A principios del siglo XX, la ciencia se vio obligada a aceptar que el universo era mucho menos dócil, previsible y transparente de lo que había imaginado durante siglos. La física clásica, edificada sobre la confianza en las leyes universales, el espacio absoluto, el tiempo lineal y la posibilidad de anticipar el comportamiento de la naturaleza, empezó a resquebrajarse ante una serie de fenómenos que desafiaban las categorías heredadas. Allí donde el pensamiento moderno había colocado orden, continuidad y determinismo, apareció una nueva gramática de la materia: discontinuidad, probabilidad, incertidumbre, superposición, entrelazamiento. Ese desplazamiento radical, todavía hoy difícil de asumir en toda su profundidad filosófica, vertebra “Revolución cuántica”, la nueva exposición de Espacio Fundación Telefónica, que podrá visitarse de forma gratuita hasta el 11 de octubre en la planta tercera de la institución. La muestra propone un viaje amplio, accesible y visualmente sugerente por el nacimiento de la física cuántica, sus consecuencias científicas, sus dilemas conceptuales y su impacto tecnológico. La cuántica aparece aquí como una de las grandes mutaciones intelectuales de la modernidad, pero también como la base invisible de buena parte de los dispositivos, sistemas y avances que sostienen la vida contemporánea.