La historia del arte ha construido una jerarquía tan persistente como arbitraria, capaz de relegar a sus márgenes a figuras cuya influencia resulta, sin embargo, estructural. En ese pliegue de reconocimiento desigual se inscribe Martín Schongauer (Colmar, c. 1445 – Breisach, 1491), a quien Albrecht Dürer bautizó como “el apuesto Martín”, y cuya obra, pese a permanecer aún circunscrita en gran medida al ámbito de los especialistas, configura uno de los núcleos visuales más decisivos de la Baja Edad Media.
El Museo del Louvre presenta una exposición retrospectiva dedicada a este genial artista del 8 de abril al 20 de julio de 2026. La muestra se articula en torno a un centenar de piezas y no se limita a restituir su figura, sino que activa un dispositivo de lectura histórica que permite medir la persistencia de su lenguaje a través del tiempo y las fronteras. El recorrido reúne dibujos de rara circulación, una selección amplia de los grabados que cimentaron su proyección europea y, de forma excepcional, casi la totalidad de las pinturas que se le atribuyen: retablos y tablas de caballete entre las que sobresale la Virgen del Rosal (1473), único panel fechado del artista y eje silencioso de su producción pictórica.