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La mujer árbol, la mujer agua, una exposición de Fina Miralles en el marco de PhotoEspaña.

La mujer árbol, la mujer agua es un recorrido por la obra de Fina Miralles (Sabadell, 1950), cuya trayectoria comenzó a principios de la década de los setenta. Frente a las propuestas academicistas que se enseñaban en las escuelas de Bellas Artes en ese momento y de las formas de comportamiento establecido, su práctica reconfigura el concepto de lo artístico. Los límites de los lenguajes y las convenciones artísticas se rompen a través de dislocaciones que vertebran una crítica a la autoridad y a la posición no sólo del artista, también del espectador. Hasta el 3 de septiembre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
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Fina Miralles concibe la práctica artística como potencial imaginativo, como una práctica crítica que no se desenvuelve únicamente en el plano de la articulación mental o conceptual, sino en el lugar de las cosas, de los gestos y de los afectos. Las acciones y propuestas a los que nos confronta, no se presentan desde una posición antagónica que sustenta al artista versus espectador, sino desde una convicción del arte estrechamente ligado a la vida. “Ser artista no es una vocación, ni una devoción, ni una profesión; no lo sabes, pero todo te empuja y te lleva a ser quién eres”, nos dice.

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Las operaciones artísticas de Fina Miralles se basan a menudo en translaciones, en establecer relaciones aparentemente ilógicas entre elementos que conviven en la naturaleza pero que no asociamos culturalmente. De ese modo, un simple gesto de trasposición de dichos elementos naturales se nos antojaría, más allá del atrevimiento, insostenible porqué rompe el orden artificial de las cosas. La dualidad natural/artificial, adquiere un sentido más amplio y paradójico, puesto que la práctica de Fina rompe el orden de las cosas que la sociedad impone, una sociedad capitalista, dictatorial y férreamente católica en sus años de juventud, de la que se aleja ideológica y materialmente. Sin embargo, Fina va mucho más allá de su mero cuestionamiento. El gesto de trasladar la hierba al mar o la arena al campo es simple pero rotundo. Ese gesto no entraña únicamente una carga crítica y claramente política, sino que genera otro imaginario posible.

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Fina Miralles no acepta las exigencias de la sociedad ni del arte. Sus trabajos contravienen los roles establecidos y aceptados por un sistema que exige doblegarse a sus condiciones de existencia y sostenibilidad, eludiendo cualquier signo de disensión o fisura. El gesto no deja lugar a vacilaciones, no hay pretensión de duda, hay claramente un orden otro. Nos relata a través de un ensayo fotográfico cuáles son las acciones cotidianas que realiza, estableciendo en lo cotidiano una operación de índole política, en la que los modos de hacer exhiben su potencial transformador y emancipatorio. Se lava, come, mira, respira, toca, bebe, fuma, … pero su relato no confirma un mero decálogo del ejercicio de determinadas actividades, sino un desplazamiento hacia otras formas de operar, hacia una construcción radical distinta del conocimiento, de nuestros modos de pensar y de vivir.

La mujer árbol o la mujer agua es ya en sí un orden otro, en el que se sitúa ella misma como artista y como ser humano, pero que igualmente nos posiciona inevitablemente a nosotros. No sólo nos interpela, nos reubica no ya como meros espectadores, sino como parte de esas operaciones de translación que impregnan su obra. Translaciones de la naturaleza, translaciones de nuestra vida cotidiana y, por ende, la sociedad. Translaciones de los géneros de la pintura, de los órdenes del arte, de los lenguajes. Nos hace reconocernos en sus acciones. Cada gesto, cada obra, genera interrupciones del saber y reformula la mirada: frente al mundo, otros modos de hacer, de existir y de crear.

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El trabajo de Fina Miralles suscita formas diferentes de generar sentido y existencia, de concebir el arte. Constituye un proceso de transformación existencial y artística, que crea un imaginario poético-político de una enorme belleza y rotundidad. Sin condescendencia, trasciende radicalmente lo que la sociedad consolida. Sus gestos alteran y desvían hacia otros imaginarios que surgen a partir de pequeñas dislocaciones. Sin ruido, pero sonoramente.

En Fina Miralles. La mujer árbol, la mujer agua, Fina Miralles se muestra en su complejidad y diversidad, en todas esas que ha sido como persona y como artista – la misma cosa – y que la constituyen como ser. Y que desatan las interpelaciones a las que nos somete, a las que quiere que nos sometamos nosotros. La operación de ser más de uno nosotros mismos, como mecanismo de consolidación de imaginarios otros que nos permiten definirnos en parámetros de otros ordenes posibles.

Foto: Fina Miralles
Imágenes del zoo; 1974/2020
© FINA MIRALLES. Colección MACBA. Consorcio MACBA. Donación de la artista

 

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CaixaForum Sevilla acoge «Dinosaurios de la Patagonia» y abre una ventana a 200 millones de años de evolución

En un tiempo donde la experiencia museística tiende a oscilar entre la espectacularización y la pedagogía, CaixaForum Sevilla activa una propuesta que articula ambas dimensiones sin diluir su rigor científico:«Dinosaurios de la Patagonia» , una exposición desarrollada por el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) que propone un desplazamiento radical —geográfico y temporal— hacia uno de los territorios más fértiles en restos fósiles del planeta. La muestra, presentada el 9 de abril de 2026 por Moisés Roiz, Alejandro Pérez y el paleontólogo José Luis Carballido, se abre al público hasta el 12 de octubre como una inmersión en la era mesozoica y en la complejidad evolutiva de los dinosaurios que habitaron la Patagonia durante más de 200 millones de años.

La exposición “La casa del agua” reconstruye el paisaje a través de la arquitectura de la memoria

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Desde el 9 de abril hasta el 28 de junio, la institución madrileña acoge una propuesta concebida específicamente para sus salas, articulada en tres núcleos —agua, casa y viaje— que operan como vectores de una reflexión más amplia: habitar no como gesto físico, sino como pulsión afectiva, como forma de leer el mundo a través de sus restos. La imagen deja de ser superficie para convertirse en depósito de tiempo, en extensión de una memoria que se proyecta sobre el paisaje.

El Reina Sofía pone en diálogo el Guernica de Picasso con la obra de Dumile Feni

En Museo Reina Sofía, donde la historia no se conserva sino que se tensiona, arranca un programa expositivo que cuestiona una de las inercias más persistentes del relato artístico occidental: la ilusión de continuidad. Bajo el título La historia no se repite, pero rima —una frase tantas veces atribuida como falsamente adjudicada a Mark Twain—, el museo propone no tanto una lectura cronológica como un sistema de fricciones. La historia no como archivo, sino como reverberación. Este ciclo podrá apreciarse hasta el 22 de septiembre.

El Stedelijk desmonta la masculinidad como identidad estable en “Más allá de la Manosfera”

La masculinidad ha dejado de ser una categoría estable para convertirse en un campo de disputa. En ese desplazamiento —acelerado por la proliferación de discursos digitales que simplifican y radicalizan sus formas— se inscribe “Más allá de la Manosfera: Masculinidades Hoy”, la exposición que el Stedelijk Museum Amsterdam acoge del 17 de abril al 2 de agosto de 2026. Lejos de limitarse a reaccionar ante el fenómeno de la llamada “manosfera”, la muestra propone una operación más ambiciosa: desmontar sus códigos sin sustituirlos por una nueva ortodoxia.

El Thyssen acoge esta primavera una monográfica de Ewa Juszkiewicz

En la historia del arte occidental, el retrato femenino ha funcionado durante siglos como una superficie de proyección: no tanto un espacio de representación de la mujer, sino un dispositivo para fijar sobre ella un ideal. Belleza, virtud, silencio, disponibilidad simbólica. El lienzo como espejo deformante de una construcción cultural. En ese territorio —densamente codificado, aparentemente agotado— irrumpe la obra de Ewa Juszkiewicz (Gdańsk, 1984), no como una ruptura estridente, sino como una operación más sutil y, por ello, más incisiva: desarmar el retrato desde dentro. Dentro de su programa de exposiciones en torno a la colección de Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza, el museo presenta una monográfica de la artista polaca Ewa Juszkiewicz del del 26 de mayo al 6 de septiembre.

El Louvre redescubre a Martín Schongauer, clave en el arte pictórico de la Baja Edad Media

La historia del arte ha construido una jerarquía tan persistente como arbitraria, capaz de relegar a sus márgenes a figuras cuya influencia resulta, sin embargo, estructural. En ese pliegue de reconocimiento desigual se inscribe Martín Schongauer (Colmar, c. 1445 – Breisach, 1491), a quien Albrecht Dürer bautizó como “el apuesto Martín”, y cuya obra, pese a permanecer aún circunscrita en gran medida al ámbito de los especialistas, configura uno de los núcleos visuales más decisivos de la Baja Edad Media.
El Museo del Louvre presenta una exposición retrospectiva dedicada a este genial artista del 8 de abril al 20 de julio de 2026. La muestra se articula en torno a un centenar de piezas y no se limita a restituir su figura, sino que activa un dispositivo de lectura histórica que permite medir la persistencia de su lenguaje a través del tiempo y las fronteras. El recorrido reúne dibujos de rara circulación, una selección amplia de los grabados que cimentaron su proyección europea y, de forma excepcional, casi la totalidad de las pinturas que se le atribuyen: retablos y tablas de caballete entre las que sobresale la Virgen del Rosal (1473), único panel fechado del artista y eje silencioso de su producción pictórica.

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