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Jean-François Zevaco: el hombre y su obra son inseparables

Jean-François Zevaco puede ser considerado el introductor de la arquitectura moderna en Marruecos en los años cincuenta. Entre los arquitectos que intervinieron durante todo este periodo, Jean-François Zevaco es el más representativo de una tendencia en la que la arquitectura oscila entre el brutalismo y la tradición. En el seno de esa oscilación podemos encontrar la fusión entre la cultura del norte y la cultura mediterránea. Precisamente, el predominio de una u otra es lo que matiza los distintos proyectos, al pasar de la mera reorientación de la tradición a su superación hacia lo que podríamos denominar un brutalismo lírico-poético.
Axa Assurance, Casablanca / Jean-François Zevaco. Imagen © El Mahdi Meslil / Grupo MAMMA

Por Mostafa Akalay Nasser, director de L’Esmab UPF Fez

Zevaco fue una de las figuras más importantes del siglo XX y contribuyó a situar la arquitectura marroquí en el mapa internacional. A lo largo de casi sesenta años de carrera dejó un legado de unos 165 edificios construidos, principalmente en Casablanca, Rabat o Agadir, pero también en Chad y Sudán: chalets, oficinas de correos, escuelas, juzgados y equipamientos públicos e industriales.

Dos momentos marcan su reconocimiento. El primero fue la reconstrucción de Agadir, tras el terremoto de 1960, donde trabajó junto a Azagury y realizó la oficina central de correos, el parque de bomberos, escuelas y viviendas. El segundo, como prolongación de esta experiencia, fueron sus casas con patios de Agadir, de 1965, que le valieron en 1980 el Premio Aga Khan de Arquitectura, distinción que recompensa la excelencia arquitectónica en las sociedades musulmanas. En 1985 recibió la Medalla de Honor de la Academia de Arquitectura.

Centro de Rehabilitación Tit Mellil / Jean-Francois Zevaco. Imagen © Neiger Emmanuel

¿Quién fue Jean-François Zevaco?

Arquitecto francés de origen corso, nació en 1916 en Casablanca, donde murió en 2003. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de París, donde obtuvo su título de arquitecto en 1945. En 1947 regresó a vivir a Casablanca, donde su estética moderna, influenciada por Le Corbusier, Frank Lloyd Wright y Oscar Niemeyer, pero respetuosa con las tradiciones del país, marcaría la arquitectura marroquí. Poco después de su instalación, diseñó varios chalets en Casablanca de gran originalidad.

Su primera obra, la Villa Suissa, de 1947, construida en la zona residencial de Anfa para un adinerado promotor inmobiliario judío, destaca por su modernidad y elegancia. El cuerpo geométrico de la casa parece expandirse gracias a las terrazas voladas de la planta alta, cuyas formas curvadas y encuentros agudos se convirtieron en un reclamo vanguardista.

Luego trabajó en edificios de mayor escala: terminales, oficinas, tribunales y grupos escolares, a menudo con paredes blancas y hormigón. Progresó rápidamente hacia una arquitectura brutalista. Sus realizaciones ilustran bien un lugar ideal «entre el Mediterráneo y el sueño californiano», según la fórmula de Jean-Louis Cohen, que refleja el contexto particular de la ciudad en los años de la posguerra. En las décadas de 1950 y 1960, Casablanca era una ciudad en plena expansión demográfica y económica, y se convirtió en un laboratorio para una nueva arquitectura llamada a dar respuesta a usos colectivos: deporte, salud, ocio y administración.

Zevaco desarrolló allí una arquitectura de hormigón visto, expresiva y, en ocasiones, monumental. Daba prioridad a los volúmenes macizos, los voladizos, las circulaciones a la vista y una legibilidad inmediata de las funciones. El edificio no se oculta: se integra en el paisaje urbano.

Zevaco encaja perfectamente en esta época. Su arquitectura rechaza la ornamentación y reivindica una modernidad universal, considerada como una herramienta de emancipación. El hormigón se convierte en un material sostenible, racional y adaptado a los nuevos usos. Esta postura le granjea tanto admiración como críticas. Su arquitectura se considera a veces brutal, austera y alejada de la sensibilidad local. Sin embargo, dialoga sutilmente con el clima, la luz, los usos colectivos y el paisaje.

Mezquita de Assuna, Casablanca / Jean-François Zevaco. Imagen © MAMMAgroup bajo licencia CC BY-SA 4.0

En Zevaco, el hombre y su obra son inseparables. Esta aspiración a la modernidad se afirma y se amplía en realizaciones más ambiciosas, como el edificio para la Société Civile Immobilière, en la calle Poincaré de Casablanca, de 1949; la terminal aérea de Tit-Mellil, de 1951; el centro de observación de Tit-Mellil, de 1953-1960; los juzgados de las ciudades de Mohammedia y Ben-Ahmed, de 1958; y el complejo escolar Georges-Bizet, en Casablanca, de 1960.

Zevaco desarrolla un lenguaje que destaca por su riqueza plástica y por su preocupación por la integración en el paisaje, entendido en su sentido más amplio. No se inscribe ni en el art déco ni en el néo-mauresque, sino que adopta una postura decididamente moderna, centrada en la estructura, la función y la materialidad.

Centro de Rehabilitación Tit Mellil / Jean-Francois Zevaco. Imagen © Neiger Emmanuel

Aunque Casablanca constituye el núcleo de su obra, algunos proyectos realizados en otras partes de Marruecos se han convertido en emblemáticos. El complejo termal de Sidi Harazem, diseñado en la década de 1960, suele considerarse su obra maestra. Con una arquitectura escultural, casi orgánica, revela un dominio excepcional del hormigón y una reflexión madura sobre la relación entre la arquitectura y el entorno ambiental.

Profesionalmente, Zevaco fue un trabajador incansable y estuvo continuamente preocupado por ampliar sus conocimientos. Siempre mostró una preocupación constante por estar al tanto de los conocimientos arquitectónicos extranjeros, especialmente de Brasil y México, así como de las habilidades constructivas de la arquitectura vernácula marroquí, que estudió detenidamente in situ durante su larga estancia en Marruecos y sus múltiples viajes, tomando minuciosas notas, levantando planos y haciendo fotografías.

Balneario termal de Sidi Harazem / Jean-Francois Zevaco. Imagen © El Mahdi Meslil / Grupo MAMMA

La figura de Zevaco como arquitecto está unida a uno de los hechos más significativos de su producción. Su labor fue ejemplar. Procedente de la Escuela de Bellas Artes, este arquitecto fue un investigador nato y un hombre de terreno, convencido de la necesidad de investigar una nueva arquitectura con el fin de concebir un arte de construir nuevo conforme a la arquitectura popular local.

Su actitud frente a las fuentes populares es idéntica a la de la apreciación de la tradición culta: se trata de una base rica sobre la que explorar y elaborar, no de un modelo a imitar. El brutalismo fue una arquitectura que marcó el Marruecos posterior a la independencia. Es un estilo arquitectónico depurado y totalmente de hormigón, que destaca la estructura y los elementos técnicos de los edificios.

Más comprometido con el brutalismo, el arquitecto Zevaco alaba la arquitectura mediterránea y apunta que siempre debía construirse teniendo en cuenta las aportaciones de la vanguardia. Por otra parte, tampoco descartaba asumir ciertos detalles ambientales del país para conseguir una imagen concreta.

Balneario termal de Sidi Harazem / Jean-François Zevaco. Imagen © MAMMA - L. EL MOUMNI

Zevaco podría considerarse el gran renovador de la arquitectura contemporánea marroquí. Fue una personalidad escindida, atraída por temas muy diversos: arquitectura del hormigón, vanguardia e ingeniería. En efecto, la impresionante obra del arquitecto de origen corso, concretamente de Ajaccio, revela esa amplitud. Artista, inventor y arquitecto, la mixtura de su personalidad se manifiesta en la sucesión de estilos con los que amenizó su vida de creador.

Fue un arquitecto que quiso ser ingeniero. También fue un racionalista y expresionista que estuvo cerca de los miembros del movimiento moderno. Su obra impregna muchas disciplinas, desde el arte y la ingeniería hasta la arquitectura y el urbanismo. Otro aspecto fascinante de Zevaco es la libertad con la que vivió toda su vida profesional, una libertad que le permitió adentrarse en aspectos que ahora nos resultan familiares, como las técnicas de fabricación. Su nombre quedó ligado de por vida a una relación de edificios insignes, como el complejo termal de Sidi Harazem.

Mercadillo de Agadir, Casablanca / Jean-Francois Zevaco. Imagen © Usuario de Wikipedia إيان bajo licencia CC BY-SA 4.0

Jean-François Zevaco: de arquitecto de culto al ostracismo

Falleció el 22 de enero de 2003, dejando tras de sí una obra muy sustancial y de gran magnitud, aún parcialmente incomprendida, pero hoy revisitada y apreciada en el extranjero. Uno se vería tentado a imaginar un final glorioso para Jean-François Zevaco, en el que los habitantes de Casablanca lo celebrarían por haber contribuido ampliamente a la historia arquitectónica de su ciudad, pero no fue así.

Jean-François Zevaco murió en la indiferencia y en una profunda tristeza en 2003, en su chalet de Casablanca, tras una larga enfermedad. «Murió en la miseria, solo, pero grande de todos modos», recuerda el arquitecto Rachid Andaloussi. «Íbamos a verlo de vez en cuando, porque no tenía mucha familia. La última vez que lo vi en su salón, estaba muy enfermo, casi moribundo. Se encontraba en una situación desoladora y desesperante», prosigue Andaloussi, quien recuerda «algunos muebles que faltaban» en el salón. Jean-François Zevaco ya no tenía casi nada en sus últimos días e incluso habría llegado a vender sus muebles para sobrevivir. Triste final para un arquitecto de culto.

Balneario termal de Sidi Harazem / Jean-Francois Zevaco. Imagen © Dustywood

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