabe en una frase ingeniosa. Que hay momentos en que la historia exige algo más que una sonrisa cómplice y una palabra en clave.

“A Susan Sarandon no le gusta la fruta” es, entonces, una declaración de intenciones. No le gusta el insulto camuflado. No le gusta la política reducida a chascarrillo. No le gusta la banalización de conflictos que desangran territorios enteros. Prefiere la palabra directa, el posicionamiento incómodo, el cine que incomoda.

Y eso, en tiempos de agresión —que no de polarización— histérica, es casi revolucionario. Tal vez dentro de unos días veamos la tormenta perfecta en redes. Hilos interminables cuestionando su coherencia. Vídeos indignados denunciando la injerencia cultural extranjera. Comentarios que intenten reducir décadas de compromiso a una moda pasajera. Será interesante observar qué argumento inventan. Qué conspiranoia diseñan. Qué bilis retórica deciden servir en bandeja. Pero hay algo que no podrán borrar con memes ni con fruta metafórica: el hecho de que la cultura, cuando es auténtica, trasciende las consignas. Que el cine —el bueno— no se arrodilla ante el trending topic. Y que una actriz puede ser mucho más que un rostro en pantalla: puede ser conciencia.

En un mundo donde la extrema derecha ha decidido apropiarse del lenguaje de la rebeldía mientras defiende las estructuras de poder de siempre, que una figura como Susan Sarandon apueste por el matiz, por la defensa de los derechos y por una lectura ética del presente no es un detalle menor. Es una grieta en el relato.Y quizá por eso molesta tanto. Porque, al final, la fruta era solo una broma. Pero la historia —esa que algunos invocan sin comprender— no se escribe con chistes. Se escribe con decisiones, con palabras que pesan y con silencios que delatan.

Y en esa escritura hay quienes prefieren la pulpa dulce del eufemismo. Y hay quienes, como Sarandon, eligen morder donde duele.

Compartir:

Facebook
Twitter

1 comentario en “A Susan Sarandon no le gusta “la fruta””

  1. Imposible superar la lucidez que destila este artículo. Lo subralla todo, sin medias tintas, con contundencia, pero también con estilo y con Alma. Sí fuera un manifiesto lo firmaría . Gracias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Urbanbeat Julio 2024
¡Descarga ahora el último nùmero de nuestra revista!

El Gatopardismo del Papa: cambiar la superficie para salvar el dogma

Llevo una semana encerrado entre las cuatro paredes de mi casa, contemplando el ruido exterior con la distancia que da la tregua concedida a uno mismo, cuando me piden que escriba sobre la visita del Papa. Y la verdad es que, tras observar el despliegue, el cuerpo me pide de todo menos sumisión. Este Papa va para largo y va a dar mucho juego. No va a ser un Papa butano de esos que duran veintiocho días, ni de tránsito, como Juan XXIII y Francisco; lo sabe, tiene tiempo, y ha entendido a la perfección que España sigue siendo la plataforma ideal cuando la Iglesia necesita actualizar su puesta en escena —más en este momento—, y ha sabido utilizarla. Si lo hubiera dicho desde Roma habría sido más de lo mismo; desde aquí ha globalizado el mensaje y se ha amplificado por sí solo. A cambio, ha tenido que poner sonrisa de Papa ante las versiones actualizadas de las actuaciones al estilo de los coros y danzas de la Sección Femenina, y no poner cara de horror ante los gritos de Bustamante, Diges y Navarro en esa competición infernal por el gorgorito del año.

Pedro Sánchez presenta «España. Cultura Viva», el sello que aspira a reforzar la presencia cultural de España en el mundo

Pedro Sánchez, ese presidente que sus detractores convierten a diario en lugar de conflicto y sus defensores lo contemplan como dique imperfecto frente a la brutalización del poder, ha presentado en el Instituto Cervantes «España. Cultura Viva», una nueva marca concebida como sello de excelencia para reforzar la proyección internacional de la cultura española. Algo habrá hecho bien ese pobre hombre cuando, en medio de una época saturada de ruido, desgaste institucional y ferocidad política, la cultura vuelve a ocupar un lugar estratégico dentro del relato exterior del país. El sol no solo se mide por sus manchas; las manchas tampoco deberían clausurar toda la luz.

Reconstruir el pasado siempre será una forma segura de traicionarlo

Tras años repitiendo una idea que me atormenta a diario, y que consiste en enfrentarme a la página en blanco para transcribir mi experiencia existencial a lo largo de estos setenta años de vida. Rememoración, recuerdo, memoria o reconstrucción de la propia memoria, del mismo modo que todo lo que propone una reconstrucción voluntaria del pasado, emprende una escritura autobiográfica.Una autobiografía es un relato retrospectivo en prosa en el que el autor, el narrador y el personaje principal son la misma persona real, que relata su propia existencia. Con el objetivo de la sinceridad, explora la construcción del yo a través de la infancia, las relaciones y el contexto histórico.

Hungría después de Orbán, el fin de una estética del poder

Hay derrotas políticas que no se explican solo con números. Se sienten antes de entenderse. La de Viktor Orbán es una de ellas. No es únicamente el final de un ciclo electoral: es el desgaste visible de una estética del poder que, durante años, se vendió como orden, identidad y firmeza, pero que acabó convertida en rutina, aislamiento y cansancio.

La pedagogía del sufrimiento cristiano se institucionaliza a través de la sangre en San Vicente de la Sonsierra durante la Semana Santa

España ha perfeccionado una operación cultural de alto voltaje simbólico, con aires de true crime: convertir la violencia en tradición, el dolor en patrimonio y la incomodidad moral en pieza de archivo dentro de los anales históricos de la Semana Santa. En ese dispositivo encaja, con una precisión casi quirúrgica, el ritual de los “picaos” en San Vicente de la Sonsierra. Allí, la Cofradía de la Santa Vera Cruz de San Vicente de la Sonsierra sostiene la última manifestación activa en España de penitencia disciplinante con sangre. Ni más, ni menos. No como residuo marginal, sino como práctica regulada, protegida y asumida dentro del calendario litúrgico y cultural. Los masoquistas patológicos cristianos montan su show gore y denigrante con la trivial justificación de evadir sus pecados en el entorno ensoñador de la “Pasión de Cristo”. Masoquismo chusco, televisado, enmascarado y aceptado por los hipócritas de la Semana Santa, que por cierto es santa por arte de birlibirloque. Resulta fascinante que nadie señale lo absurdo, denigrante y patológico de esta práctica, aunque también es cierto que, en un país que celebra desangrar toros, desahuciar ancianos indefensos de sus residencias y sostener una monarquía putrefacta, esto puede parecer un juego de niños. Aquí hay una hipocresía baldía galopante de la mano de una Iglesia decadente que sigue insistiendo en la redención, mientras afronta miles de casos de pederastia en su seno corrupto. Made in Spain. Sevilla, huele a incienso, ¿La Rioja? a sangre.

Decidir morir en España: Noelia Castillo Ramos

La muerte, cuando es elegida, incomoda porque quiebra el mandato biológico de persistir y desarticula el imaginario que sitúa la vida como valor incuestionable. Decidir cuándo y cómo morir desactiva uno de los últimos monopolios simbólicos del Estado, de la religión y de la familia. El caso de Noelia Castillo, fallecida en Barcelona tras recibir la eutanasia después de 601 días de litigio judicial motivado por la oposición paterna, no es únicamente un episodio jurídico: es una grieta estructural en el modo en que España gestiona la soberanía sobre el cuerpo. Los detractores de la ley de eutanasia —entre ellos la organización ultracatólica Abogados Cristianos, que impulsó la vía judicial promovida por el padre de la joven— sostienen que la muerte de Noelia constituye un fallo del Estado. A su juicio, el caso revela una deficiencia estructural del marco normativo: la inexistencia de protocolos obligatorios para la evaluación de personas con trastornos mentales antes de autorizar la eutanasia.

También te puede interesar

La revista Urban Beat presenta la “Lista 15 Mejores Médicos, Científicos y Proyectos de Investigación Biomédica 2026” en el Círculo de Bellas Artes de Madrid

La revista Urban Beat celebró el pasado 12 de junio, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el acto de presentación de la “Lista 15 Mejores Médicos, Científicos y Proyectos de Investigación Biomédica 2026”. La convocatoria situó la salud, la ciencia y la investigación en un espacio de diálogo público. Urban Beat reunió a profesionales de distintas áreas con una idea central: la excelencia médica alcanza su verdadero sentido cuando mejora la vida concreta de los pacientes y respeta la ética del pensamiento hipocrático. La selección nació de un proceso editorial riguroso, desarrollado a lo largo de los últimos meses por el equipo de la revista, que analizó decenas de iniciativas emergentes y consolidadas con impacto real en sus respectivos campos. El presidente del jurado fue Ignacio Campoy, CEO de Formación Universitaria. Además de la presentación de la citada lista, el evento acogió la presentación del ensayo literario “El deudor cautivo”, del prestigioso abogado Celestino García Carreño. Contó también con la presencia del artista Rafael Amargo, quien presentó su nuevo proyecto escénico “ALÁ! IRÉ”. Asimismo, el catedrático de Marketing y doctor en Administración y Dirección de Empresas y en Ciencias de la Información Mario Arias, avanzó los detalles del nuevo máster en “Marketing Analytics e IA” de la Universidad Complutense de Madrid.

‘Pero no se lo digas’: la amistad se convierte en una trampa delirante en el Teatro Bellas Artes

Tres amigos que creen conocerse demasiado, una cena aparentemente doméstica y una confianza mal entendida bastan para activar el mecanismo de ‘Pero no se lo digas’, la nueva comedia de MIC Producciones que se estrena el 15 de julio en el Teatro Bellas Artes. Escrita por Ferrán González y dirigida por Borja Rodríguez, la obra reúne sobre el escenario a Agustín Jiménez, Sara Escudero y César Camino, tres intérpretes de amplia solvencia cómica para sostener una trama que avanza entre el disparate, la intriga, la crueldad afectiva y una velocidad escénica cada vez más endiablada.

Adidas convierte el fútbol de barrio en épica global con ‘Backyard Legends’

Adidas ha estrenado ‘Backyard Legends’, un cortometraje creado para acompañar la antesala de la Copa Mundial de la FIFA 2026™ y activar, desde la ficción publicitaria, una idea tan simple como poderosa: las grandes leyendas del fútbol no nacen únicamente en los estadios, bajo la presión de las cámaras y la solemnidad de las finales, sino también en los patios traseros, en las canchas improvisadas, en los aparcamientos, en los descampados y en esos territorios informales donde el juego todavía pertenece a quienes se atreven a disfrutarlo sin miedo.

Antón Casamor dialoga con la luz y la naturaleza en los jardines del Museo Lázaro Galdiano

Desde el 11 de junio hasta el 23 de agosto, el Museo Lázaro Galdiano y la Fundación Casamor proponen una nueva aproximación a la obra de Antón Casamor, una de las figuras centrales de la escultura catalana del siglo XX. La exposición ‘Antón Casamor: luz y escultura’ sitúa doce piezas en el Jardín de Parque Florido, un espacio histórico donde la materia escultórica deja de estar protegida por la neutralidad del interior museístico y se enfrenta a una realidad más inestable: la luz variable del día, la presencia de los árboles, el movimiento del aire, la sombra y el recorrido físico de quienes observan.

Scroll al inicio

¡Entérate de todo lo que hacemos

Regístrate en nuestro boletín semanal para recibir todas nuestras noticias