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El Año Aurèlia Muñoz celebra el centenario de una artista que transformó el tejido en pensamiento contemporáneo

El año 2026 marca una fecha decisiva para la relectura de una de las creadoras más singulares del arte contemporáneo español. El 13 de abril se cumplieron cien años del nacimiento de Aurèlia Muñoz Ventura —Barcelona, 1926-2011—, una artista que transformó el tejido, el nudo, el bordado, el papel y la suspensión escultórica en territorios de investigación formal, espiritual y material. Con motivo de esta efeméride, el Año Aurèlia Muñoz despliega una programación institucional y cultural que no se limita a celebrar una trayectoria, sino que activa una revisión profunda de su legado desde el presente. La conmemoración, declarada Conmemoración Oficial de la Generalitat de Catalunya, reúne a museos, archivos, centros de arte, espacios patrimoniales y agentes culturales en torno a una figura que durante décadas desbordó las clasificaciones convencionales. Aurèlia Muñoz trabajó desde lenguajes históricamente situados en los márgenes de la gran narrativa artística —el macramé, el bordado, la fabricación manual de papel, las estructuras textiles— y los condujo hacia una dimensión radicalmente contemporánea. Su obra sostuvo un diálogo persistente entre tradición y vanguardia, entre artesanía y escultura, entre conocimiento ancestral e imaginación técnica.
"Sense títol", 1965. Archivo Aurèlia Muñoz. Foto: MACBA. Fotogasull

El MACBA lidera el programa del centenario junto a un equipo curatorial y una amplia red de instituciones. La conmemoración comenzó el 13 de abril con la instalación en el atrio del Edificio Meier de tres reconstrucciones de los emblemáticos Pájaros-cometas, una de las series más reconocibles de la artista. Concebidas originalmente a comienzos de los años ochenta para ocupar grandes alturas y dialogar con la luz natural, estas piezas recuperan ahora su condición aérea, casi ritual, en un espacio que permite comprender la ambición espacial de Muñoz. Sus formas suspendidas no decoran el vacío: lo atraviesan, lo tensan y lo convierten en cuerpo.

La presencia de los Pájaros-cometas en el MACBA funciona como una imagen inaugural del centenario. En esas esculturas textiles se condensa una parte esencial de su universo: la relación entre materia y vuelo, entre gravedad y ligereza, entre técnica manual y vocación arquitectónica. La colaboración de la Generalitat de Catalunya, el Archivo Aurèlia Muñoz y Casa Batlló Contemporary refuerza además una lectura especialmente pertinente en este año, marcado también por el centenario de la muerte de Antoni Gaudí. La admiración de Muñoz por Gaudí y su vínculo con el arquitecto Jordi Bonet permiten situar su obra dentro de una genealogía catalana donde la forma orgánica, la estructura, la naturaleza y el espacio construido dialogan con intensidad.

Aurèlia Muñoz “Pájaros-cometas B2”, 1982. Colección MACBA. Depósito de la Generalitat de Catalunya. Archivo Aurèlia Muñoz. Foto: Josep Gri

El eje expositivo del Año Aurèlia Muñoz es “Aurèlia Muñoz. Entes”, una gran retrospectiva producida por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y el Museu d’Art Contemporani de Barcelona. La muestra puede visitarse en Madrid, en el Reina Sofía, hasta el 7 de septiembre de 2026. Posteriormente viajará a Barcelona, donde el MACBA la presentará del 5 de noviembre de 2026 al 29 de marzo de 2027. Este itinerario sitúa la obra de Muñoz en dos escenarios fundamentales para su reconocimiento contemporáneo y permite abordar más de cinco décadas de una práctica artística difícil de reducir a una sola categoría.

La exposición traza un recorrido por los grandes ciclos de producción de la artista: los bordados pictóricos, las esculturas anudadas, las máquinas de lona suspendidas, los volúmenes de papel, los dibujos, las maquetas y las investigaciones vinculadas al cuerpo, la naturaleza y la arquitectura. El título, “Entes”, remite a una noción clave en su imaginario: presencias, organismos, formas dotadas de una existencia propia. En la obra de Muñoz, las piezas no se comportan como objetos pasivos. Respiran, se despliegan, se elevan, parecen pertenecer a un ecosistema donde lo humano, lo vegetal, lo animal y lo mineral se rozan sin jerarquías cerradas.

La actualidad de Aurèlia Muñoz reside precisamente en esa capacidad para anticipar debates que hoy atraviesan el arte, el diseño, la ecología y el pensamiento material. Su práctica incorporó preocupaciones ecosociales antes de que la sostenibilidad se convirtiera en consigna institucional. La fabricación manual, la atención al soporte, el respeto por los procesos, el estudio de las fibras, la experimentación con estructuras ligeras y la sensibilidad hacia las relaciones entre especies revelan una inteligencia artística avanzada a su tiempo. Su obra propone otra manera de entender la modernidad: menos industrial, menos monumental, más orgánica, más porosa, más vinculada a los ritmos de la vida.

Maqueta para "Pájaros-cometas", 1981. Archivo Aurèlia Muñoz. Foto: Roberto Ruiz

El Año Aurèlia Muñoz también permite revisar una cuestión histórica de enorme importancia: la posición de las mujeres creadoras dentro de los relatos oficiales del arte. Durante demasiado tiempo, determinadas prácticas asociadas al tejido o a las labores manuales fueron leídas desde una mirada menor, doméstica o decorativa. Muñoz quebró esa reducción desde dentro. Convirtió técnicas ancestrales en lenguajes de gran complejidad espacial y conceptual. Elevó el macramé a estructura escultórica, transformó el bordado en superficie de pensamiento y abrió el papel hacia una dimensión casi biológica. Su trayectoria demuestra que el problema nunca estuvo en los materiales, sino en las jerarquías culturales que decidían qué podía ser considerado arte mayor.

La conmemoración posee, por tanto, una dimensión reparadora. Reivindicar a Aurèlia Muñoz en 2026 significa reconocer la potencia de una obra que atravesó las fronteras entre disciplinas antes de que la palabra transversalidad se incorporara al vocabulario curatorial. Arte, arquitectura, teatro, ingeniería, naturaleza, historia del arte, excursionismo y buceo aparecen en su universo como territorios conectados. Su producción no avanza por compartimentos estancos, sino por afinidades, hallazgos, desplazamientos y colaboraciones. Arquitectos, fotógrafos, diseñadores, artesanos y críticos formaron parte de una comunidad de interlocutores que acompañó y alimentó su investigación.

Vistas de sala de los "Pájaros-cometas" de Aurèlia Muñoz, 2026. Foto: Roberto Ruiz

El programa del centenario amplía esta lectura desde una escala territorial. Además del MACBA y el Reina Sofía, distintas instituciones catalanas participan en actividades, exposiciones, encuentros y propuestas vinculadas a la artista. Entre ellas figuran el Museu Molí Paperer de Capellades, el Centre Grau-Garriga d’Art Tèxtil Contemporani, el Museu Tèxtil de Terrassa, el Centre Excursionista de Catalunya, el Museu de la Catedral de Girona, el Museu de Granollers, el Museu del Disseny de Barcelona / DHUB, el Museu d’Art Modern de Tarragona y el Museu de Valls, junto a espacios como la Casa Batlló y la Sagrada Família. Esa red institucional restituye la dimensión coral de una artista que mantuvo vínculos profundos con el territorio, los oficios, la memoria cultural y las formas compartidas de conocimiento.

La publicación “Aurèlia Muñoz. Entes”, coeditada en el marco de la exposición, acompaña este proceso de revisión con nuevos materiales documentales y una lectura crítica renovada. El volumen reúne ensayos de especialistas y aporta referencias históricas para situar la magnitud de una obra que necesita ser pensada desde varios ángulos: la historia del arte textil, la escultura contemporánea, la investigación material, la cultura visual, la ecología, el feminismo y las genealogías no hegemónicas de la modernidad.

El MACBA acogerá además en noviembre el simposio internacional “Aurèlia Muñoz. Resonancias y confluencias”, concebido como un espacio de investigación en torno a su legado. Esta dimensión académica resulta esencial para evitar que el centenario se reduzca a una celebración ceremonial. La figura de Muñoz reclama estudio, discusión y profundidad crítica. Su obra obliga a repensar categorías heredadas: arte y artesanía, objeto y organismo, técnica y pensamiento, tradición y contemporaneidad, cuerpo y entorno, materia y espíritu.

El Año Aurèlia Muñoz sitúa así su centenario en un lugar de máxima pertinencia cultural. La artista aparece hoy no como una rareza recuperada, sino como una creadora central para comprender muchas de las tensiones del presente. Su trabajo habla de sostenibilidad sin retórica, de comunidad sin propaganda, de espiritualidad sin dogma, de feminismo sin simplificación, de técnica sin servidumbre industrial. En sus piezas, la materia conserva memoria; el nudo piensa; el tejido se emancipa de la superficie; el aire se convierte en espacio escultórico.

Urban Beat lee esta conmemoración como algo más que una efeméride. El centenario de Aurèlia Muñoz confirma la necesidad de volver sobre aquellas trayectorias que fueron demasiado complejas para ser absorbidas por los relatos dominantes de su tiempo. Su obra no pide únicamente reconocimiento histórico. Exige una mirada contemporánea capaz de comprender que muchas de las preguntas que hoy parecen urgentes —la relación con el entorno, la dignidad de los materiales, el lugar del cuerpo, la inteligencia de los oficios, la ruptura de las jerarquías culturales— ya estaban presentes en su práctica.

En 2026, el Año Aurèlia Muñoz devuelve al centro una obra que siempre trabajó desde los bordes. Esa paradoja define su fuerza. Desde el hilo, el papel, el nudo y la suspensión, Muñoz construyó una poética material que convirtió lo frágil en estructura, lo ancestral en futuro y lo aparentemente menor en una de las grandes aventuras formales del arte contemporáneo.

Publicación "Aurèlia Muñoz. Entes". Foto: Gemma Planell

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