Víctor Palmero ha sido nominado a mejor actor secundario por la Unión de Actores y guionista eficaz a la hora de crear universos escénicos que van del drama a la comedia; nos seduce con un carisma ingenuo y una pasión por el arte pocas veces vista en el panorama contemporáneo. El buen colchón estará sobre las tablas del teatro Quique San Francisco hasta el próximo 31 de abril.
Entrevista a Víctor Palmero realizada por Juan Carlos Trinchet
¿Cómo surge tu vocación por la interpretación?
Mi vocación por la interpretación surge en mi infancia gracias a mi abuela que me inculcó el amor por le séptimo arte. De pequeño veía muchas películas como La historia interminable y me fascinaba la posibilidad de poder vivir varias vidas a través de la interpretación. Me gustaba pensar que la vida era algo más que el día a día cotidiano y que de alguna manera se podían abrir nuevas puertas a mundos imaginarios. De niño no tienes conciencia de que eso no es verdad así que a medida que vas madurando percibes que si quieres volar sobre un dragón como el personaje de La historia interminable, la opción más cercana a poder vivir todo eso, es siendo actor.
Hay un antes y un después de Alba de la serie La que se avecina, ¿Cómo fue el proceso de creación de dicho personaje?
Fue muy curioso porque yo estaba haciendo una obra de teatro llamada Atrapados con Eva Isanta en el teatro Alfil de Madrid. Gran parte del equipo de La que se avecina vino a ver la función donde yo interpretaba distintos personajes y algo de mi trabajo les llamó la atención a los creadores porque unas semanas después, me llamaron para hacer el personaje de Alba. El proceso de creación fue muy exprés. Dos días después de la llamada, me vi de repente en maquillaje preparándome para ponerme la peluca, eligiendo el vestuario y aprendiendo a andar con tacones. Fue un proceso muy rápido que en ese momento no me dio tiempo a digerir pero que luego me ha dado muchas satisfacciones como actor. Ayudó mucho que la directora Laura caballero fuese una mujer por la sensibilidad y la voz femenina que necesitaba el personaje de Alba. Me planté frente al espejo y me dije a mí mismo como sería Víctor si fuese mujer. A través del juego fui construyendo el personaje evitando los clichés y ahondando en la parte más humana porque quería que fuese lo más creíble y orgánico posible a la hora de llevarlo al plató. Hay una construcción previa de guión muy brillante por parte de Alberto Caballero que fue crucial a la hora de transitar por dicho proceso.
La obra Un buen colchón está en pleno apogeo en el teatro Quique San Francisco de Madrid, Cuéntanos un poco acerca del tema de dicha obra ¿Cómo fue el proceso de gestación de tu personaje?
La obra se llama Un buen colchón y me llega a través de mi antiguo profesor de literatura dramática de mi escuela de interpretación de Valencia. La trama del montaje va de una pareja de treintañeros que se muda a vivir juntos y una de las primeras noches descubren por una noticia furtiva de que existe un futbolista cuya carrera a mejorado a todos los niveles gracias a comprarse un colchón de 45 000 que le garantiza un descanso excepcional, casi mágico. La existencia de dicho colchón comienza a calar profundamente en la conciencia de los personajes que empiezan a obsesionarse con obtenerlo a cualquier precio. Mi personaje es un instagrammer que vive con la ilusión casi obsesiva por todo aquello que pueda mejorar su vida y digamos que empieza a enloquecer junto al personaje que interpreta Veki Velilla. La pareja pierde de cierta forma el contacto con la realidad y se ven inmersos dentro un viaje trepidante que les permita obtener a cualquier precio ese colchón que sería como la metáfora de la felicidad. Entre todo esto está el personaje de Carlos Chamarro, que es una especie de narrador o demiurgo que nos va utilizando como marionetas y además interpreta a otros personajes en la función. La obra habla un poco de los caprichos que tienen los seres humanos guiados por las necesidades que a veces la prensa , las fakes news y la publicidad nos crea en nuestro interior, sin darnos a veces cuenta. Es la metáfora del ser humano aturdido por tantos estímulos que focaliza, en un objeto exterior, la consecución de la verdadera felicidad interior.
¿Cómo es tu trabajo como actor a la hora de enfrentarte a la creación de un nuevo personaje? ¿Sigues algún método?
Me considero muy intuitivo a la hora de abordar un trabajo creativo. Parto siempre de un estudio profundo del guión, me dejo guiar por las directrices del director hasta encontrar el tono justo en la construcción del personaje que me toque interpretar. También es cierto que me siento muy cómodo con el tono de la comedia; me es muy fácil llegar a ese código ya que me requiere menos concentración. Por otro lado, el drama implica una introspección más profunda y suelo prepararme con meditación lo que me permite concentrarme al máximo para poder recorrer las diferentes emociones de una manera orgánica. El año pasado estuve por estas fechas en Valencia con la obra dramática Johnny chico. Hace poco he estado en Madrid con el El monstruo de white roses con el que he sido nominado a mejor actor secundario por la Unión de Actores y digamos que, cuando me sumerjo en el drama hay un clima distinto al de la comedia, ya que ésta permite jugar más en escena y fantasear con los compañeros de reparto para crear relaciones humanas que sean creíbles cuando las pones sobre las tablas.
¿Qué aconsejarías a las nuevas generaciones de actores que intentan abrirse camino en el complejo mundo de la interpretación?
Lo principal es la formación actoral que implica ir perfeccionando herramientas tales como la voz, la expresión corporal y la presencia escénica. Mis primeras experiencias a nivel teatral fueron en la escuela municipal de teatro en Onda, Castellón. Con 15 años se me abrió una ventana de posibilidades y me sentía acogido con compañeros que tenían objetivos y valores semejantes a la hora de enfrentar el acto creativo. Hay mucho de interesante en eso, porque hacer amigos en la profesión es importante ya que te ayuda a estar conectado con convocatorias de casting y sobre todo a estar muy atento a la gente que te puede dar buenos consejos, sobre todo cuando estás en el inicio de tu carrera. A mí me sirvió de mucho hacer un curso de casting en su momento con la directora de casting Rosa Estévez quién luego me abrió puertas a nuevos proyectos como fue dar vida a Toño, el asesino de Fer en Física o química. Los más importante es apuntarse a un bombardeo, quiero decir, insistir y no cejar, esta profesión es una carrera de fondo. Cuando estás creciendo hay que ser selectivo pero cuando estás empezando y aprendiendo, no está demás hacer cortometrajes sin remunerar por el simple hecho de coger experiencia ante la cámara.
¿Cómo ha sido el trabajo con tus compañeros de reparto y con el director de la obra?
Hay sido un proceso muy bonito ya que hemos construido un equipo muy productivo con confianza y entusiasmo. Veki Velilla ya habíamos trabajado juntos en otros proyectos y ya teníamos una química muy chula y tanto con Israel Solá el director; como con Carlos Chamarro, que interpreta al narrador, ha habido una compenetración muy profunda. Gracias al juego y a muchas risas en los ensayos que duraron mes y medio, con 4 o 5 horas diarias de arduo trabajo fuimos creando un universo donde cada personaje adquiría vida propia gracias a un guión bien escrito y una dirección de actores impecable.
¿Cuáles son tus referentes en el mundo de la interpretación?
Me gusta mucho Ewan McGregor y a nivel nacional me flipa Bardem. Me fascina Paco León con su gran variedad de registros a la hora de interpretar distintos personajes.
¿Por qué cuesta tanto a los nuevos actores abrirse camino en el panorama artístico de España?
Es interesante reivindicar desde el arte todas las cuestiones más acuciantes de la sociedad que nos ha tocado vivir. El cine es necesario para hacernos crecer espiritualmente después de haber vivido una pandemia en la que nos hemos quedado encerrados en casa y nuestro refugio para poder viajar ha sido las series, la ficción. Es una pena que las instituciones no apoyen proyectos como los premios Berlanga que se ha quedado sin subvención y al final es cierto que dependemos unos de otros, lo suyo sería aprender a no mirarnos tanto el ombligo, y estar más pendientes de lo que verdaderamente a la gente le interesa y le emociona, y les hace reír y apostar un poco más por todo eso.
¿Cuál personaje te gustaría interpretar?¿Qué mundos te gustaría habitar?
Me gustaría interpretar por ejemplo el personaje de Edward Bloom de Ewan McGregor en Big Fish, también me encanta Luis Zahera de As bestas. Siento que el personaje que me gustaría interpretar está por llegar, dispuesto a aparecer en cualquier momento en la bandeja de entrada mi correo electrónico.
¿Cómo se lucha con el encasillamiento que sufren algunos actores? ¿Cómo crees que se puede romper esos conceptos?
Desde luego que se puede romper con el encasillamiento y soy muy consiente de tal hecho. Me siento en la lucha de alguna manera de hacer entender a algunos productores o directores de que mi quehacer como actor va más allá de lo que es más conocido porque tengo capacidad para abordar nuevos registros. Es como si te pusieran una etiqueta de la cual no puedes escapar. Tú ves una prenda de ropa y sabes que te sirve para ir al gimnasio o para ir a una gala, pero las personas no somos prendas de ropa, servimos para muchas más cosas. Hay mentes en el mercado que deberían abrirse un poco más y dar la oportunidad a gente desconocida con mucho talento, a la hora de crecer con diferentes montajes escénicos.
¿ Qué nuevos proyectos tienes para este 2024?
Sigo con la gira de Johnny chico, el El monstruo de white roses y El buen colchón es decir, compagino las tres giras. Pronto voy a rodar el corto La plaga de la directora Gemma Capdevila que es una directora catalana con un futuro muy prometedor, y estoy pendiente del estreno de Quién es quién, una película del director Martin Cuervo.
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